Rishi Sunak adelanta elecciones para el 4 de julio en el Reino Unido

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El primer ministro no ha logrado convencer a sus partidarios de que logrará un crecimiento económico estable, según los analistas. El Partido Laborista, de la oposición, lidera la mayoría de las encuestas.

El primer ministro del Reino Unido, Rishi Sunak, convocó el miércoles elecciones generales anticipadas para el 4 de julio, con lo que el destino de su asediado Partido Conservador quedará en manos de un inquieto electorado británico que parece ansioso por un cambio tras 14 años de gobierno conservador.

El sorprendente anuncio de Sunak, desde un atril bajo la lluvia frente al número 10 de Downing Street, es el inicio de una campaña de seis semanas que derivará en un veredicto sobre un partido, que ha dirigido al Reino Unido desde que Barack Obama era presidente de Estados Unidos. Pero los tories, del partido conservador, han rotado a cuatro primeros ministros en ocho años, tambaleándose entre el caos en serie del brexit, la pandemia del coronavirus y una crisis del costo de la vida.

En los últimos 18 meses, el Partido Laborista, de la oposición, ha liderado la mayoría de las encuestas por dos dígitos, por lo que una derrota conservadora ha llegado a asumir un aire de inevitabilidad. A pesar de todo, Sunak calcula que el Reino Unido ha recibido suficientes buenas noticias en los últimos días --incluidos destellos de nuevo crecimiento económico y la tasa de inflación más baja de los últimos tres años-- como para que su partido pueda quedarse en el poder.

"Ahora es el momento de que el Reino Unido elija su futuro", dijo Sunak mientras la lluvia torrencial empapaba su traje. La elección para los votantes, dijo, era "construir sobre el futuro que han hecho o arriesgarse a volver a la casilla de salida".

Analistas políticos, líderes de la oposición y miembros del propio partido de Sunak coinciden en que la montaña electoral que debe escalar es el Himalaya. Agobiados por la debilidad de la economía, una incursión desastrosa en políticas fiscales con efecto derrame y sucesivos escándalos, los conservadores parecen agotados y a la deriva, divididos por rencillas internas y fatalistas sobre su futuro. A la derecha, se enfrentan a la amenaza del partido antiinmigración Reform UK.

"Los conservadores se enfrentan a una especie de extinción", dijo Matthew Goodwin, profesor de política en la Universidad de Kent, quien ha asesorado a Boris Johnson y a otros líderes del partido. "Parece que van a sufrir una derrota aún mayor que la que sufrieron ante Tony Blair en 1997".

Otros analistas políticos se mostraron más cautos: algunos señalaron que en 1992, el gobierno conservador del entonces primer ministro, John Major, superó un déficit en las encuestas para lograr una ajustada victoria y mantenerse en el poder.

Aun así, desde que el partido obtuvo una victoria aplastante en las elecciones de 2019 con el lema "Que se haga el brexit", los tories han perdido apoyo entre los jóvenes, los votantes conservadores tradicionales del sur y el suroeste de Inglaterra y, sobre todo, los votantes de clase trabajadora de las Tierras Medias, o Midlands, industriales y el norte de Inglaterra, cuyo respaldo en 2019 fue clave para la histórica victoria del entonces primer ministro Boris Johnson.

Muchos están desilusionados por los escándalos del mandato de Johnson, incluidas las reuniones sociales de Downing Street que violaron las reglas de confinamiento por la covid, y aún más por el fiasco de su sucesora, Liz Truss, quien fue derrocada después de solo 44 días, tras los recortes de impuestos propuestos que sacudieron los mercados financieros, provocaron la caída de la libra y fracturaron la reputación del partido de competencia económica.

Aunque Sunak, de 44 años, estabilizó los mercados y ha dirigido un gobierno más estable que sus predecesores, los críticos dicen que nunca desarrolló una estrategia convincente para reavivar el crecimiento del país. Tampoco cumplió otras dos promesas: reducir los tiempos de espera en el Servicio Nacional de Salud británico y detener el flujo de pateras que transportan solicitantes de asilo a través del Canal de la Mancha.

Muchos votantes de los distritos del "muro rojo"--llamados así por el color de la campaña laborista-- parecen dispuestos a volver a sus raíces en el partido. Bajo el competente, aunque poco carismático, liderazgo de Keir Starmer, los laboristas se han sacudido la sombra de su predecesor de izquierda, Jeremy Corbyn.

Starmer, un exfiscal del gobierno, ha revisado metódicamente el laborismo, purgando a los aliados de Corbyn, desarraigando un legado de antisemitismo en las filas del partido y llevando sus políticas económicas más hacia el centro.

"Hemos cambiado el Partido Laborista, lo hemos vuelto a poner al servicio de los trabajadores", dijo Starmer en declaraciones posteriores a las de Sunak. "Juntos podemos detener el caos, pasar la página, empezar a reconstruir el Reino Unido y cambiar nuestro país".

Según la legislación británica, Sunak estaba obligado a celebrar elecciones antes de enero de 2025. Los analistas políticos calcularon que esperaría hasta el otoño para dar más tiempo a la economía a recuperarse. Pero tras el anuncio el miércoles de que la inflación había caído a una tasa anual del 2,3 por ciento --justo por encima del objetivo del 2 por ciento del Banco de Inglaterra-- es posible que haya apostado a que esta coyuntura es lo mejor que tendrá.

Sunak también puede estar calculando que el gobierno puede poner en el aire un primer vuelo con solicitantes de asilo a Ruanda antes de la votación. Eso le permitiría afirmar que ha avanzado en otra de sus prioridades.

Las políticas sobre Ruanda, que consiste en deportar a los solicitantes de asilo a la nación africana sin escuchar primero sus casos, ha sido condenada por los defensores de derechos humanos, los tribunales y los líderes de la oposición, y ha suscitado una serie de recursos judiciales. Pero Sunak la ha convertido en uno de los puntos centrales de su programa, porque es popular entre la base política del Partido Conservador.

En sus declaraciones, Sunak trató de retratar a los laboristas como carentes de agenda. "No sé lo que ofrecen y, en realidad, creo que ustedes tampoco", dijo. Pero su mensaje quedó en ocasiones ahogado por el sonido del himno de la campaña laborista de 1997, "Things Can Only Get Better" (Las cosas solo pueden mejorar), que sonó a todo volumen desde el altavoz de un manifestante en una calle cercana.

Para Sunak, hijo de padres de ascendencia india que emigraron de la África Oriental Británica hace seis décadas, la decisión de acudir a las urnas antes de lo previsto no es totalmente desubicada. En julio de 2022, rompió con Johnson al dimitir como ministro de Hacienda, lo que desencadenó la pérdida de apoyo del gabinete que acabó forzando la salida de Johnson del poder.

Sunak presentó entonces su candidatura a líder del partido, que perdió frente a Truss en una votación de los aproximadamente 170.000 miembros del partido. Después de que la política económica de Truss fracasara y se viera obligada a dimitir, Sunak resurgió y ganó la siguiente contienda, esta vez solo entre miembros del Partido Conservador del Parlamento.

Sunak heredó un conjunto de problemas de gran dificultad: una inflación de dos dígitos, una economía estancada y unos tipos de interés al alza, que afectaron a los ciudadanos en forma de tipos más altos en sus hipotecas. Los tiempos de espera en el Servicio Nacional de Salud, debilitado tras años de austeridad fiscal, se prolongaban durante meses.

Sunak obtuvo algunos éxitos iniciales, como un acuerdo con la Unión Europea que resolvió en gran medida el estancamiento comercial en Irlanda del Norte. Superó su objetivo de reducir a la mitad la tasa de inflación, que era del 11,1 por ciento cuando asumió el cargo en octubre de 2022. Y hay indicios de que la economía está empezando a cambiar.

El Reino Unido salió inesperadamente bien parada de una recesión superficial a principios de este año, con un crecimiento de la economía del 0,6 por ciento. El Fondo Monetario Internacional mejoró su previsión de crecimiento para el país este año, al tiempo que elogiaba la actuación del gobierno y del banco central.

Pero las buenas noticias podrían ser efímeras. Se espera que la inflación vuelva a repuntar en el segundo semestre de este año, y la cifra de abril no fue tan baja como esperaban los economistas. Eso ha llevado a los inversores a replantearse la prontitud con la que el Banco de Inglaterra podría recortar los tipos de cambio, casi descartando que sean reducidos el mes que viene. Incluso han disminuido las expectativas de que los tipos de cambio bajen en agosto.

Al mismo tiempo, el margen para nuevos recortes fiscales antes de las elecciones se ha reducido. Los datos publicados el miércoles muestran un aumento del endeudamiento público. Y el Fondo Monetario Internacional advirtió al gobierno contra los recortes fiscales, argumentando que el Reino Unido tiene enormes exigencias de más gasto público para mejorar sus servicios públicos, incluido el servicio de salud, al tiempo que necesita estabilizar su deuda pública.

En última instancia, según los analistas, fueron estas realidades las que impulsaron la decisión de Sunak de acudir ahora a los votantes, y es la economía, más que cualquier otra cosa, la que decidirá su destino y el de su partido.

"Se puede hablar del Partygate y de Truss", dijo Tim Bale, profesor de política en la Universidad Queen Mary de Londres, refiriéndose a las reuniones sociales de Johnson durante los confinamientos. "Pero al final, los factores que van a decidir estas elecciones son un crecimiento anémico y un Estado que se derrumba ante nuestros ojos".

Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en Londres del Times. Cubre el Reino Unido así como la política exterior estadounidense en Europa, Asia y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas. Más de Mark Landler

Eshe Nelson colaboró con reporteo.

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