
Urge recordar que el sistema internacional vigente es resultado del triunfo de la democracia contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial que costó millones de vidas para rescatar la libertad como principio en la sociedad, y entre el Estado y la sociedad. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue creada para “mantener la paz y seguridad internacionales” fundada en el “respeto de los derechos humanos”, no para mantener una burocracia complaciente. La victoria del pueblo de Venezuela sobre la dictadura el 28 de Julio (28-J) está poniendo a prueba un sistema que por su ineficiencia da lugar al “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.
En democracia el monopolio de la violencia pertenece al Estado -sostenido por la soberanía popular- para proteger la libertad de los ciudadanos, se llama “cumplimiento de la ley”, es “fuerza coercitiva de la ley”, el legítimo uso de la fuerza para hacer cumplir la ley, proteger el bien común, la comunidad, la sociedad, la nación, la Patria. En dictadura se falsifica ese principio y la fuerza se convierte en el mecanismo del “terrorismo de Estado” para someter al pueblo y privarlo de libertad.
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Es tan clara la diferencia entre el cumplimiento de la ley y la manipulación de un sistema para oprimir al pueblo, que no se entiende cómo hace más de 65 años el mundo no frena lo que pasa en Cuba, y no comprende la expansión de ese sistema de delincuencia organizada que controla hoy Venezuela, Bolivia y Nicaragua, sirviendo de plataforma a las dictaduras extra continentales de Rusia, China, Irán, Corea del Norte y el terrorismo internacional, con gobiernos para dictatoriales en Brasil, Colombia y México.
El sistema internacional parece haberse convertido en un gran escenario de simulación, donde nada es lo que debe ser, todo es solo lo que conviene. Le dicen diplomacia o política internacional como el arte de lo posible, pero resulta en una constante rendición y entrega de los principios y valores de la libertad y la democracia que no son negociables. Es la tragedia del sometimiento de los pueblos por ajustes de mala geopolítica para evitar confrontaciones, que con falta de determinación, terminan ganando los matones de la delincuencia organizada trasnacional.
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Que la ley se viole es señal de su valor, es la indicación del delincuente y es la puesta en marcha del sistema para sancionar y restaurar el respeto de normas en las que hemos depositado nuestra libertad, seguridad y la vida misma. Pero cuando la ley se viola con impunidad, con reincidencia, alevosía y se hace de estos hechos delictivos falsaciones de la voluntad popular para presentarlos como defensa de un régimen, estamos ante el crimen organizado detentando el poder con el terrorismo de Estado.
La situación de Venezuela no es un tema de orden interno, ni siquiera es una cuestión solamente de las Américas, se trata de la prueba terminal para el sistema internacional de las Naciones Unidas, de la Organización de Estados Americanos, del sistema de la Corte Penal Internacional, de la Convención contra la Delincuencia Organizada Internacional, de decenas de tratados contra el crimen, el narcotráfico, la migración ilegal, la trata de personas, el lavado de dinero y más. O el sistema internacional funciona, o cada quien se defiende como puede, o negocia con el crimen organizado sin intermediarios ni dogmas.
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Solo basta observar para darse cuenta que en el siglo 21 hay un muy conveniente doble rasero que beneficia al socialismo del siglo 21 o castrochavisno, con una inexplicable sumisión a la narrativa de la delincuencia organizada liderada por Cuba, extrañamente acompañada por política de organismos internacionales y potencias democráticas.
La situación de Venezuela, en la que un pueblo con extraordinario liderazgo democrático ha derrotado al crimen que detenta el poder en su propio sistema de dictadura electoralista, es un punto de quiebre en la historia de las Américas y del mundo globalizado: o el sistema internacional demuestra su vigencia o será superado por la valentía de un pueblo que no está dispuesto a que lo negocien ni lo traicionen nuevamente.
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La Declaración Universal de Derechos Humanos expresa que es “esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. Ante la falta de protección a la voluntad del pueblo, al cumplimiento de la ley, al respeto de los derechos humanos, a la aplicación de las normas contra la delincuencia organizada, al retardo de justicia en el Tribunal Penal Internacional…y más, la violencia como último recurso para defender la vida y la libertad será inevitable…es solo cuestión de tiempo porque es la historia de la humanidad que siempre ha luchado y vencido por su libertad.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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