El controversial proyecto “anti-guetos” de Dinamarca que pone un tope del 30% por barrio a vecinos “no occidentales”

El gobierno socialdemócrata presentó un plan a diez años que busca revertir la concentración de inmigrantes en algunos distritos de las principales ciudades del país, para evitar la consolidación de lo que considera “sociedades paralelas”. Los críticos sostienen que la iniciativa es discriminatoria

Vecinos del barrio de Mjølnerparken, considerado uno de los principales guetos de Dinamarca (Creative commons/Nordic Co-operation website/Cecilie Blichfeldt)
Vecinos del barrio de Mjølnerparken, considerado uno de los principales guetos de Dinamarca (Creative commons/Nordic Co-operation website/Cecilie Blichfeldt)

Gueto es una palabra de origen veneciano, que empezó a usarse con su connotación actual a partir de 1516, cuando la Serenísima República de Venecia forzó a toda la población judía de la ciudad-estado a vivir segregada en el barrio de Cannaregio. Hay discrepancias sobre la etimología, pero la principal hipótesis es que gheto, que en idioma véneto significa fundición, fue el término adoptado para definir al área en la que recluyeron a los judíos porque allí había una fundición que hacía cañones.

Desde ese momento, gueto se convirtió en una categoría sociopolítica que define a la marginación de una determinada población —que a menudo comparte rasgos étnicos, religiosos o raciales— en ciertas zonas más o menos delimitadas de una ciudad. Algunos son formales y son casi como prisiones. El ejemplo más extremo son los más de mil que construyeron los nazis para aislar a los judíos en muchos de los países que ocuparon.

El más grande fue el Gueto de Varsovia, en Polonia. Creado en 1940, llegó a albergar hasta casi medio millón de personas hacinadas en un área de poco más de tres kilómetros cuadrados. Para muchas de ellas, el encierro allí fue el paso previo a los campos de exterminio.

La plaza principal de lo que fue el gueto judío de Venecia (Creative commons/Didier Descouens)
La plaza principal de lo que fue el gueto judío de Venecia (Creative commons/Didier Descouens)

Pero también hay guetos informales, que no surgen de una política deliberada del gobierno, y que por ende no tienen contornos ni reglas definidos. El concepto es utilizado desde hace muchos años en Estados Unidos para nombrar a los barrios en los que la gran mayoría de los vecinos son afroamericanos de bajos recursos. Son distritos en los que los índices de pobreza, desempleo y delincuencia suelen ser superiores a los del resto de la ciudad en la que se encuentran.

El uso de la palabra gueto en esos casos es una denuncia. Porque si bien no hay una segregación intencional como hicieron los venecianos y los nazis con los judíos, la marginación se va produciendo de a poco. Por el mercado, que hace impagable la vivienda en las zonas más atractivas y en las que hay más oportunidades laborales. Y por el Estado, que deja de invertir en salud, educación y seguridad en los barrios que fueron abandonados por el sector privado, y que por eso mismo necesitarían mucha más inversión.

En este contexto, lo de Dinamarca es llamativo. Como en Estados Unidos, hay zonas de Copenhague y de otras ciudades en las que se concentra una población de bajos ingresos que comparte una serie de atributos que la diferencia de la mayoría. El factor decisivo no es el color de piel, sino la nacionalidad: muchos son inmigrantes o descendientes directos.

La destrucción del Gueto de Varsovia en 1943 (AP Photo)
La destrucción del Gueto de Varsovia en 1943 (AP Photo)

Pero la anomalía es que es el propio Estado el que designa oficialmente a esos distritos como guetos. Desde 2010 realiza un registro anual de todos los que hay en el país, en el marco de una controversial campaña para combatirlos, con el argumento de que tienen mayores niveles de violencia y de que permiten la construcción de una “sociedad paralela” por parte de las comunidades que los habitan.

“No son guetos en el sentido de, por ejemplo, los afroamericanos de Estados Unidos ni mucho menos los judíos históricos. El nombre se utiliza en Dinamarca para referirse a zonas residenciales vulnerables, similares a las banlieu francesas, con una gran proporción de inmigrantes, con un alto nivel de desempleo y con una elevada incidencia de problemas sociales y de delincuencia”, explicó Per Mouritsen, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Aarhus, consultado por Infobae. “Es en gran medida el resultado de la segregación social normal que produce el mercado de la vivienda: los pobres van a vivir donde pueden, que es donde otros menos pobres ya no desean vivir. Los más pobres son los recién llegados, los desocupados y los enfermos. Las casas de los guetos son exclusivamente viviendas públicas de alquiler subvencionado. El Gobierno se preocupa por estas zonas, porque cree, con razón, que los problemas sociales, sobre todo de los jóvenes, pueden perpetuarse en lugares con presiones negativas de los pares y peores oportunidades”.

Dos hombres posan para una foto en un gueto de Chicago en 1970 (Creative commons/John H. White)
Dos hombres posan para una foto en un gueto de Chicago en 1970 (Creative commons/John H. White)

El gobierno socialdemócrata de la primera ministra Mette Frederiksen anunció semanas atrás un plan aún más ambicioso y discutido: erradicar por completo los guetos en un plazo de diez años, poniendo un tope de 30% por barrio a la población migrante de origen “no occidental”. El proyecto debe ser aprobado por el Parlamento, donde probablemente encuentre buena acogida, ya que la clase política danesa parece acordar en este punto.

Sin embargo, la iniciativa enfrenta una férrea resistencia de los vecinos de esos barrios, que no quieren dejar sus casas. También de académicos y organizaciones de derechos humanos, que denuncian que la medida es discriminatoria y que el resultado va a ser una exclusión incluso mayor de grupos que ya están marginados.

Cartel a la entrada del gueto de Mjølnerparken (Creative commons/Nordic Co-operation website/Cecilie Blichfeldt)
Cartel a la entrada del gueto de Mjølnerparken (Creative commons/Nordic Co-operation website/Cecilie Blichfeldt)

Los guetos en Dinamarca

Los guetos son una manifestación urbana de la desigualdad. Por eso llama la atención su proliferación en Dinamarca. Con una población de 5,8 millones de habitantes, tiene un PIB per cápita de USD 65.800 —séptimo más alto del mundo—, un Índice de Desarrollo Humano de 0,94 sobre 1 —décimo más alto— y un coeficiente de Gini de 0,26 sobre 1, que lo convierte en el octavo país más igualitario de Europa.

Aunque sea muy inferior a la de cualquier nación sudamericana o incluso a la de potencias como Estados Unidos y el Reino Unido, la desigualdad existe en Dinamarca y también genera problemas. Especialmente, cuando la variable distribución del ingreso se combina con la variable origen étnico.

El 11% de los habitantes del país son inmigrantes o descendientes directos. Entre ellos, el 58% son de origen “no occidental”, que según la categorización del Ministerio del Interior es cualquier persona que no provenga de la Unión Europea ni de alguno de los siguientes países: Australia, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Noruega, Nueva Zelanda y Suiza.


Que los miembros de minorías con tradiciones y culturas muy diferentes a las mayoritarias tiendan a vivir cerca es algo lógico. Los seres humanos se sienten más cómodos con quienes comparten un mismo modo de vida. Pero, si a ese fenómeno se suma que pueden tener mayores dificultades económicas, porque no poseen tan buen manejo del idioma, porque quizás no tienen las mismas calificaciones educativas que los nativos y porque ante las mismas condiciones pueden recibir menor remuneración que ellos, se crean las condiciones para la formación de los guetos.

Rasmus Hoffmann Birk es profesor del Departamento de Comunicación y Psicología de la Universidad de Aalborg y se dedica a estudiar el impacto psicológico de las condiciones de vida en las ciudades. “Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre por qué las minorías étnicas se segregan en determinados barrios, una tendencia en toda Europa. Las posibles respuestas son la discriminación, la falta de recursos para entrar en el mercado inmobiliario privado y la existencia de redes sociales previas”, dijo a Infobae.

En concreto, la clasificación oficial define como gueto a cualquier barrio de más de mil habitantes, en el que más de la mitad es de origen no occidental, y que además reúne al menos dos de cuatro requisitos: que más del 40% de los residentes esté desempleado, que más del 60% de los que tienen entre 39 y 50 años carezcan de título secundario, que el promedio de ingresos sea un 55% más bajo que el de la región y que la tasa de criminalidad sea tres veces más alta que la media nacional.

Un cartel que dice Mjølnerparken en una reja (Creative commons)
Un cartel que dice Mjølnerparken en una reja (Creative commons)

Como algunas de las cifras pueden variar de un trimestre a otro no hay un número cerrado de guetos. La estimación del gobierno es que entre 22 y 28 barrios reúnen los requerimientos.

El más conocido es Mjølnerparken, un complejo de viviendas sociales ubicado en el distrito de Nørrebro, en Copenhague. Allí viven unas 2.500 personas y más del 90% son no occidentales. Muchas de ellas son musulmanas, lo que vuelve al contraste cultural incluso más visible, sobre todo por el uso del velo por parte de las mujeres.

“Las zonas que se definen como guetos en Dinamarca son barrios de viviendas públicas sin ánimo de lucro —continuó Hoffmann Birk—. A partir de los años 50, se construyó una gran cantidad, destinadas a la población en general y a proporcionar un hogar para todos. Algunas de estas zonas acabaron estando menos pobladas que otras, por lo que los ayuntamientos derivaban a ellas a quienes carecían de casa por distintos problemas sociales. Esto significó que los desempleados se convirtieran, con el tiempo, en los principales residentes de algunas de estas áreas. A partir de los años 70 y 80, esto también ocurrió con los inmigrantes en Dinamarca, donde las viviendas públicas solían ser una forma fácil y accesible de encontrar un hogar. Desde los años 80 se han producido estos procesos de segregación en los que tanto las minorías étnicas como las personas con diversos tipos de problemas sociales acabaron viviendo en los mismos lugares”.

Edificios de viviendas sociales en Copenhague (Creative commons)
Edificios de viviendas sociales en Copenhague (Creative commons)

Si un barrio permanece durante cuatro años consecutivos en la lista es clasificado como un “gueto severo” y pasa a ser escrutado con mayor atención por parte del gobierno. Cerca de la mitad está en esa categoría.

En un intento de desalentarlos, el Estado dispuso una serie de exigencias especiales para sus residentes y para cualquiera que quiera vivir allí. Por ejemplo, los delitos menores cometidos en esas zonas reciben una penalidad doble a la de cualquier otro lugar. Además, las autoridades pueden desalojar a toda una familia si ocupa una vivienda social y alguno de sus miembros es condenado por algún crimen.

Por otro lado, para forzar la integración de los inmigrantes, los padres están obligados a enviar a sus hijos a guardería desde que cumplen un año, si reciben subsidios y no quieren perderlos. Y los niños deben pasar al menos 25 horas semanales en jardines estatales en los que el cupo máximo para inmigrantes por institución es del 30 por ciento. Entre otras cosas, les enseñan “valores daneses”.

El Palacio de Christiansborg, sde del Parlamento Danés (Ritzau Scanpix Denmark/Philip Davali via REUTERS)
El Palacio de Christiansborg, sde del Parlamento Danés (Ritzau Scanpix Denmark/Philip Davali via REUTERS)

El proyecto anti-guetos

La inmigración es un desafío de difícil resolución en toda Europa, sobre todo por la enorme distancia cultural que hay con muchos de los migrantes que en las últimas décadas empezaron a llegar de África y de Medio Oriente. Dinamarca, que es un país muy liberal y tolerante en términos sociales y políticos, tiene una postura especialmente dura con la inmigración.

El hecho de tener una población nativa muy homogénea, con altos estándares de vida, favoreció que primara una visión restrictiva, compartida por buena parte de la sociedad y de la dirigencia política. El temor a que se pierdan esas condiciones privilegiadas que caracterizan a la vida social en Dinamarca se alimenta con algunas de las imágenes y de los datos que se conocen de los guetos.

“Los guetos han estado en la agenda danesa desde principios de los años 90, cuando varios alcaldes de Copenhague se quejaron del número de inmigrantes y refugiados en sus municipios”, dijo a Infobae Pernille Tanggaard Andersen, profesora de sociología de la salud de la Universidad del Sur de Dinamarca. “Se empezó a hablar todavía más del tema después del discurso de año nuevo del entonces primer ministro Anders Fogh Rasmussen en 2004, en el que dijo: ‘Muchos años de política exterior fallida han creado guetos de inmigrantes, donde los hombres están desempleados, las mujeres están aisladas y las familias sólo hablan la lengua de su país de origen (...). Las formaciones de guetos conducen a la violencia, la delincuencia y al enfrentamiento’”.

La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen en el Palacio de Christiansborg en Copenhague, el 22 de marzo de 2021 (Ritzau Scanpix/Philip Davali vía REUTERS)
La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen en el Palacio de Christiansborg en Copenhague, el 22 de marzo de 2021 (Ritzau Scanpix/Philip Davali vía REUTERS)

El discurso dominante durante muchos años fue que había que integrar a los inmigrantes, para que vivan como el resto de los daneses. Pero desde hace un tiempo se habla más de asimilación, lo que podría considerarse una integración forzada.

El cambio de gobierno que se produjo a mediados de 2019 confirmó que esta es una política de Estado que no distingue mucho entre los colores partidarios. Una coalición de centroderecha, que incluía al radicalizado Partido Popular Danés, cedió el poder a un frente de centroizquierda liderado por los Socialdemócratas de Frederiksen.

El único giro con el cambio de gobierno fue discursivo: Frederiksen considera que debe dejar de hablarse de guetos, porque es un concepto que estigmatiza a sus habitantes. Pero los planes para modificar profundamente su fisonomía se aceleraron.

Vecinos del barrio de Mjølnerparken, considerado uno de los principales guetos de Dinamarca (Creative commons/Nordic Co-operation website/Cecilie Blichfeldt)
Vecinos del barrio de Mjølnerparken, considerado uno de los principales guetos de Dinamarca (Creative commons/Nordic Co-operation website/Cecilie Blichfeldt)

“La fuerza motriz de todo esto es el populismo antiinmigrante, introducido por Partido Popular Danés la década de 1990″, sostuvo el sociólogo John Andersen, profesor del Departamento de Personas y Tecnología de la Universidad de Roskilde, en diálogo con Infobae. “El apoyo electoral a esta fuerza creció y algunos de los partidos mayoritarios, incluido el Socialdemócrata, adoptaron en parte la retórica antimusulmana y antiinmigrante. Entonces, los guetos pasaron a ser vistos como epicentros de la no integración. Pero creo que el plan no se aplicará en su totalidad debido a la creciente resistencia de los movimientos locales de base, de las Naciones Unidas y de organismos de derechos humanos, y porque será demasiado caro. La batalla acaba de comenzar”.

En enero de 2020, el Gobierno anunció que no permitiría que más del 40% de las propiedades en estos barrios sean viviendas sociales. Como en muchos lugares ese umbral se supera holgadamente, la intención es ir vaciando progresivamente muchas de las unidades para convertirlas en proyectos privados.

Un año y tres meses después, Kaare Dybvad Bek, ministro del Interior, anunció el proyecto de ley que determina que en los barrios antes designados como guetos los residentes de origen inmigrante “no occidental” no podrán representar más del 30 por ciento. “Un número muy elevado incrementa el riesgo de que surjan sociedades religiosas y culturales paralelas”, afirmó el ministro para justificar la iniciativa.

El objetivo de todas estas medidas es, según el discurso oficial, evitar que haya ciudadanos daneses creciendo en comunidades cerradas, con sistemas de valores diferentes a los dominantes en el país. Por eso se apunta a romper esas estructuras comunitarias, esparciendo a las familias “no occidentales” para que interactúen con familias “occidentales”, y buscando que esos niños pasen la mayor cantidad de tiempo posible con niños de otros orígenes.

(Creative commons)
(Creative commons)

Hay bastantes evidencias de que la proliferación de comunidades cerradas puede ser un problema si lo que se busca es vivir en una sociedad abierta de la que todos se sientan parte. También está estudiado que favorece la reproducción de la desigualdad que los ricos vivan en una burbuja y los pobres en otra, sin interacciones sostenidas.

Pero las medidas son muy controversiales porque buscan lograr sus objetivos a la fuerza. En vez de pensar en sistemas de incentivos para que las familias opten por integrarse porque les conviene, van por la vía de los hechos consumados. El riesgo, entonces, es que el resultado sea exactamente el contrario al esperado. Que las comunidades afectadas se sientan atacadas y reaccionen cerrándose aún más, y que crezca el resentimiento en lugar del deseo de ser parte de la sociedad danesa.

“Salvo algunas excepciones, las investigaciones no sugieren que los inmigrantes musulmanes, en particular los de segunda generación, sean drásticamente diferentes en cuanto a los valores daneses, sobre todo cuando llevan un tiempo en el país. Aunque hay problemas de radicalización en Dinamarca, como en otros lugares, esto no es realmente una cuestión de dónde vive la gente. Aun así, este gobierno, como el anterior, tiene razón en preocuparse por estas áreas y en tratar de remediar los problemas de delincuencia juvenil y educación. Primero, debería revertirse el aumento de la pobreza. Segundo, no deberían crearse más estas áreas de viviendas sociales, en particular con esta arquitectura funcionalista y brutalista. Es una cuestión abierta si algunos de los peores lugares deberían ser erradicados, algo que sería muy caro. Tercero, la lista de guetos y el doble castigo son malas ideas, ya que crean una mayor estigmatización y resentimiento local”, concluyó Mouritsen.

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