Steve Albini, genio del rock alternativo, fallece a los 61 años

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Músico e ingeniero de sonido, ayudó a definir el sonido del rock alternativo al tiempo que se convertía en un gran crítico de la industria musical.

Steve Albini, músico de rock y venerado ingeniero de estudio que desempeñó un papel importante en el desarrollo del sonido de la música alternativa en los años 80, 90 y en décadas posteriores ―llegando a grabar aclamados álbumes de Nirvana, PJ Harvey y Pixies, junto con cientos de otros grupos― mientras se convertía en un gran crítico de la industria musical, murió el martes en su casa de Chicago. Tenía 61 años.

La causa del deceso fue un ataque al corazón, según informó Taylor Hales de Electrical Audio, el estudio de Chicago fundado por Albini en 1997.

Con una visión radical de cómo es que una banda debe ser grabada ―tan cruda como sea posible― y una lengua afilada para criticar cualquier cosa que considerara mediocre o poco genuina, Albini fue un visionario en el estudio y uno de los personajes más ingeniosos y ácidos del rock.

Por su cuenta, lideró las bandas Big Black y Shellac, que veneraban las guitarras ruidosas y abrasivas y los gruñidos. En esos grupos, y en prácticamente todos los proyectos en los que trabajó, Albini se aferró a la desafiante ética punk del "hazlo tú mismo" con una tenacidad casi religiosa.

Durante mucho tiempo, también mantuvo un pícaro afán por provocar y ofender. El último y más aclamado álbum de Big Black, de 1987, tiene un título impresentable, y en una ocasión descalificó a Nirvana ―el grupo que luego lo contrató para grabar el álbum In Utero (1993), en la cima de su fama― como nada más que "REM con un fuzzbox".

Albini, crítico mordaz y prolífico de los extremos explotadores del negocio de la música, escribió en 1993 un artículo muy citado, "The Problem With Music" (El problema de la música), en el que describía con detalle cómo las bandas ingenuas son atraídas para firmar contratos con grandes sellos que, en la mayoría de los casos, las dejaban arruinadas y endeudadas.

En ese artículo, publicado en The Baffler, Albini presentaba un hipotético libro de cuentas de un grupo de rock que había firmado un contrato discográfico por 250.000 dólares, pero cuyo trabajo, según sus cálculos, reportaba a la discográfica 710.000 dólares y al productor 90.000, y a cada miembro de la banda solo le quedaban 4.031,25 dólares.

"Los miembros de la banda han ganado cada uno aproximadamente un tercio de lo que ganarían trabajando en un 7-Eleven", escribió Albini, "pero pudieron viajar en un autobús de gira durante un mes".

Sin embargo, en la década de 1990, cuando su trabajo como ingeniero de grabación ―se burlaba de que le llamaran productor, pues pensaba que ese término implicaba control sobre el trabajo de un artista― era muy buscado, Albini no se disculpó por aceptar grandes cheques con el fin de grabar para grandes sellos.

Su método de grabación, para grupos underground como Jesus Lizard y Slint, captaba su fuerza muscular con claridad y sacaba a relucir un sonido de batería que se podía sentir en las entrañas.

Esas bandas también trabajaron con Albini bajo su propio riesgo; en aquella época era conocido por ridiculizar a las bandas luego de que las grababa.

"Nunca he visto cuatro vacas más ansiosas de que las guíen", escribió después de terminar Surfer Rosa, el álbum seminal de Pixies, el cuarteto de Boston que grabó en 1988. Ese disco se convirtió en uno de los clásicos definitorios del rock alternativo de la década de 1980. (Sin embargo, Albini siguió siendo amigo íntimo de Kim Deal, la bajista de esa banda, y grabó a The Breeders, su otro proyecto).

Pero para quien seguía de cerca a Albini, era mucho más que un personaje bidimensional. Se convirtió en un campeón de póquer ―ganó más de 196.000 dólares en la Serie Mundial de Póquer en 2022― y participó activamente en las redes sociales respondiendo preguntas con gran detalle y, a menudo, con una honestidad reveladora.

En los últimos años también sorprendió a muchos de sus seguidores y detractores al analizar sus conductas pasadas con un sentido de contrición.

"Muchas cosas que dije e hice desde una posición ignorante de comodidad y privilegio son claramente horribles y me arrepiento de ellas", escribió en Twitter, la plataforma que ahora se llama X, en 2021.

Steve Albini nació en Pasadena, California, el 22 de julio de 1962 y creció en Missoula, Montana, donde su padre, Frank, trabajaba como científico investigador de incendios forestales.

Describió su juventud en Montana como una época anodina hasta que, siendo adolescente, escuchó el primer álbum de los Ramones, una propuesta de punk rock que se publicó en 1976. Su agresividad, sencillez y pueril sentido del humor le abrieron un mundo nuevo.

"Fue la primera vez que sentí que había una parte de la cultura que representaba la irreverencia, la tontería y la manía que me caracterizaba a mí, y a mis amigos", declaró Albini a The Guardian en una entrevista del año pasado.

Se matriculó en la Universidad del Noroeste en Illinois, cerca de Chicago, y empezó a desarrollar su enfoque como provocador y músico autosuficiente. Como proyecto artístico, una vez se puso detrás de un panel de plexiglás y provocó al público para que lanzara lo que quisiera contra la barrera.

Mientras estudiaba en la Universidad del Noroeste, grabó el primer EP de Big Black, Lungs (1982), casi completamente solo con una grabadora prestada. Tenía ritmos fríos, con eco y sintéticos, y esbozaba una visión oscura y nihilista del mundo en sus primeros versos: "El único policía bueno es el que está muerto/ Las únicas leyes buenas no se hacen cumplir".

Big Black pronto se convirtió en una banda completa ―aunque siguió utilizando cajas de ritmos― y la producción del grupo llegó a definir una forma bastante cruda de la vanguardia post-punk. En sus mejores momentos, en canciones como "Kerosene" y "Jordan, Minnesota", la banda presentaba una visión pesadillesca de Estados Unidos, como si fuese un país poblado por pirómanos, asesinos y maltratadores de niños, con una banda sonora chirriante e imposiblemente intensa.

Al mismo tiempo, Albini se hizo un nombre como brillante comentarista musical. Su obra escrita, publicada en varios fanzines, podía parecer una forma de comedia de insultos. Por ejemplo, calificó Let It Be, el amado álbum que The Replacements lanzaron en 1984, como el "triste y patético final de una larga caída cuesta abajo".

Quizá fue a finales de la década de 1980 cuando alcanzó el punto álgido de su provocación con una nueva banda a la que llamó Rapeman. Según él, tomó prestado el nombre de un cómic japonés, aunque nunca negó que su intención fuera provocar al público. En algunos conciertos, la banda se enfrentó a protestas. "Lo realmente molesto", dijo una vez, "era que la mayoría de la gente en esas protestas era precisamente el tipo de gente que nos habría gustado que estuviera en el concierto".

Tras grabar Surfer Rosa, que dio a conocer a los Pixies, Albini se convirtió en un productor muy cotizado y buscado por grupos underground como Boss Hog, Superchunk y Urge Overkill. Grabó Rid of Me (1993), de PJ Harvey, con guitarras dentadas y ―algo poco ortodoxo para un gran álbum― voces muy bajas en la mezcla.

Pronto fue cortejado por Nirvana para la continuación de Nevermind, el álbum que se convirtió en un éxito mundial y provocó una revolución en el mundo de la música. Antes de aceptar trabajar con el grupo, les envió a sus tres miembros una carta en la que les daba consejos y exponía sus condiciones.

"Saquen un disco en un par de días, con una 'producción' de alta calidad pero mínima", escribió, "y sin interferencias de los cabezas huecas de la oficina". También les dijo: "Me gustaría que me pagaran como a un fontanero", es decir, que quería una tarifa fija y no "puntos", o un porcentaje de las ventas, una práctica común entre los principales productores discográficos que Albini desdeñaba por considerar que no era ética.

Pero cuando el álbum estuvo terminado, la discográfica de la banda, DGC, presionó para que se hicieran cambios, y varias de sus canciones fueron remezcladas por Scott Litt, quien había trabajado con REM. "Emprendieron una campaña publicitaria para intentar avergonzar a la banda con el fin de que volvieran a grabar el disco", dijo Albini en una ocasión a Tape Op, una revista sobre grabaciones de audio.

Albino dijo que su reputación se había visto afectada por el incidente, aunque resucitó cuando Jimmy Page y Robert Plant, de Led Zeppelin, le reclutaron para su álbum de 1998, Walking Into Clarksdale.

Desde entonces, siguió trabajando como ingeniero y productor para innumerables bandas, a menudo en su estudio Electrical Audio. En una entrevista de 2018, calculó que había grabado "probablemente un par de miles" de álbumes hasta ese momento. Entre los más aclamados figuran discos de Joanna Newsom, Nina Nastasia, Neurosis y Will Oldham.

Entre sus supervivientes se encuentran su esposa, la cineasta Heather Whinna, y su madre, Gina. No se dispone de información completa sobre los supervivientes.

El año pasado, cuando The Guardian le preguntó cómo le gustaría que se viera su carrera si se retiraba, Albini respondió: "Lo estoy haciendo, y eso es lo que me importa: el hecho de poder seguir haciéndolo. Esa es la base de todo. Lo estaba haciendo ayer, y lo voy a hacer mañana, y voy a seguir haciéndolo".

Añadió, con un improperio, que no le importaba.

Ben Sisario cubre la industria musical. Escribe para el Times desde 1998. Más de Ben Sisario

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