El precio del dólar estadounidense en Colombia cerró la jornada del 5 de septiembre en un promedio de $3.961,06. Esto significó una subida de $59,97 frente a la Tasa Representativa del Mercado (TRM), que se ubicó en $3.901,09.
La divisa norteamericana tuvo un precio de apertura de $3.959,09, tocó un máximo de $3.969,00 y un mínimo de $3.952,10. Además, durante el día, de acuerdo con la plataforma Set-FX, se negociaron más de USD1.277 millones en 1.882 transacciones.
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Con relación a los últimos siete días, el dólar estadounidense registra una bajada 1,46%, por lo que en el último año todavía mantiene una disminución del 9,95%.
En cuanto a las variaciones de este día respecto de fechas anteriores, dio la vuelta al dato de la sesión previa cuando experimentó una subida del 0,25%, mostrando que no es capaz de establecer una tendencia en fechas recientes. En referencia a la volatilidad de la última semana, presentó un comportamiento manifiestamente inferior a la volatilidad que mostraron los datos del último año, lo que manifiesta que podemos decir que está pasando por un periodo de mayor estabilidad en las últimas fechas.
Expectativas del mercado cambiario
El comportamiento del dólar frente al peso colombiano se convirtió en un termómetro de la economía nacional. Más allá de ser un simple dato de mercado, refleja la interacción entre factores externos, como las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y el precio internacional del petróleo, y elementos internos relacionados con la confianza de los inversionistas, la política fiscal y la dinámica inflacionaria.
En los últimos meses, la tasa de cambio mostró una volatilidad marcada. Aunque el peso colombiano se fortaleció en ciertos periodos del 2025 gracias a la entrada de capitales extranjeros y al repunte de los precios del crudo, también sufrió presiones alcistas derivadas de la incertidumbre política y fiscal. Esa dualidad explica por qué, pese a momentos de apreciación, el dólar mantiene una tendencia errática que genera tensiones tanto en los mercados como en los hogares.
Uno de los factores estructurales detrás de este vaivén es la política monetaria de la Fed. Cada anuncio sobre tasas de interés en Estados Unidos se traduce en movimientos inmediatos en el peso, un aumento en las tasas hace que los capitales busquen refugio en activos más seguros, debilitando a monedas emergentes como la colombiana. Al mismo tiempo, la expectativa de recortes de tasas brindó respiros temporales, con flujos hacia países de la región en busca de mayores rendimientos. Sin embargo, estos movimientos son altamente sensibles y suelen revertirse con rapidez.
En el frente interno, la discusión fiscal es uno de los puntos más delicados. Las advertencias del Consejo Fiscal (Carf) sobre el faltante de recursos para los próximos años encendió las alarmas en los mercados. Los inversionistas miran con cautela la sostenibilidad de las cuentas públicas y cualquier señal de improvisación o de una nueva reforma tributaria que afecte la competitividad puede presionar la tasa de cambio al alza. En este contexto, la confianza resulta un activo tan valioso como escaso, si los mercados perciben debilidad institucional, el dólar se encarece.
Otro elemento clave es el petróleo, principal producto de exportación de Colombia. Un barril con precios elevados fortalece la balanza comercial y da soporte al peso, mientras que una caída abrupta, como ha ocurrido en episodios recientes, deteriora las expectativas y genera presiones devaluacionistas. Esta alta dependencia de un solo producto mantiene a la economía colombiana vulnerable frente a los ciclos internacionales.
Más allá de los factores macroeconómicos, el comportamiento del dólar tiene un impacto directo en la vida diaria. Desde los precios de bienes importados hasta los costos de los viajes internacionales o el servicio de la deuda externa, cada variación del tipo de cambio se traslada a consumidores y empresas. La reactivación del turismo y las remesas enviadas desde el exterior funcionaron como amortiguadores, pero no eliminan el riesgo de que la volatilidad erosione la capacidad adquisitiva de los hogares.
El dólar en Colombia seguirá marcado por la incertidumbre. Ni las entradas de capital, ni el petróleo, ni la expectativa de tasas bajas en Estados Unidos garantizan estabilidad si no hay confianza interna. Para el país, la clave está en fortalecer la institucionalidad fiscal y ofrecer reglas claras que reduzcan la percepción de riesgo. Solo así el peso podrá enfrentar con mayor solidez un entorno internacional tan incierto.