El exministro de Educación y Salud, Alejandro Gaviria, acaba de lanzar su nuevo libro “La explosión controlada, la encrucijada del líder que prometió el cambio”, publicado por la editorial Debate.
En esta obra, Gaviria presenta una descarnada radiografía de su experiencia como funcionario del Gobierno de Gustavo Petro, a quien describe como un político soñador, pero con carencias en cuanto a método y políticas públicas para llevar adelante sus propuestas.
Gaviria relata en su libro un evento que tuvo lugar al final del mandato de Petro como alcalde, donde se anunció la reapertura del hospital San Juan de Dios, el cual había permanecido cerrado durante décadas debido a problemas legales, sindicales y financieros. Aunque el acto fue mediático y se generó un sentimiento de esperanza y nostalgia, resultó ser más una puesta en escena que una acción concreta, ya que solo se trató del anuncio de una intención sin resultados reales. Pasado el tiempo, el hospital seguía sin funcionar, evidenciando que la voluntad y el teatro no son suficientes para gobernar eficientemente.
En cuanto a la suspensión de las exploraciones, Gaviria critica la decisión del presidente Petro, considerando que ello implica un riesgo económico y social innecesario para el país. A pesar de que esta medida le ha permitido presentarse como un líder con principios a nivel global, el autor opina que se trata de una especie de autoexaltación moral a costa del bienestar de los colombianos y su seguridad económica.
El libro también aborda la personalidad política de Petro, donde Gaviria reconoce su preocupación por los excluidos, pero le preocupa la facilidad con la que el presidente se sumerge en un relato autoexculpatorio, presentándose como un héroe romántico que luchó contra poderes reaccionarios. Esto lleva a una comparación del presidente con una figura moderna de Che Guevara, donde la única acusación que se le puede hacer, según sus seguidores, es su ingenuidad al confiar en los traidores.
Gaviria reflexiona sobre la falta de coordinación en el gobierno de Petro, a pesar de su deseo de gobernar con ministros y evitar un exceso de consejeros y asesores. La ausencia de una verdadera “Presidencia” y un equipo especializado de funcionarios dificulta la efectiva gestión gubernamental.
El autor también comparte una experiencia personal que lo llevó a sentirse desconectado emocionalmente del Gobierno de Petro, tras presenciar una acusación pública injusta hacia los responsables de la reconstrucción de San Andrés luego del huracán Iota. Esta situación le hizo cuestionar su compatibilidad con el gobierno en cuestión.
En cuanto al estilo de liderazgo de Petro, Gaviria recuerda haber escrito dos columnas en El Espectador, en una de las cuales elogiaba su actitud conciliadora, mientras que en la otra cuestionaba su falta de resultados y su actitud autoritaria. Ahora, al reflexionar sobre la situación, considera que el segundo enfoque parece estar más cerca de la verdad.