
El presidente Trump y sus aliados han hecho declaraciones contradictorias sobre si Estados Unidos e Israel han transformado el gobierno iraní con violencia.
Se ha producido un cambio de régimen en Irán. O no. Es un objetivo de la guerra. Excepto que no lo es.
Esos son algunos de los mensajes vertiginosos que han llegado del presidente Donald Trump y sus ayudantes en los días más recientes. Esta semana, la frase "cambio de régimen" ha salido volando de los labios de varias personas como aviones de combate que surcan el golfo Pérsico.
Pero parece haber desacuerdo entre los funcionarios de alto rango del gobierno sobre lo que significa la frase, o sobre si Estados Unidos e Israel lo han logrado en cuatro semanas de guerra contra Irán.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, hizo una declaración inequívoca sobre el gobierno iraní en una conferencia de prensa el martes: "Este nuevo régimen, dado que se ha producido un cambio de régimen, debería ser más sabio que el anterior. El presidente Trump llegará a un acuerdo. Está dispuesto".
Una definición usual de cambio de régimen es una transformación forzada de gobierno o liderazgo que deriva en alteraciones estructurales en las normas, la política y la gobernanza. En Irán, se mantiene un liderazgo teocrático autoritario y antiestadounidense, que sigue librando la guerra.
El lunes, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien también es asesor de seguridad nacional del presidente, expresó algunas dudas en una entrevista con ABC News sobre si algo había cambiado realmente en Irán.
"Quien los dirige, este régimen clerical, ese es el problema", dijo. "Y si ahora hay nuevas personas al mando que tienen una visión más razonable del futuro, sería una buena noticia para nosotros, para ellos, para el mundo entero. Pero también tenemos que estar preparados para la posibilidad, quizá incluso la probabilidad, de que no sea así".
Más tarde, en declaraciones a Al Jazeera, Rubio dejó claro que destruir las armas de Irán era importante porque los dirigentes actuales --el nuevo régimen, como dice Hegseth-- son un adversario.
"Creo que la mejor manera de lograr la estabilidad, dadas las personas que están al mando en Irán, es destruir la capacidad de Irán en el futuro para lanzar estos misiles y estos aviones no tripulados contra sus infraestructuras y su población civil", dijo Rubio.
Añadió que "nuestros objetivos aquí desde el principio no tenían nada que ver con los dirigentes".
Trump inició la guerra el 28 de febrero colaborando con Israel para llevar a cabo un ataque que mató al ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán, y a otros altos cargos. Horas después, pidió a los iraníes que derrocaran a su gobierno en algún momento después de que cesaran los bombardeos. El levantamiento, prometido a Trump por dirigentes israelíes, no se ha materializado, pero el presidente dice misión cumplida en cuanto al cambio de régimen.
De hecho, dijo, Estados Unidos ha tenido tanto éxito que ha acabado no solo con uno, sino con dos regímenes iraníes.
"Ya hemos conseguido un cambio de régimen, si te fijas, porque el único régimen fue diezmado, destruido. Están todos muertos", dijo Trump a los periodistas el domingo a bordo del Air Force One. "El siguiente régimen está casi muerto. Y con el tercer régimen estamos tratando con gente diferente a la que nadie ha tratado antes. Es un grupo de personas totalmente diferente. Así que yo lo consideraría un cambio de régimen".
Para enfatizar el punto, dijo: "El cambio de régimen es un imperativo, pero creo que lo tenemos automáticamente". El martes por la tarde, el presidente reiteró que había "eliminado" dos regímenes iraníes, uno tras otro.
Las palabras de Trump sobre la destrucción de dos regímenes parecían referirse a los atentados iniciales en los que murieron Jameneí y otros altos cargos, y en los que también resultó herido su hijo Mojtaba Jameneí, a quien un grupo de clérigos nombró posteriormente nuevo líder supremo de Irán. Funcionarios iraníes e israelíes dicen que el hijo sufrió heridas en las piernas y que no ha aparecido en público durante la guerra.
El joven Jameneí es considerado un aliado de línea dura de un poderoso brazo del ejército iraní, el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos. El gobierno de Teherán promete resistencia y sigue luchando contra Estados Unidos, Israel y sus socios árabes, y bloqueando el transporte de energía por el estrecho de Ormuz, lo que perturba la economía mundial.
"Ha habido un cambio de personal en Irán, no un cambio de régimen", dijo Karim Sadjadpour, estudioso de Irán en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional de Washington. "Hombres diferentes con la misma ideología".
Los comentarios de Trump sobre el cambio de régimen han enturbiado las aguas. Pero sus acciones militares y su guerra económica coercitiva contra un puñado de naciones --Irán, Venezuela y Cuba-- están dirigidas hasta ahora a desarticular al liderazgo para poner en el poder a quien acceda a las exigencias estadounidenses, más que a efectuar una transformación total del sistema político.
El objetivo del presidente es crear Estados satélite y obligar a los regímenes a acatar sus órdenes, como parte de un proyecto mayor de resucitar el imperio. Y habla constantemente de un modelo: la violenta incursión del ejército estadounidense en Venezuela en enero para derrocar a Nicolás Maduro, presidente del país, y las posteriores negociaciones de Trump sobre el petróleo y otros asuntos con la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, quien, al igual que Maduro, es una política de izquierda de línea dura.
Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, dijo en una conferencia de prensa celebrada el lunes que Estados Unidos e Israel tuvieron que matar a Jameneí, el mayor, y a algunos de sus ayudantes después de que resultara demasiado difícil tener pláticas diplomáticas con ellos. Esos líderes anteriores "ya no están en el planeta Tierra", dijo, "porque mintieron a Estados Unidos y nos dieron largas en las negociaciones, y eso era inaceptable para el presidente, por lo que muchos de los líderes anteriores fueron asesinados".
La fanfarronería de Trump por lograr lo que él llama un cambio de régimen es bastante nueva. En 2016, cuando se presentaba a las elecciones presidenciales, criticó las costosas "guerras eternas" de Estados Unidos en Irak y Afganistán, al decir que "debemos abandonar la fracasada política de construcción de naciones y cambio de régimen". En mayo, pronunció un discurso en Arabia Saudita en el que dijo que "al final, los llamados constructores de naciones destrozaron muchas más naciones de las que construyeron, y los intervencionistas actuaban en sociedades complejas que ni siquiera entendían".
A pesar de su aceptación de la guerra y la violencia militar, el instinto de Trump de abstenerse de comprometer a Estados Unidos en la transformación completa de naciones hostiles parece persistir por ahora.
Las declaraciones del presidente esta semana donde afirma que la desarticulación de liderazgos es un cambio de régimen pueden interpretarse como un intento de redefinir la frase para poder decir que se ha cumplido su objetivo bélico original.
"El gobierno en su conjunto parece estar alejándose del cambio profundo de régimen como objetivo de la guerra", dijo Rosemary Kelanic, directora del programa de Medio Oriente de Defense Priorities en Washington. "Una verdadera guerra de cambio de régimen en Irán requeriría botas sobre el terreno --y muchas-- y Trump sabiamente no quiere comprometer ese nivel de esfuerzo cuando los costos y riesgos superan con creces los beneficios".
Edward Wong cubre los asuntos globales, las políticas internacionales estadounidenses y el Departamento de Estado para el Times.
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