El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 21 de enero de 2026 en un promedio de $4.293,64, lo que representó una caída de 25,75 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de -0,60%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.316,38 y un mínimo de $4.287,4 reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
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Si consideramos los datos de los últimos siete días, el euro anota un ascenso 0,33% aunque, por el contrario, en términos interanuales aún mantiene una bajada del 4,05%.
Con respecto a jornadas anteriores, sumó dos sesiones consecutivas en valores positivos. En los pasados siete días la volatilidad fue sutilmente superior a la acumulada en el último año, lo que manifiesta que está pasando por una fase de inestabilidad.
Análisis de mercado
El punto de partida del escenario actual está en Europa, donde el euro vuelve a situarse en el centro de la narrativa financiera global. Las amenazas de Estados Unidos de imponer aranceles del 25% a ocho países miembros de la Otan, en medio de la disputa política por Groenlandia, elevaron de forma sustancial el riesgo geopolítico y comercial para la eurozona.
La reacción europea no se ha hecho esperar, advertencias de represalias, cuestionamientos a acuerdos comerciales vigentes y la convocatoria de una cumbre extraordinaria en Bruselas reflejan la magnitud del choque. Para el euro, este entorno implica una combinación compleja, mayor presión por la vía del comercio exterior y un aumento de la prima de riesgo, justo cuando los rendimientos de la deuda soberana global vuelven a repuntar y tensionan las condiciones financieras.
Desde el punto de vista macroeconómico, la región enfrenta un deterioro gradual del balance de riesgos. El aumento de los retornos en bonos internacionales encarece el financiamiento y reduce el margen de maniobra fiscal, mientras la incertidumbre política frena decisiones de inversión. Aunque el crecimiento europeo no muestra señales de colapso inmediato, la exposición a un conflicto arancelario con Estados Unidos introduce un sesgo claramente negativo para 2026. En este contexto, el euro se ve más influenciado por factores geopolíticos que por fundamentos monetarios, lo que limita su capacidad de apreciación sostenida y favorece episodios de volatilidad defensiva.
El Reino Unido, si bien fuera del bloque, aporta señales relevantes al entorno europeo. La inflación al consumidor sorprendió al alza en diciembre al ubicarse en 3,4%, por encima de lo esperado, mientras la subyacente se mantuvo en 3,2%, su nivel más bajo desde 2024. Este comportamiento refuerza la idea de un proceso desinflacionario incompleto y mantiene la cautela del Banco de Inglaterra, en un momento en el que la economía británica ya muestra sensibilidad a los choques externos y a la desaceleración del comercio global.
Fuera de Europa, Asia continúa mostrando una dinámica más contenida pero estratégica. China opta por priorizar la estabilidad cambiaria y financiera, fijando el yuan en niveles que eviten una apreciación excesiva y manteniendo sin cambios sus tasas de referencia por octavo mes consecutivo. El crecimiento apoyado en tecnología e inteligencia artificial busca compensar un entorno global más adverso, mientras Japón enfrenta un escenario de incertidumbre fiscal ante propuestas de estímulo previo a elecciones, lo que añade ruido a una economía ya presionada por el envejecimiento demográfico y la sostenibilidad de su deuda.
En América Latina, el foco se desplaza con claridad hacia Colombia y el peso colombiano. La discusión sobre el decreto que reduciría progresivamente el límite de inversión externa de las AFP marca un antes y un después en la percepción de flujos de capital. Aunque el ajuste se plantea de forma gradual, del 48% actual al 35% en tres años y al 30% en cinco, el mercado evalúa sus implicaciones de mediano plazo sobre un portafolio cercano a los USD69.000 millones. El consenso apunta a que no habría ventas abruptas ni disrupciones inmediatas, pero sí una menor demanda estructural de activos externos, lo que podría traducirse en presiones alcistas moderadas sobre el dólar.
Las estimaciones sugieren que el impacto potencial sobre la tasa de cambio podría ubicarse entre $150 y $200 por dólar, aunque una parte relevante ya estaría incorporada en los precios. Además, el ritmo mensual de monetización proyectado es relativamente bajo frente al tamaño del mercado spot, y una porción significativa de las posiciones cuenta con cobertura cambiaria, lo que amortigua el efecto directo. Aun así, el peso colombiano seguirá siendo sensible a titulares regulatorios y fiscales.