El avance de la movilidad eléctrica en América Latina y el Caribe avanza a un ritmo sin precedentes, impulsado por la expansión de las energías renovables, el uso del gas natural como respaldo energético y políticas públicas orientadas a la descarbonización.
En este escenario regional, Colombia empieza a destacarse como uno de los países con mayor dinamismo en electromovilidad, especialmente en transporte público, de acuerdo con el informe Panorama Energético de América Latina y el Caribe 2025 de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde).
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Colombia, tercera en vehículos livianos electrificados en América Latina
Aunque la adopción de vehículos eléctricos en la región aún es incipiente frente al tamaño total del parque automotor, el crecimiento ha sido acelerado.
A octubre de 2025, América Latina y el Caribe registraban 673.811 vehículos livianos electrificados en circulación —incluyendo autos híbridos enchufables (Phev) y eléctricos puros (BEV)—, lo que equivale apenas al 0,5% del total vehicular.
Sin embargo, la cifra representa un aumento del 851% frente a 2022, reflejando un cambio estructural en el sector transporte.
En ese contexto, Colombia ocupa el tercer lugar regional en número de vehículos livianos electrificados, con 38.596 unidades, solo por detrás de Brasil (372.435) y México (121.309).
Aunque la distancia con los dos líderes sigue siendo amplia, el desempeño colombiano resulta significativo si se tiene en cuenta el tamaño de su mercado automotor y el punto de partida de hace apenas cinco años.
En 2020, toda la región apenas contabilizaba 17.541 vehículos electrificados, lo que dimensiona la magnitud del salto reciente.
Más allá de los vehículos particulares, el principal diferencial de Colombia frente a otros países de la región está en el transporte público eléctrico.
Ciudades como Bogotá y Medellín, laboratorios de electromovilidad
Con 1.590 buses eléctricos en operación, el país se ubica como el segundo con mayor flota de autobuses eléctricos en América Latina, solo superado por Chile, que cuenta con 2.904 unidades y es hoy el segundo país del mundo con más buses eléctricos después de China. Brasil (1.350) y México (849) completan los primeros lugares del ranking regional.
La experiencia colombiana, especialmente en ciudades como Bogotá y Medellín, ha convertido al país en un laboratorio de electromovilidad urbana.
La incorporación masiva de buses eléctricos en sistemas de transporte público ha permitido reducir emisiones contaminantes, disminuir el ruido urbano y modernizar la flota, en línea con los compromisos climáticos asumidos por el Estado colombiano.
Según Olacde, este tipo de iniciativas explica por qué Colombia ha logrado posicionarse como un actor relevante en la transición energética aplicada al transporte, pese a no liderar aún en número de vehículos particulares eléctricos.
Infraestructura de carga, el gran desafío pendiente
No obstante, el despliegue de infraestructura de recarga sigue siendo uno de los principales desafíos. Colombia cuenta actualmente con unas 300 estaciones de carga públicas y privadas, una cifra modesta frente a Brasil, que dispone de 14.827 puntos, o México, con 3.212.
Incluso Chile, con un mercado vehicular más pequeño, registra 1.133 estaciones. Esta brecha evidencia que, aunque el país ha avanzado con fuerza en transporte público, todavía enfrenta cuellos de botella para una adopción masiva de vehículos eléctricos particulares.
A nivel regional, el informe de Olacde subraya que la expansión de la electromovilidad está estrechamente vinculada a la modernización urbana y a la necesidad de reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
En Colombia, esta tendencia se ha visto reforzada por incentivos tributarios, exenciones arancelarias, beneficios en impuestos vehiculares y políticas locales que priorizan tecnologías limpias en la contratación de flotas oficiales y sistemas de transporte masivo.
El panorama, sin embargo, sigue siendo desigual en América Latina. Mientras Brasil, México, Chile y Colombia concentran la mayor parte de los avances, otros países apenas comienzan a desarrollar marcos regulatorios e infraestructura básica.
Para Olacde, el desafío regional pasa por cerrar estas brechas y garantizar que la transición hacia la movilidad eléctrica no quede limitada a unos pocos mercados.