Tony Nugent (atrás) y un amigo suyo, James Muir, se inyectan en un sitio de Glasgow concurrido por adictos (Mary Turner para The New York Times)
Tony Nugent (atrás) y un amigo suyo, James Muir, se inyectan en un sitio de Glasgow concurrido por adictos (Mary Turner para The New York Times)

GLASGOW, Escocia — Tony Nugent llevaba casi siete años sin consumir drogas cuando recayó.

Así descubrió que la factura de la heroína, de por sí cruel para los usuarios jóvenes, es considerablemente peor con el paso de la edad.

Nugent había usado la droga, de manera intermitente, desde los 19 años, pero la primera vez que la usó después de estar limpio tuvo una sobredosis. Ha tenido tres sobredosis más desde el año pasado.

"Casi he muerto cuatro veces", dijo Nugent, quien cumple 43 años este agosto. "Se está volviendo más difícil para mí recuperarme a medida que envejezco".

A pesar de eso, Nugent dijo que se considera alguien afortunado. No por nada Glasgow ha sido apodada la "capital mundial de las muertes por drogas".

En 2018, un total de 1187 personas murieron en Escocia por consumo de estupefacientes, una cifra récord que significa un impresionante aumento de 27 por ciento en comparación con el año previo. Según varios parámetros, las sobredosis incluso se han vuelto más comunes en Escocia que en Estados Unidos, que padece una crisis por la adicción a los opioides.

Muir, de 33 años, mendiga en Glasglow. (Mary Turner/The New York Times)
Muir, de 33 años, mendiga en Glasglow. (Mary Turner/The New York Times)

Gran parte del problema se presenta entre las personas de mayor edad que han consumido opioides desde hace mucho tiempo. La previsión es que el problema empeorará.

"Estamos viendo enfermedades que uno asocia a las edades avanzadas entre hombres de mediana edad con un historial de uso de estupefacientes", dijo Carole Hunter, principal farmacóloga de Glasgow Addiction Services. "Lo que tu cuerpo tolera a los 18 años no lo aguanta a los 38 o 48".

Las muertes por sobredosis y relacionadas a las drogas no son algo nuevo en Escocia. Hace más de dos décadas, la dura vida en la adicción de Edimburgo fue inmortalizada en la novela adaptada al cine Trainspotting.

Lo que es nuevo es la cantidad de gente que está muriendo.

"Recuerdo que antes había indignación cuando se reportaba 'Una muerte al día por drogas'", dijo Andrew McAuley, investigador sénior en temas de abuso de estupefacientes en la Universidad Caledonia de Glasgow, en referencia a una investigación nacional de 2013. "Esa era la época dorada: ahora hay cuatro veces más muertes".

Muir recibe té y algo de ropa del grupo de voluntarios Homeless Street Team Glasgow, a finales de julio. (Mary Turner/The New York Times)
Muir recibe té y algo de ropa del grupo de voluntarios Homeless Street Team Glasgow, a finales de julio. (Mary Turner/The New York Times)

Hay casi 60.000 consumidores en Escocia con un historial de uso prolongado y rutinario de opioides y benzodiacepinas. Muchos también padecen problemas de salud física y mental, que conllevan un mayor riesgo de morir por sobredosis.

Nugent es una de estas personas. Ha recibido tratamiento por trombosis venosa profunda, hepatitis C y abscesos en la piel. Dijo que más recientemente ha tenido sangre en su orina.

Caminos problemáticos

Las razones detrás de la crisis de drogas en Escocia son varias: incluyen las políticas económicas que dejaron muy empobrecidas ciertas áreas, el descuido de servicios de tratamiento médico y el surgimiento de narcóticos especialmente mortíferos.

"Es un rompecabezas complejo", dijo McAuley, el investigador. "Es nuestra historia, es la manera en que consumimos drogas, los servicios para tratamiento que tenemos, decepcionantes y con una falta crónica de fondos. A eso hay que añadirles la austeridad y los recortes en el sistema de bienestar de los últimos años, y quedamos ante la tormenta perfecta".

Daniel Hamilton (izquierda) en una clínica en Edimburgo. (Mary Turner/The New York Times)
Daniel Hamilton (izquierda) en una clínica en Edimburgo. (Mary Turner/The New York Times)

A medida que los cambios se esparcieron por Escocia, la heroína se diseminó por Europa. Una ruta de suministro que vinculó a Afganistán e Irán fue establecida en la década de los ochenta, lo que hizo al estupefaciente más disponible y más barato que nunca. En Escocia, eso resultó en la llamada Generación Trainspotting.

"Antes de 1980, el escuadrón policial dedicado a narcóticos señalaba a unas cincuenta personas de Edimburgo que consumían heroína y nosotros conocíamos a todos y cada uno", dijo Roy Robertson, profesor de medicina especializado en adicciones de la Universidad de Edimburgo. "Luego hubo una ola de drogas y la disponibilidad estimuló la epidemia".

Avances y tropiezos

Durante años, Escocia avazó en la reducción de muertes por sobredosis.

Se introdujeron programas de intercambio de agujas y jeringas en la década de 1980 y la naloxona, un medicamento que contrarresta los efectos de los opioides y que puede salvar vidas, ha sido usada de manera generalizada desde 2011. Hay terapias de sustitución de opiáceos, para reducir la dependencia con productos como metadona (prohibida en Estados Unidos), que son gratuitas y están disponibles en farmacias con el seguro de salud público.

Muir y Nugent preparan su dosis, a finales de julio. (Mary Turner/The New York Times)
Muir y Nugent preparan su dosis, a finales de julio. (Mary Turner/The New York Times)

Sin embargo, en 2016, el gobierno escocés redujo en más de 20 por ciento el financiamiento para servicios de prevención de abuso de alcohol y drogas; de 69 millones de libras (unos 84 millones de dólares) a 54 millones de libras al año. Esos fondos ya fueron restablecidos, y el gobierno escocés actual prometió apartar 20 millones de libras más para los programas a partir de este año.

"¿Qué se puede esperar que suceda en un país con un problema de adicción a opiáceos si progresivamente se retiran los tratamientos? Que la tasa de mortalidad aumente", dijo John Strang, profesor de King's College en Londres que ha hecho investigaciones sobre tratamientos de adicciones por más de treinta años.

Alrededor del 40 por ciento de los consumidores en Escocia ya están en tratamiento, de acuerdo con la especialista Lesley Graham, del Servicio Nacional de Sanidad (NHS) en Escocia. En Inglaterra, la cantidad de personas en tratamiento ronda el 60 por ciento. El reto para los escoceses es que más gente acuda a los servicios y que se queden en tratamiento.

Una tarde de lunes reciente, Daniel Hamilton acudió al Edinburgh Access Practice. No esperaba salir con una prescripción de metadona, el sustituto para reducir la dependencia a la heroína. Hamilton dijo que conseguir una receta así requiere hasta meses de espera en su ciudad natal, Perth, en las Tierras Altas de Escocia. (Una examinación del NHS encontró que la espera promedio para el tratamiento en esa región escocesa es de ocho semanas).

Muir y Nugent preparan su dosis, a finales de julio. (Mary Turner/The New York Times)
Muir y Nugent preparan su dosis, a finales de julio. (Mary Turner/The New York Times)

"Para entonces puede que ya te haya tocado un mal lote de heroína y estés muerto", dijo Hamilton.

La organización Edinburgh Access Practice está intentando que la gente acuda con mayor rapidez al tratamiento y que empiecen así a atender las causas detrás de su adicción. El personal del grupo incluye un equipo especializado en la salud mental, así como trabajadores sociales y asesores para conseguir empleo y vivienda.

Pero los centros de este tipo son pocos. Los expertos indican que Escocia necesita aumentar y mejorar el acceso a los servicios de tratamiento que ya existen y además introducir enfoques como estos centros de asistencia que usan sustitutos de heroína o instalaciones para consumir drogas de manera supervisada.

"Hemos logrado mantener vivos a muchos del grupo etario con los servicios actuales de tratamiento, pero llega un momento en el que eso ya no basta", dijo McAuley. "Necesitan cuidados respiratorios, de salud mental, ayuda con la vivienda, el empleo, las prestaciones sociales y una variedad de otras cosas".

(Mary Turner/The New York Times)
(Mary Turner/The New York Times)

No obstante, las sustancias ilegales como la heroína no son jurisdicción escocesa, sino del gobierno de todo el Reino Unido; los parlamentarios conservadores han sido renuentes ante propuestas para tener políticas sobre drogas más progresistas.

"El gobierno británico ha dejado claro que no hay un marco legal que prevea la existencia de salas para el consumo controlado de sustancias ni planes para introducirlos", indicó en un comunicado el Ministerio del Interior.

Esa postura fue lamentada por el ministro de Salud Pública escocés, Joe FitzPatrick.

"Sé que el instinto del gobierno del Reino Unido es no querer que se piense que consiente de modo alguno el uso de drogas ilícitas", dijo FitzPatrick. "Pero la gente se está muriendo. Necesitamos tomar acciones que de inicio lucen complicadas".

Allison McCann es reportera con sede en Londres y editora de infográficos de la sección Internacional de The New York Times.

*Copyright: c. 2019 The New York Times Company