La presidenta de la Cámara Colombo Americana (AmCham Colombia), María Claudia Lacouture, habló del momento actual de las relaciones comerciales entre Colombia y Estados Unidos. Recordó que la relación entre ambos países ha sido esencial para el desarrollo económico, la seguridad, la inversión, la cooperación en múltiples frentes y el fortalecimiento institucional de nuestro país.
Para ella, es fundamental preservarla con responsabilidad y visión de largo plazo, lo que resalta la importancia estratégica de la alianza bilateral y cobra especial relevancia ante la inminente entrada en vigor del arancel base del 10% a las exportaciones hacia Estados Unidos, cuyo plazo vence el 9 de julio de 2025.
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El gobierno estadounidense, bajo la administración de Donald Trump, anunció en abril la implementación de los llamados “Liberation Day Tariffs”, una estrategia comercial diferenciada que establece tres niveles de aranceles para los países exportadores.
El primer nivel corresponde a un arancel base del 10%, aplicado a países considerados de menor riesgo comercial, entre los que se encuentra Colombia. El segundo nivel, con tasas variables entre el 20% y el 50%, afecta a 57 países con déficits comerciales significativos con Estados Unidos y cuyo plazo de gracia expira el 9 de julio. El tercer nivel contempla aranceles adicionales sectoriales, dirigidos principalmente a China y productos estratégicos.
Colombia fue incluida desde el principio en el grupo de países con arancel base del 10%, sin medidas adicionales.
“No está sujeta a un aumento el 9 de julio porque no forma parte del grupo de 57 países con vencimiento del plazo ni ha enfrentado sanciones adicionales. Sin embargo, tampoco ha iniciado negociaciones con Washington, lo que significa que se mantiene en un estatus estático, con el arancel del 10% vigente y sin perspectivas inmediatas de reducción”, detalló Lacouture a El Nuevo Siglo.
Respuesta de los países a Estados Unidos
Hasta la fecha, ningún país logró disminuir este arancel base, y la experiencia de naciones como Vietnam, Reino Unido o China sugiere que la única vía para avanzar es entablar negociaciones sectorizadas con un enfoque técnico y pragmático, ajustado a las prioridades estratégicas de Estados Unidos.
La medida afecta a todos los productos transaccionales que ingresan al gigante norteamericano, lo que implica que tanto empresas colombianas como filiales de compañías estadounidenses radicadas en Colombia se ven alcanzadas por el nuevo esquema arancelario. De acuerdo con la dirigente gremial, el sector exportador colombiano no permanece pasivo ante este escenario.
“El sector empresarial ha actuado de manera proactiva para proteger y fortalecer la relación con Estados Unidos. Desde el 26 de enero, cuando surgieron las primeras señales de tensión comercial, hemos establecido canales directos con el gobierno norteamericano, con congresistas y centros de pensamiento claves, en un esfuerzo coordinado para posicionar a Colombia como un socio confiable, estratégico y comprometido con una relación de beneficio mutuo”, afirmó la exministra de Comercio, Industria y Turismo.
Este trabajo articulado, según ella, permitió que Colombia cuente hoy con canales de interlocución abiertos, que fortalecen la diplomacia económica y permiten afrontar los retos actuales —incluidos los arancelarios— con información, estrategia y visión de largo plazo. Se hicieron reuniones de alto nivel, ruedas de negocios y misiones empresariales que han reforzado los lazos desde la base productiva, es decir, los propios empresarios.
Impacto sobre las exportaciones colombianas
En cuanto al impacto sobre la canasta exportadora tradicional de Colombia, el análisis hecho por AmCham indicó que el 82,7% de los productos exportados tendría un impacto limitado frente a los aranceles anunciados. Esto significa que una parte importante del flujo comercial podría mantenerse sin afectaciones importantes. Sin embargo, algunos sectores sí enfrentarán desafíos competitivos, en especial, si países competidores logran negociar condiciones preferenciales con mayor rapidez que Colombia.
“Más allá del impacto inmediato, el verdadero riesgo está en el reposicionamiento de Colombia dentro del mercado estadounidense. Se requiere con urgencia una estrategia país articulada entre el Gobierno y el sector privado, que permita fortalecer la oferta exportable, avanzar en negociaciones bilaterales clave y evitar una pérdida relativa de competitividad frente a otros actores regionales”, advirtió Lacouture.
La preocupación no solo recae en el sector exportador colombiano. Desde la perspectiva de los empresarios estadounidenses que tradicionalmente hicieron negocios con Colombia, la incertidumbre sobre el rumbo de la relación bilateral es el principal motivo de inquietud. “Cuando se debilita la previsibilidad institucional y política, también se afecta la confianza necesaria para tomar decisiones de mediano y largo plazo”, explicó Lacouture al medio.
Lo que está en juego para Colombia
Asimismo, resaltó que el impacto potencial de una escalada en las tensiones no es menor. “Si se llegara a generar un escalonamiento, lo que está en juego no es menor: la estabilidad de una relación económica que ha sido clave para el crecimiento, el empleo y la inversión en Colombia”, insistió María Claudia Lacouture.
Para dimensionar los riesgos, están en juego más de $30.000 millones anuales en transacciones bilaterales, así como cerca de tres millones de empleos asociados a las cadenas productivas que sustentan las exportaciones colombianas a Estados Unidos, particularmente en sectores como la agroindustria, confecciones, flores y manufacturas.
Además, Colombia recibe más de $5.000 millones anuales en inversión extranjera directa desde Estados Unidos, recursos que dependen en buena medida de la estabilidad institucional, la certeza jurídica y un ambiente de cooperación entre gobiernos.