En Colombia, la pregunta sobre si un padre separado puede renunciar a la cuota alimentaria por sus hijos ha generado debates y consultas frecuentes, sobre todo en contextos de conflictos familiares.
Aunque existen desacuerdos o situaciones complejas entre los progenitores, la normativa vigente establece con claridad que esta obligación responde a un derecho fundamental del menor, y no a un beneficio de los padres, por lo que la ley excluye cualquier posibilidad de cesión o abandono voluntario de este respaldo.
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Una especialista en derecho de familia emitió un concepto sobre este el tema a través del perfil de Instagram En derecho: “Renunciar a la cuota de alimentos, que da el otro padre del menor, no es viable, ya que la ley establece que es un derecho de los menores de edad, por ende es irrenunciable e intransferible”.
La protección integral del niño, niña o adolescente obliga a que este soporte económico se mantenga, incluso cuando solo uno de los progenitores asuma la responsabilidad de manera efectiva o exclusiva.
El marco legal colombiano dispone que la cuota alimentaria abarca mucho más que alimentos. Cubre vivienda, gastos educativos, vestimenta, salud y otras necesidades esenciales.
Cuando el hijo sigue dependiendo económicamente de sus padres y cursa estudios superiores, esta obligación puede extenderse hasta los 25 años. Si el padre obligado incurre en retrasos o deja de cumplir, la parte afectada puede iniciar un proceso ejecutivo de cobro, lo que puede derivar en embargos u otras acciones sobre el patrimonio del deudor.
En los casos en los que las tensiones personales dificultan la relación con el hijo o incluso la entrega de la cuota, la abogada recomendó buscar la intervención de autoridades competentes.
A este respecto, señaló: “Lo que sí puede hacer es buscar la protección emocional del niño, niña o adolescente” y promover ajustes legales en el régimen de visitas, acudiendo a la Comisaría de Familia o, si es necesario, ante un juez. Incluso es posible solicitar visitas supervisadas si la situación lo amerita.
La ley prevé mecanismos para proteger al menor ante incumplimientos crónicos. Si uno de los progenitores incurre en abandono total, tanto emocional como económico, la parte denunciante puede pedir la pérdida de la patria potestad del otro.
No obstante y como advierte el sistema jurídico, esta medida no exime a la persona demandada de seguir cumpliendo con la obligación de la cuota alimentaria, preservando siempre el bienestar y los derechos de los menores.
En términos prácticos, el monto de la cuota se pacta considerando tanto el salario del padre obligado como la suma de los gastos del hijo.
Las partes suelen establecer el acuerdo en actas de conciliación tramitadas ante las Comisarías de Familia. Frente al incumplimiento, el afectado debe recordar o exigir el pago regularmente, lo que representa un desgaste adicional en términos emocionales y personales.
Varios padres enfrentan este recorrido judicial cuando la convivencia termina y surge la necesidad de ordenar las responsabilidades económicas.
Queda fuera de cualquier discusión la posibilidad de que un progenitor renuncie a este derecho de su hijo: los acuerdos privados que pretendan suprimir la cuota carecen de validez ante la ley, pues la administración de justicia interviene para asegurar la tutela efectiva del interés superior del niño.
Los padres que no cumplen con la cuota alimentaria pueden enfrentar acciones legales como embargos, procesos judiciales y, eventualmente, la pérdida de la patria potestad.
Los efectos del incumplimiento también pueden impactar otras áreas del ámbito familiar y patrimonial del deudor, sin que estas consecuencias deroguen la obligación principal.
La regulación colombiana sostiene que la única vía legítima para ajustar o exigir responsabilidades ante conflictos personales o dificultades económicas es acudir ante las autoridades oficiales, evitando toda afectación de los derechos fundamentales de los menores.