El secuestro sigue siendo una de las amenazas más graves en varias regiones de Colombia. El reciente testimonio de Yennis Salazar, que ejerció como expersonera de Tamalameque, en el departamento del Cesar, revela la crudeza de estos crímenes, los métodos de intimidación del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el sufrimiento de quienes logran sobrevivir al cautiverio.
La experiencia de estar privada de libertad durante nueve meses queda marcada por lo que Salazar describe como una situación de extrema violencia: “Te encierran en una habitación, te encadenan, te ponen una cadena como así de gruesa. Es pesada”, relató la mujer en diálogo con Noticias RCN.
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Entre los recuerdos más duros persiste el trato de los secuestradores, quienes imponían reglas de sometimiento acompañadas de amenazas constantes.
“No intenten nada, bajen la cabeza, no miren a los lados, no nos miren”, nos pegaban, o sea, por la cabeza, era como: “¡Baja la cabeza o los matamos!”, detalló Salazar sobre las órdenes que recibía y los golpes a los que fue sometida.
Las amenazas no empezaron el día de su rapto. Salazar advirtió que desde el 2023 se sentía en riesgo por conflictos relacionados con la negociación de predios en su municipio. Incluso antes de su secuestro, el grupo armado difundía mensajes directos: “Son objetivo militar del ELN por sapos”, fue una de las advertencias.
Los instantes previos a su retención estuvieron marcados por gritos y orden de huida: “¡Vámonos, vámonos!”. En medio de la incertidumbre y el temor, la fe se convirtió en una herramienta de resistencia.
Yennis Salazar recordó el momento de su liberación y cómo mantuvo la esperanza durante toda su reclusión: “Cuando escuché mi nombre, sentí en ese momento que Dios estaba ahí por mí. Cuando ellos entraron, yo pensé: ‘Dios mío’. En mi cabeza, la emoción y el agradecimiento no paraban; solo pensaba en darles las gracias a estas personas y a Dios, porque estas personas ponen en riesgo su vida completamente”, reconoció al referirse al trabajo del Gaula de la Policía.
La petición de justicia es clara y expresa, dirigida directamente a las autoridades: “Que si se han hecho tantos intentos para negociar y realmente no se puede, que tomen mano firme”, exigió Salazar, subrayando la necesidad de una respuesta contundente frente a los secuestradores.
Tras su liberación, enfrenta el desafío de reconstruir su vida. A pesar de las dificultades, mantiene la esperanza y dirige un deseo sincero a quienes aún permanecen en cautiverio: “¡Que viva la libertad!”.
La expersonera secuestrada en Norte de Santander fue liberada tras una intervención que empleó maniobras tácticas de precisión, según confirmó el Gaula de la Policía. La operación, bautizada “Tor”, se desarrolló en una zona rural del municipio de El Carmen y logró ubicar a la víctima sin comprometer su integridad.
Desde el Gaula, un vocero relató: “La operación Tor tuvo lugar en zona rural del municipio del Carmen, norte de Santander. Allí las unidades especializadas ejecutaron maniobras tácticas de control de territorio, que permitieron ubicar a la víctima y garantizar su rescate sin afectaciones a su integridad”. Esta declaración resalta la prioridad dada a la seguridad de la mujer durante todo el procedimiento.
Las imágenes difundidas por las autoridades muestran a la liberada sonriente, acompañada por uniformados en el trayecto en helicóptero hacia un centro asistencial, antes del esperado reencuentro con su familia.
El despliegue incluyó maniobras tácticas y de control del terreno, enfatizó la Policía, con el objetivo de blindar la seguridad de la víctima en cada fase del rescate.
Tras el éxito del operativo, las autoridades subrayaron su compromiso: “Seguiremos trabajando sin descanso, con un enfoque conjunto e interinstitucional, para garantizar la tranquilidad de todos los ciudadanos. Línea 165 – Yo no pago, yo denuncio”, concluyó la institución policial.
La ofensiva contra el secuestro y la extorsión, remarcaron, será permanente para proteger la vida y la libertad en toda la región.