Rodrigo Lara anda por Bogotá con una chaqueta verde que dice Lara en magenta, entrega volantes, pone pegatinas en carros, habla con la gente, se toma fotos. No anda en batimóvil, pero a su hijo, Emilio, le encantaría. Le gusta Dostoyevski y recomienda Los hermanos Karamasov y Crimen y castigo, dice que es la forma más profunda de entrar en el alma humana.
Tiene dos hijos, Emilio y María Antonia, de cuatro y siete años, y está casado con María José Valenzuela hace 10 años. Los dos son abogados, aunque ella ahora es empresaria y tiene un emprendimiento de ropa para niños y está dedicada a sus hijos.
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Lara hace buenas ensaladas y es excelente limpiando, eso contó su esposa en una entrevista con RCN Radio; le gusta jugar al tenis y leer, desde que comenzó la pandemia del covid-19 empezó a leer la Biblia; cuando no tenía hijos, en las vacaciones con su esposa solía llevar cinco o seis libros, a su luna de miel llevó una enciclopedia. También tienen un perro, Soco. Le encanta el sancocho y comer tacos en Renata.
Es disciplinado e impaciente, y lo ven poco en su casa, sobre todo por andar por Bogotá en campaña, pues quiere ser alcalde de Bogotá. Su candidatura, dice él, es independiente, se inscribió con 214.000 firmas, es el tercero o cuarto en la intención de voto según las encuestas. Reniega de algunas, dice que hay unas poco serias, que les falta rigor científico, que las muestras son muy pequeñas, en algunos casos, para una ciudad de algo más de ocho millones de habitantes.
Su provincial caballo de batalla es recuperar la seguridad en Bogotá, a la que compara con Ciudad Gótica, la ciudad de Batman, pues ambas están controladas por las mafias, dice. La mafia de las fotomultas, de las grúas, de los patios, de los contratistas detrás de TransMilenio, sistema que le parece un despropósito y el peor gol que han metido a los bogotanos.
Hablar de Batman tiene dos razones: la primera, un descache en TikTok, que supo aprovechar luego de publicar un video con un batimóvil —sin preguntarle a su equipo de comunicaciones y a sus asesores, que según su jefe de prensa hicieron parte de la campaña de Rodolfo Hernández a la presidencia–. La segunda razón, a su hijo, Emilio, le priva Batman.
Emilio ve en su papá un modelo a seguir y quiere ser abogado y le pregunta a su mamá si está peinado como él. María Antonia, su hija, es deportista y participa en torneos nacionales, Lara lo ha mencionado en varias entrevistas, en las que, además de ponderar a su esposa como madre y reconocer que está un poco ausente por la campaña y el trabajo, quiere que los niños bogotanos pueden tener lo que sus hijos tienen, tiempo para formarse en deportes y en artes. Esta es otra de sus propuestas, extender la jornada escolar para que los niños, que no pueden, como los suyos, tener a su madre todas las tardes en casa, si puedan estar en un lugar seguro y haciendo cosas que los mantengan alejados de las calles, del vicio y la violencia de una ciudad que puede ser aterradora.
Rodrigo Lara Restrepo es el hijo del exministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Nació el 12 de mayo de 1975, en Neiva (Huila). A los ocho años perdió a su papá. Pablo Escobar lo mandó matar porque Lara Bonilla fue uno de los pocos que se atrevió a quitarle la máscara al narcotraficante que llegó al Congreso y que quería pasar por empresario. El asesinato de Lara Bonilla fue inicio de la guerra entre el Estado y el Cartel de Medellín, que dejaría una estala de sangre imborrable.
Lara Restrepo tenía ocho años y tuvo que salir con su mamá, Nancy Restrepo, y sus hermanos, Paulo José y Jorge Andrés, del país, primero España y después a Suiza. Allá vivió hasta 1993, cuando regresó a Bogotá. Estudió en la Universidad Externado, comenzó Sociología, pero se cambió a Derecho, vivía en la 116, tenía que viajar en bus desde el norte hasta el centro de Bogotá. Este fue el único momento en el que montó bus en la ciudad, bueno, hasta que consiguió una novia con carro que lo llevaba a la universidad, como le contó a Juanpis González.
Aun así, sin montarse a un TransMilenio, reconoce el horror del sistema de buses articulados y culpa a Enrique Peñalosa de haber condenado a la ciudad al atraso, pues insiste en que Bogotá es la única ciudad del mundo con más de ocho millones de habitantes que no tiene metro y que sus gobernantes han creído que los buses hacen lo mismo que un metro.
Luego de graduarse como abogado, hizo una especialización en el Instituto de Estudios Políticos de París y una maestría de la Escuela Nacional de Administración (ENA) también en Francia. Habla inglés y francés. También tiene una especialización en Derecho Minero y Energético, del Externado; tuvo una participación en una mina de oro y con eso se pudo recuperar de una quiebra.
Fue profesor investigador en el Externado, en el 2002, y profesor en el Colegio de Estudios Superiores de Administración. Luego aterrizó en el Ministerio del Interior durante el primer gobierno de Álvaro Uribe, el jefe de la cartera era Fernando Londoño Hoyos; luego fue, según La Silla Vacía, asesor del Alto Consejero Presidencial para la Acción Social, Luis Alfonso Hoyos Aristizábal.
En 2006, intentó llegar, por primera vez, al Senado con Cambio Radical, pero los 16.870 votos que consiguió no le alcanzaron para ocupar una curul en el Congreso. Tras la reelección de Uribe, a finales de 2006, fue nombrando director del Programa Presidencial de Eficiencia, Transparencia y Lucha contra la Corrupción, el zar anticorrupción.
En agosto de 2007, aterrizó en el Congreso como reemplazo del senador Reginaldo Montes, que renunció a su curul cuando la Corte Suprema le abrió una investigación por parapolítica. Fue presidente de la Comisión Séptima, en la última legislatura del cuatrienio; al terminar su periodo, en 2010, volvió a medirse en las urnas para seguir en el Senado, pero perdió por 13 votos. Esta elección se la robaron, ha dicho varias veces e incluso intentó demostrarlo ante el Consejo de Estado, pleito que perdió años después.
Entre 2011 y 2013 fue presidente de Asociación de la Industria Móvil de Colombia (Asomovil). En 2014, fue elegido como representante a la Cámara por Bogotá, siendo la fórmula de Carlos Fernando Galán, al que, actualmente, en la carrera por llegar al Palacio de Liévano, ha señalado de ser la ficha de la alcaldesa Claudia López, con la que dice tienen una suerte de pacto engrasado con mermelada y la participación de varios alcaldes locales.
En Cámara fue presidente de la corporación y entre 2017 y 2018, año en el que fue elegido senador. Ha sido autor de diez leyes de la República, como la ley de donación de órganos; la que prohíbe porte y consumo de drogas en parques y entornos escolares; la que define que el pago de los créditos Icetex sea con cuota proporcional al ingreso del deudor; la primera ley penal con enfoque de género, entre otras.
Lara quiere ser alcalde de Bogotá y construir un gran ícono para la ciudad, un nuevo museo del oro, inspirado en el Museo Guggenheim de Bilbao (España) o el Centro Louis Vuitton de París. También quiere recuperar la seguridad y no quiere hacer más troncales de TransMilenio, quiere dejar contratada la tercera línea del metro de Bogotá, desarrollar corredores férreos —como el tren de cercanías—, ampliar las salidas de la ciudad —que dice son un desastre y no las que merece la capital del país—, quiere que la rumba en la ciudad sea hasta las 6:00 a. m., construir 50 colegios nuevos, mejorar las condiciones y la calidad de los docentes, que los niños y niñas tengan jornadas extendidas de deporte y artes, entregar frutas y hortalizas a las familias más pobres a cambio de reciclaje, mejorar la calidad del aire, y que Bogotá no sea el desastre, que dice, es hoy.