A pesar de que en la época decembrina, principalmente el 24 y 31 de diciembre, la mayoría de familias en el país se reúnen para celebrar junto a sus seres queridos, hay profesiones que no permiten este tipo de “lujos”.
Un ejemplo de ello son los soldados de las Fuerzas Militares, que deben dejar a un lado a sus padres, hijos y hermanos para defender la soberanía de Colombia, y habitualmente deben cumplir con su labor hasta en las fechas más importantes.
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Es por ello que genera sorpresa que en el suroccidente de Colombia, una decisión poco habitual marcó el cierre del año para tres soldados profesionales de la Tercera División del Ejército Nacional.
Por primera vez en mucho tiempo, recibieron la orden de regresar a sus hogares durante las festividades, un gesto que representó más que un simple permiso: la autorización para volver a casa tras años de servicio ininterrumpido en zonas de conflicto.
De acuerdo con el Ejército Nacional, el despliegue de tropas en el corredor de la vía Panamericana y en el cañón del Micay responde a la necesidad de asegurar la movilidad y la seguridad de miles de familias. En este contexto, la rutina de los soldados rara vez contempla pausas prolongadas ni reencuentros familiares en fechas especiales.
Sin embargo, para Javier Alonso López Úsuga, soldado profesional del Grupo de Caballería Liviano, el inicio del 2026 será el primer año nuevo en una década en el que estará junto a su familia en Medellín.
Con 18 años de servicio, López ha patrullado la vía Panamericana, una arteria fundamental para la economía y la conectividad del suroccidente colombiano. Mientras cumplía su labor, su familia aguardaba cada año el momento de su regreso. Este diciembre, la espera terminó. “Este año, el Niño Dios llegó un poquito tarde, pero llegó”, relató López a sus allegados, con quienes organizaron una celebración aplazada durante diez años. La cita significó para él el reencuentro con su rol de padre, esposo e hijo.
En el cañón del Micay, otro soldado profesional, Orlando Anaya Torres, del Batallón de Despliegue Rápido, también experimentó el retorno al hogar tras 17 años de servicio. Originario de Villanueva, Bolívar, y residente en Cartagena, Anaya participó en la seguridad perimetral durante la construcción del puente militar La Esperanza, proyecto dirigido por ingenieros militares para conectar comunidades aisladas y mejorar la movilidad en la zona.
El puente, por su simbolismo y utilidad, encarnó para Anaya la posibilidad de unir caminos y facilitar encuentros, valores que se reflejaron en su propio regreso a casa. En su llegada a Cartagena, su familia lo recibió con la efusividad propia de quienes han vivido la distancia como una constante.
El tercer protagonista es Alejandro Riascos López, de 33 años, oriundo de Buenaventura y miembro del Batallón de Despliegue Rápido número cuatro, que cumplió 13 años en la institución y participó este año en operaciones contra la estructura Jaime Martínez en el municipio de Buenos Aires, Cauca. Estas acciones evitaron que amenazas criminales alteraran la tranquilidad de la región durante las fiestas, periodo en el que la población busca reunirse en paz.
Riascos, esta vez, dejó las operaciones para reencontrarse con su hijo en Cali. Para él, la misión consistió en garantizar la seguridad de las familias, incluida la suya, fuera del área de operaciones.
El Ejército Nacional organizó los traslados de los tres soldados con protocolos de seguridad y precisión, debido a los riesgos asociados a los desplazamientos en zonas controladas por grupos armados. Cada uno llegó a su destino sin novedades, completando un trayecto representó el cumplimiento de una meta personal.
Desde el Ejército resaltaron que la experiencia de López, Anaya y Riascos refleja una realidad común para los soldados destacados en regiones de conflicto: largos periodos lejos de sus familias, jornadas extendidas y la imposibilidad de participar en celebraciones tradicionales. El permiso concedido este año se interpretó como un reconocimiento al sacrificio personal y profesional, así como una medida de bienestar institucional.
El comandante de la Tercera División indicó que estas medidas pueden tener en la moral del personal y en el fortalecimiento de los lazos familiares. “El sueño no siempre es un ascenso ni una medalla, a veces el sueño es un plato servido por mamá, una risa de hijos, una sala llena de abrazos”.