En Colombia, más de dos millones de jóvenes permanecen por fuera del sistema educativo y del mercado laboral. Así lo confirmó el último boletín de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (Geih), correspondiente al trimestre móvil septiembre–noviembre de 2025, que vuelve a poner en evidencia el peso estructural de la población conocida como “ninis” dentro del mercado laboral juvenil.
Según el Dane, en ese periodo 2,26 millones de jóvenes entre 15 y 28 años no estudiaban ni se encontraban ocupados. Esta cifra representa el 20,3% de la población joven en edad de trabajar a nivel nacional, lo que significa que uno de cada cinco jóvenes está completamente desconectado tanto del sistema educativo como de cualquier actividad laboral.
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El fenómeno presenta una marcada brecha por sexo. Mientras que el 6,3% de los hombres jóvenes se encontraba en esta condición, en las mujeres la proporción ascendió al 14,0%, más del doble. El boletín no atribuye esta diferencia a un solo factor, pero los datos históricos de la Geih muestran que una parte importante de las mujeres jóvenes fuera del mercado laboral se dedica a oficios del hogar y trabajos de cuidado no remunerados, lo que las excluye de las estadísticas de ocupación.
El comportamiento de los “ninis” se explica, en parte, por los niveles de participación laboral juvenil. En el trimestre analizado, la tasa global de participación (TGP) de la población joven se mantuvo por debajo de la registrada en otros grupos etarios, lo que indica que una proporción significativa no está buscando empleo activamente. A esto se suma una tasa de ocupación (TO) inferior al promedio nacional, reflejo de las dificultades de inserción laboral para este segmento.
El boletín también mostró que el problema no es únicamente de desempleo abierto. Muchos jóvenes ni siquiera alcanzan a ser contabilizados como desocupados porque no están buscando trabajo, lo que los ubica directamente dentro de la población fuera de la fuerza laboral. Es allí donde se concentra el grueso de los “ninis”, una población que no presiona las cifras de desempleo, pero sí revela un rezago profundo en términos de inclusión económica.
En el contexto general del mercado laboral juvenil, el Dane señaló que, aunque algunos indicadores muestran estabilidad frente a trimestres anteriores, los avances son insuficientes para absorber a los jóvenes que cada año ingresan a la edad de trabajar. La persistencia de más de dos millones de jóvenes inactivos evidencia una falla estructural en la transición entre educación y empleo.
El nivel educativo aparece como un factor determinante. Los jóvenes que no culminaron la educación media concentran una mayor proporción dentro del grupo que no estudia ni trabaja. Incluso entre quienes finalizaron el bachillerato, las dificultades para acceder a formación técnica, tecnológica o universitaria limitan las posibilidades de inserción laboral y aumentan el riesgo de inactividad prolongada.
El boletín también permitió inferir una relación directa entre el fenómeno de los “ninis” y la informalidad. Entre los jóvenes que sí logran emplearse, una parte significativa lo hace en condiciones informales, sin estabilidad ni protección social, lo que incrementa la probabilidad de abandonar el mercado laboral y volver a la inactividad.
Con más de 2,2 millones de personas en esta condición y una participación femenina desproporcionadamente alta, los datos confirman que el problema va más allá de ciclos económicos y exige políticas focalizadas que articulen educación, empleo y cuidado. Mientras estas cifras se mantengan, el mercado laboral juvenil continuará mostrando rezagos estructurales que impactan no solo los indicadores actuales, sino también la productividad y el crecimiento del país en el mediano y largo plazo.