No hay bloqueo, hay dictadura

La responsabilidad de la destrucción de Venezuela ha sido y es de Chávez antes y Maduro ahora

El dictador venezolano, Nicolás Maduro
El dictador venezolano, Nicolás Maduro

Para Joseph Goebbels, el tristemente célebre Ministro de Propaganda de Hitler, “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Tal aseveración tiene algo de razón, pero no es una máxima incuestionable. Lo que sí parece ser una práctica constante es la utilización de esa frase por parte de los criminales que, buscando tapar la verdad o disminuir la realidad en la cual ellos son los causantes de las desgracias de los pueblos, mienten, inventan enemigos y echan culpas a factores externos que nada tienen que ver.

Cuando se habla hoy de Venezuela, esa práctica de la retórica falsa de aquellos que ejercen el poder de facto, se ha convertido en el día a día. No es algo nuevo, por supuesto, porque el chavismo desde el primer día “gobernó” echando culpas a terceros, a pesar de haber tenido más poder político, social y económico que cualquier otro gobierno venezolano.

Primero fue “la cuarta república” (término que utilizaron para referirse a los 40 años de democracia continua en Venezuela), luego “el paro petrolero”, más adelante “el imperio estadounidense y la oposición apátrida” y ahora, sin descaro, dicen que es por “culpa de las sanciones”. Así en 22 años, a pesar de haber contado con ingresos mayores al millón de millones de dólares (más que en toda la historia republicana de Venezuela junta) y manejado la totalidad de los poderes públicos por más de una década, el hecho que hayan destruido a Venezuela no es culpa de ellos sino de otros.

Cuando Hugo Chávez llegó al poder, Venezuela producía 3,3 millones de barriles diarios de petróleo y había aproximadamente 57 taladros de perforación operando en el país. En este momento, Venezuela no produce ni 400.000 barriles diarios de petróleo y la cantidad de taladros operando es cero. Eso no es culpa de nadie más que de los corruptos que han ejercido el poder y han convertido una de las industrias petroleras más importantes del mundo, en un cementerio de máquinas que hoy contamina más de lo que produce.

A pesar de todo ello, todavía escuchamos a dirigentes políticos repitiendo la propaganda de la dictadura, sin aportar un dato que lo sustente. Hoy hablan de un bloqueo, cuando no existe en lo absoluto tal cosa contra Venezuela. También hablan de embargos y sanciones como causantes de la Emergencia Humanitaria Compleja, pero no logran explicar cómo, en el año 2016 (antes de las sanciones sectoriales), en Venezuela ya había un 80% de pobreza de acuerdo con la Encuesta Sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) del año 2016.

La producción petrolera en Venezuela se redujo en casi un 90% desde la llegada del chavismo al poder
La producción petrolera en Venezuela se redujo en casi un 90% desde la llegada del chavismo al poder

ANOVA Policy Research publicó, el miércoles 20 de enero, un estudio sobre el impacto de las sanciones financieras internacionales contra Venezuela en el cual se evidencia no solo que el origen de la Emergencia Humanitaria Compleja antecede al inicio de las sanciones sectoriales (agosto 2017), sino que éstas no han tenido impacto demostrable sobre la falta de alimentos y medicinas en Venezuela.

Estos datos ya habían sido demostrados de manera amplia y muy clara por Dany Bahar, José Ramón Morales, Sebastián Bustos y Miguel Ángel Santos en su investigación para Brookings Institute en el año 2019, titulada Impact of the 2017 sanctions on Venezuela Revisiting the evidence, donde señalaron que “entre el 80% y 90% del deterioro que padece Venezuela se había producido antes de las sanciones”.

Las opiniones son debatibles, pero los datos no. Y ahí están los datos que demuestran que la responsabilidad de la destrucción de Venezuela, tanto en los índices sociales y económicos como en sus instituciones democráticas, ha sido y es de Chávez antes y Maduro ahora.

Quienes hablan de “bloqueos” inexistentes, tampoco han podido explicar cómo el régimen de Maduro compró, durante todo el 2020, camionetas último modelos para que los violadores de derechos humanos paseen por las calles del país, que en cada esquina tiene a un niño o un anciano buscando comida en la basura. Tampoco han podido explicar cómo Maduro ha adquirido cada vez más armas desde Irán, ni cómo mantiene el regalo petrolero a Cuba. Mucho menos, han expedido sobre el envío de 700 kilos de “ayuda humanitaria” a Bolivia o 136.000 litros de oxígeno a Brasil. No hay bloqueo, hay dictadura, y una muy cruel.

A esta dictadura no le ha bastado con que la pobreza extrema en Venezuela sea la más grande jamás vista en país, ni los niños muriendo por desnutrición o haber generado la mayor crisis migratoria en la historia de la región. También crearon hace cinco años un cuerpo de exterminio (las FAES) que ha cometido casi 20.000 ejecuciones extrajudiciales. La cifra es aberrante, dolorosa y es una huella lamentablemente imborrable de los tiempos más oscuros de nuestra patria.

En lo que va de año, además, el régimen ha intensificado la persecución contra los dirigentes políticos, los medios de comunicación y las ONG humanitarias que son el único apoyo real que tienen los venezolanos en situación de vulnerabilidad.

Ante tanta miseria, no puede un demócrata callar, ni mucho menos repetir una mentira fabricada por aquellos que se dedican cada día a generar más dolor a un pueblo que ha sufrido más de lo que muchos pueden creer.

Queda claro que la única manera de garantizar que se comience a revertir la Emergencia Humanitaria Compleja en Venezuela, es que se logre una transición democrática que inicie con elecciones presidenciales libres, reales y verificables, y con ello el reingreso del país a los mercados internacionales y el trabajo conjunto con los organismos humanitarios y las ONG que hacen vida en Venezuela.

Con la verdad por delante y con el apoyo del mundo entero, los venezolanos estamos seguros que lograremos rescatar a nuestro país.

*Elisa Trotta Gamus es representante diplomática de la Asamblea Nacional de Venezuela en Argentina