No, una remota aldea amazónica no se hizo adicta al porno

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Un reportaje del Times sobre la llegada de internet de alta velocidad al pueblo indígena marubo se convirtió en un ejemplo real sobre la desinformación y otros peligros de la red.

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En abril, caminé más de 80 kilómetros por la selva amazónica para visitar las remotas aldeas del pueblo marubo. Esta comunidad indígena de 2000 miembros había recibido recientemente internet de alta velocidad y yo quería saber cómo había afectado sus vidas.

Durante una visita de una semana, vi cómo utilizaban internet para comunicarse entre aldeas, chatear con seres queridos lejanos y pedir ayuda en casos de emergencia. Muchos marubo también me dijeron que les preocupaba mucho que la conexión con el mundo exterior alterara su cultura, que habían preservado durante generaciones viviendo en lo más profundo del bosque. Algunos ancianos se quejaban de adolescentes pegados a los teléfonos, chats grupales llenos de chismes y menores que veían pornografía.

Por eso, el reportaje que publicamos el 2 de junio trataba en parte de la introducción de los marubo a los riesgos de internet.

Pero tras la publicación, ese ángulo adquirió una dimensión totalmente distinta.

En la última semana, más de 100 sitios web de todo el mundo han publicado titulares que señalan falsamente que los marubo se han vuelto adictos a la pornografía. Junto a esos titulares, los sitios publicaron imágenes de los marubo en sus aldeas.

The New York Post fue uno de los primeros, al decir la semana pasada que el pueblo marubo estaba "enganchado al porno". Decenas le siguieron rápidamente. El titular de TMZ fue quizá el más contundente: "¡¡¡LA CONEXIÓN A STARLINK DE UNA TRIBU RESULTA EN UNA ADICCIÓN AL PORNO!!!".

The Post y TMZ no respondieron a las peticiones de comentarios.

Titulares similares proliferaron por todo el mundo, incluidos el Reino Unido, Alemania, Australia, India, Indonesia, Malasia, Turquía, Nigeria, México y Chile. RT, el medio de comunicación estatal ruso, publicó la noticia en árabe. Hubo innumerables videos, memes y publicaciones en las redes sociales.

En Brasil, el rumor se extendió rápidamente, incluso en las pequeñas ciudades amazónicas donde ahora viven, trabajan y estudian algunos marubo.

Los marubo no son adictos a la pornografía. No hubo ningún indicio de ello en la selva, y tampoco en el artículo de The New York Times.

En cambio, el artículo mencionaba la queja de un dirigente marubo de que algunos menores marubos habían compartido pornografía en chats de grupo de WhatsApp. Esto era especialmente preocupante, decía, porque la cultura marubo desaprueba incluso los besos en público.

Muchos de los sitios que distorsionaron este detalle son agregadores de noticias, lo que significa que su modelo de negocio está diseñado en gran medida en torno a rempaquetar la información de otras organizaciones de noticias, con titulares a menudo sensacionalistas para vender anuncios.

Como estos sitios también enlazan la información original, suelen estar protegidos legalmente, aunque tergiversen el material.

A estas alturas, este tipo de sitios y titulares engañosos son solo una parte más de la economía de internet. Para un internauta informado, sus tácticas resultan familiares.

Para los marubo, sin embargo, la experiencia fue desconcertante y exasperante.

"Estas afirmaciones son infundadas, falsas y reflejan una corriente ideológica prejuiciosa que no respeta nuestra autonomía e identidad", declaró Enoque Marubo, el líder marubo que llevó Starlink a las aldeas de su tribu, en un video publicado en internet el domingo por la noche.

El artículo del Times había hecho demasiado hincapié en los aspectos negativos de internet, dijo, "dando lugar a la difusión de una imagen distorsionada y perjudicial".

Alfredo Marubo (todos los marubo utilizan el mismo apellido), el líder que en el artículo del Times decía estar preocupado por la pornografía, hizo público el martes un comunicado de la asociación de su comunidad en el que dijo que los titulares engañosos "tienen el potencial de causar un daño irreversible a la imagen de las personas, y por ello nos sentimos expuestos ante esta interpretación errónea de la información precisa".

Eliesio Marubo, abogado y activista por los derechos de las comunidades indígenas, se ha convertido en uno de los rostros más públicos de la comunidad marubo. Por eso, cuando los titulares se hicieron virales, Eliesio dijo que había recibido decenas de miles de notificaciones de mensajes y etiquetas en los comentarios de las redes sociales. Muchos se burlaban del pueblo marubo, dijo.

Eliesio dijo que el artículo había suscitado un importante debate sobre la repentina llegada de internet de alta velocidad a grupos indígenas remotos, mostrando a su manera la promesa de internet. Pero la desinformación resultante también había ilustrado los peligros de internet.

"Internet aporta muchas ventajas", dijo, "pero también muchos retos".

Jack Nicas es el jefe de la corresponsalía en Brasil, con sede en Río de Janeiro, desde donde lidera la cobertura de gran parte de América del Sur. Más de Jack Nicas

Una antena Starlink en una aldea marubo durante una visita de The New York Times en abril. (Victor Moriyama/The New York Times)

Un habitante marubo utilizando internet. (Victor Moriyama/The New York Times)

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