
Encontrar un especialista médico en Cuba es como encontrar una aguja en un pajar. No hay ninguno, todos o casi todos se han ido. La dictadura Castro manda a todos sus mejores médicos y especialistas alrededor del mundo, y deja a su pueblo morir languidecer lentamente. Una canallada imperdonable.
Cada embarque de médicos cubanos forma parte de la diplomacia castrista que por más de 60 años ha servido para perpetuar el mito o leyenda urbana de que en la isla están los mejores médicos del planeta. Algunas de estas historias alucinantes del Manual Comunista incluyen la cura contra el cáncer, la primera vacuna contra el COVID y por supuesto la primera vacuna contra el VIH-Sida, porque Cuba es un paraíso y el modelo de la sociedad perfecta, para los revolucionarios que no viven allí.
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Una puñalada a nuestros médicos. Al importar médicos de la isla le cerramos las puertas a nuestros propios médicos que necesitan trabajar, ganar mejores salarios y capacitarse en nuevas áreas de especialización sanitaria. Pero claro, esto no le importa a los caudillos, a ellos solos interesa quedar bien con La Habana.
Recientemente la Vicepresidente del Parlamento Europeo, Dita Charanzová, manifestó que el trasiego de médicos cubanos representa una especie de esclavitud moderna que violenta los derechos humanos. “Viola la legislación internacional de trabajo y perpetúa un sistema de explotación y separación de familias”. La parlamentaria indicó que más del 80% del dinero “solidario” acaba en manos del régimen de la isla, que lleva 63 años en el poder y ni una sola elección libre.
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Se necesitan dos para bailar el tango. La diplomacia de batas blancas necesita de un régimen que explote los derechos humanos y laborales de sus trabajadores y otro que está dispuesto a tener un papel de cómplice en este tipo de acciones enfermizas.
Prioridades. En países “zurdos” como Nicaragua se siguen priorizando a los médicos cubanos por encima de los mal pagados galenos nacionales. Durante la pandemia del COVID, el dictador Daniel Ortega compró vacunas cubanas y rusas no aprobadas por la OMS, para priorizar su militante agenda ideológica por encima de la salud del segundo país más pobre de las Américas.
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Prohibido olvidar. Mientras se recibe alegremente a los médicos cubanos en México, Venezuela y Nicaragua, vale la pena recordar que el régimen de Castro Canel ha condenado a más de 550 manifestantes a más de 4000 años combinados de cárcel u otras medidas punitivas tras las protestas del 11 julio de 2021.
No es saludable que se sigan promoviendo las polémicas brigadas médicas que de solidarias no tienen nada. Valdría la pena pedirles a estos mariachis que llevan la voz cantante de las dictaduras, que al aproximarse el aniversario #11J de Patria y Vida, se le exija a la dictadura de Castro que libere a todos los manifestantes detenidos, porque al igual que la salud, la libertad de expresión y la protesta pacíficas, son también un derecho humano.
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*El autor fue embajador de Nicaragua ante la OEA.
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