Para el próximo 29 de octubre serán varias las opciones que tendrán los ciudadanos para elegir a sus mandatarios regionales. Dentro de ese ramillete de oportunidades se encuentran las de aquellos que dejaron de manera temporal o definitiva su vocación religiosa y que estarán en los tarjetones para alcaldía o gobernación.
Infobae Colombia conversó con dos de ellos, que representan a regiones muy diferentes: Víctor Manuel Leguízamo, que inscribió su candidatura a la Gobernación de Boyacá y José Alfredo Ordóñez, que aspira a la Alcaldía de Santa Marta.
Una opción sin maquinarias en Boyacá
Leguízamo, que nació en Paipa (Boyacá) se encuentra en una privación temporal del ministerio sacerdotal y contó que es la primera vez que entra en la política.
Como sacerdote de la Iglesia católica cumplió 30 años y, según sus propias palabras, en este momento hace un ejercicio como candidato cívico a la Gobernación de Boyacá. “Más que una carrera política, hago un ejercicio de cultura política para poder recuperar unos principios y unos valores sociales que nos permitan recuperar la legitimidad de las instituciones y de la organización de la sociedad”, expresó.
Es consciente de que no cuenta con las maquinarias de otros candidatos; sin embargo, eso no le preocupa. “Hoy hay un clima de pesimismo y desesperanza en el departamento. Hoy los partidos políticos no representan los anhelos del pueblo colombiano. Hoy existe una crisis en la institucionalidad que está legitimada por intereses personales y particulares y por pequeños grupos que han accedido al poder y lo han convertido en un privilegio personal”, sostuvo Leguízamo.
Recuerda que inició su vida sacerdotal en la parroquia del Señor de los Milagros de Aquitania, posteriormente fue vicario y luego capellán de la clínica Servimédica en Boyacá. Siguió ascendiendo dentro de su servicio clerical, llegó a estar en la Catedral Metropolitana Santiago de Tunja y su última responsabilidad como religioso fue la de ser párroco en la iglesia San Juan María Vianney, en las afueras de la capital boyacense.
Expresa que en un principio hubo preocupación de la comunidad por su retiro del ministerio sacerdotal; sin embargo, para él esto no es más sino una proyección social de su ministerio. “Frente a la cultura del pesimismo que hay en Boyacá ante las instituciones, estoy generando una posibilidad de recuperar la credibilidad y la esperanza en lo público, porque hoy lo público no es creíble”, indicó.
Indicó que durante su campaña está haciendo una denuncia sobre lo que sucede en la sociedad. “Se han normalizado muchas cosas como robar, porque todo el mundo lo hace, como todo se vale en el ejercicio de la política, todos nosotros tenemos la responsabilidad de construir la sociedad donde vivimos porque nos permite ser mejores personas, ser más libres y más tranquilos”.
Leguízamo está convencido de que en esta ocasión los votantes evaluarán a los candidatos. “En este momento a mí me parece que hay un voto de opinión que es intangible, que no se puede comprar, que es libre, autónomo e independiente. En este momento yo estoy generando una opinión porque no tengo las maquinarias del poder que se han incrustado en el Estado”.
Acerca del candidato que cuenta con todo el favoritismo en Boyacá, Carlos Amaya, que ya ocupó la gobernación, fue enfático al decir que: “No llegué a cazar peleas con nadie. Las campañas no son de odios, son de responsabilidades públicas porque yo no elijo quién o no va a gobernar, es el pueblo con una consciencia crítica que elige a sus gobernantes, yo simplemente vengo a mostrar una opción distinta, una opción que está más allá de una maquinaria y no simplemente defendiendo intereses particulares o partidistas”.
Reitera que solo da un paso adelante para mostrar una alternativa diferente en el ejercicio y en la administración de lo público. Recalca que en este momento no representa a ningún partido político, “lo que represento es una voluntad popular. Y esa voluntad nace de la intencionalidad de un grupo significativo de ciudadanos que me permiten inscribirme como candidato cívico a la gobernación”.
Aseguró que al ser independiente en el tarjetón va a aparecer un logo que dice “Somos” y que este es un signo de identidad. “Somos arte, somos cultura, somos dignidad, somos patrimonio, somos historia. Somos no es una palabra, es un sentido común, somos con el otro, somos en relación con aquellos que queremos que sucedan cosas distintas votando de una manera diferente”.
En cuanto a su opinión sobre las encuestas, dijo que estas dependen de quién la paga. “El resultado de una encuesta depende de quien la financie. Pero yo hice una encuesta que no tenía una muestra de 1.200 o 1.500 personas, sino una encuesta en 103 municipios de Boyacá que fue la recolección de 130.500 firmas que son una lectura social que nos permite entender que hay una posibilidad de generar una nueva alternativa política”.
En esas correrías, pudo percibir que lo más importante son las vías para el desarrollo, para la paz, para el progreso. Al mismo tiempo, la gente pide que exista una diversificación productiva para tener otras alternativas y una promoción del campesinado.
Por ahora, su gran propósito es recuperar la autonomía en los territorios y “recuperar la gobernabilidad es asumir una gobernación con un enfoque comunitario, donde el bien público debe estar al servicio de todos los ciudadanos y no de unos pocos”, concluyó Leguízamo.
José Alfredo Ordóñez, de nuevo al ruedo político
Al contrario de Leguízamo, José Alfredo Ordóñez se retiró definitivamente del ejercicio en el ministerio sacerdotal y es la segunda vez que aspira a un puesto político. “En 1997 había tenido un permiso temporal para postularme a la Gobernación del Magdalena, en un momento de clamor popular y hoy, viendo que los destinos de la ciudad van por mal camino, volvemos a retomar la esperanza para la ciudad.
Ordóñez cumplió 32 años en el ministerio presbiteral y laboró como docente en algunos colegios de la ciudad.
En su primera experiencia como candidato recuerda que estuvo contra toda la clase política combatiendo, por una esperanza para el departamento. “Iba ganando el escrutinio a las 7 de la noche y a las 2 de la madrugada ya iba perdiendo. Gané en Santa Marta contra toda la clase política y en la provincia me faltaron los votos, perdí por 8.000 votos en esa ocasión”, narró el candidato.
Ordóñez, que nació en Tenerife Magdalena, estuvo como misionero en Buenaventura y prestando servicio sacerdotal en Costa Rica. “He extrañado la comunidad, las parroquias, el clero, los sacerdotes amigos más cercanos sienten la ausencia, el señor obispo en su momento me expresó que le dolía mi partida, que era uno de sus mejores ministros, predicadores, el que más congregaba”, contó.
Al mismo tiempo, señala lo que impulsó a seguir el camino de la política: “Siempre he estado al servicio de los más pobres y es allí donde veo que no ha habido la acción consciente de atender y resolver sus necesidades, lo que se convierte en un grito, en un clamor para resolver la problemática de nuestra gente. No va a haber una resolución total, pero sí creo que hay que atender en justicia lo que se merecen las comunidades”.
Siguiendo su vocación religiosa, explica que este cambio se debe que “en algunos momentos hay que hacer sacrificios como el que hizo el Señor en la cruz, hay que hacer sacrificios por los que no tienen voz, no tienen rostro y darles ese rostro y la visibilidad en el ejercicio político”.
No tiene duda de que el gran problema de Santa Marta es la inseguridad, considera que la ciudad está hoy al garete y no hay un liderazgo gubernamental para convocar a restaurar el tejido social, todos los días hay asesinatos de jóvenes. “Le he hecho un llamado a la alcaldesa para que gobierne, porque para eso fue elegida”, resaltó.
Considera que el otro gran problema que sufre la ciudad es el desabastecimiento de los servicios públicos.
“Pienso que la salida está en darle oportunidades reales a nuestros jóvenes en el emprendimiento porque son escasas las oportunidades de trabajo. Empiezan a manejar una moto, yo pienso que ahí hay que poner un orden, el mototaxismo no hay que perseguirlo, hay que regularlo para que Santa Marta sea mejor”.
De igual manera, asegura que hay una inconformidad general de la gente, pero siente que Santa Marta tiene cura, es un voto de confianza en el recorrido con las comunidades, la gente dice, no conozco el cura, pero voy a votar por él.
A pesar de aparecer segundo en las encuestas, opina que “estas son como la rellena o la morcilla, que quien las hace es el que sabe como están por dentro”.