Xi Jinping y Ren Zhengfei, fundador de Huawei, aliada estratégica del régimen de China
Xi Jinping y Ren Zhengfei, fundador de Huawei, aliada estratégica del régimen de China

Con lo bueno, lo malo y lo peor, Huawei es China. Nadie duda de  la eficiencia de sus smartphones y la fascinación que provocan. Su tecnología y sus cámaras son únicas. "Inspiradas" en competidores, sí, aunque superadoras. Sus diseños, cautivan. Casi que enamoran. Pero así como el país genera asombro a cada paso por su inabarcable cultura milenaria y su lumínica expansión arquitectónica, también proyecta oscuridades. Son las que provienen, sobre todo, de su gobierno central. Y la empresa permanece atada a esa lógica.

Los lazos entre ambas partes son férreos. Indestructibles. Beijing es el principal defensor de la compañía. Su PR en todo el globo. Parte de su diplomacia está abocada a sostener a la corporación fundada en 1987 por el militar Ren Zhengfei. Lo hace al extremo de enfrentarse con grandes potencias con tal de que el  ascenso y la influencia de su diamante estratégico sean continuos.

Hoy, Xi Jinping despliega esfuerzos en dos frentes: por un lado, presiona a Canadá por la detención de Meng Wanzhou, hija del creador de la firma. Está detenida en Vancouver por haber evadido -como directora financiera- sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro norteamericano a Irán; por el otro, el Estado lanzó una campaña de influencia para que la tecnológica se apropie de las redes de 5G en Europa, América Latina, Oceanía, África y Asia. Para conseguirlo enfrenta a los Estados Unidos en todos los frentes.

Tal es su poder de "persuasión" que es difícil encontrar noticias negativas sobre la marca cuando se tipea su nombre en buscadores como Google. Muchos viven felices al amparo de su generosidad.

El 5G es quizás el punto más sensible que une a ambas partes. Por ley las empresas de aquel país tienen la obligación de acoger a un miembro del Partido Comunista Chino (PCC) en su directorio. Es una realidad de la cual la compañía no puede desentenderse. De lograr los permisos para expandir su propia red en gran parte del planeta, el régimen de Jinping tendría acceso -si así lo quisiera- a infinitos datos no solo de usuarios, sino de empresas, organizaciones y hasta de Gobiernos.

¿Existen en China contrapesos institucionales con la suficiente fuerza como para impedirle a Beijing y al partido único utilizar a gusto esa información tan crítica? La pregunta tiene una clara respuesta.

Préstamos tentadores… y tóxicos

La solvencia económica de la nación asiática es abrumadora. En los últimos veinte años el Producto Interior Bruto (PIB) creció a niveles titánicos. En 2007 trepó hasta el 14,2 por ciento. Durante dos décadas su promedio fue de 9,4 por ciento. Si bien en los últimos tres mostró una desaceleración, sus índices permanecen muy saludables. Fue así que comenzó a observar nuevos mercados para conquistar. Pero no solo económico, sino, incluso, políticamente.

La estrategia se centró en Gobiernos débiles. Destinó miles de millones de dólares a aquellas administraciones con problemas de caja y con poca proyección de futuro. Algunas de ellas, también, con pocos escrúpulos. No está claro si para algunos líderes lo tentador de la propuesta fue el queso o la trampa.

Los préstamos ofrecidos a Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, por ejemplo, no fueron gratis. A cambio se aseguraron grandes recursos naturales o estratégicas bases militares de observación. ¿O espionaje? Similares artes milenarias se ejecutan con precisión en África. En un futuro próximo, la presión se ejercerá para permitir el tendido de su propia red de 5G en estas dos regiones necesitadas. Huawei sería el actor principal de este inapreciable avance. Los favores -y las deudas- deben saldarse.

Guerra comercial

Sin embargo, esa economía vigorosa podría padecer anemia. Esta conllevaría a una crisis profunda en el sistema supercapitalista con control comunista. Sucedería si la guerra comercial o de aranceles con los Estados Unidos continúa su marcha.

Al día siguiente a esta declaración, el diario The Wall Street Journal informó que en el G20 -en Osaka, JapónJinping le plantearía a Donald Trump la necesidad que tiene de que Washington levante las sanciones contra la empresa china y permita que firmas norteamericanas le vendan materiales claves para su supervivencia. Depende de que la cumbre entre ambos se concrete… además de que la Casa Blanca acepte las condiciones. ¿Qué pedirá a cambio?

Unidos por el ejército

Huawei lleva una impronta militar indiscutible. Su fundador, Zhengfei fue miembro del Ejército Popular de Liberación durante décadas. En 1978 se unió al Partido Comunista. En la fuerza, trabajó siempre en el área de innovación y ciencia, su gran pasión, donde se destacó hasta que cumplió su ciclo. En 1982 se radicó en la provincia de Shenzhen, cerca del mayor centro financiero de Asia, Hong Kong. Cinco años después concretaría su sueño.

Pero su amor por el Ejército no mutó y la colaboración fue permanente entre ambos actores. De acuerdo con una investigación hecha por Bloomberg, el acuerdo involucra investigaciones en las que participan empleados de la corporación y uniformados.

"Durante la última década los trabajadores de Huawei han formado equipo con miembros de varios órganos del Ejército Popular de Liberación en al menos diez emprendimientos de investigación que abarcan desde inteligencia artificial hasta comunicaciones por radio", advierte el medio. "Incluyen un esfuerzo conjunto con la rama de investigación de la Comisión Militar Central -el órgano supremo de las fuerzas armadas- para extraer y clasificar las emociones en los comentarios de video online y una iniciativa con tecnología de élite de la Universidad Nacional de Defensa para explorar formas de recopilación y análisis de imágenes de satélite y coordenadas geográficas". Llamativa comunión que voceros de la compañía se apresuraron en desmentir.

Presión sobre Canadá

Cuando el 1 de diciembre de 2018 autoridades canadienses anunciaron que habían detenido a la Chief Financial Officer (CFO), la industria digital tembló. Meng Wanzhou era solicitada por la Justicia norteamericana por haber transgredido las sanciones impuestas a la teocracia iraní. Estaba acusada de triangular transacciones para evitar que se detecte la violación a las amonestaciones contra el régimen de Teherán.

Beijing tomó el asunto como algo personal. Acusó al Gobierno del primer ministro Justin Trudeau de haber lanzado una "persecución política" y respondió en consecuencia. Detuvo a cuatro ciudadanos canadienses en su territorio. A dos los acusó de espionaje. A los otros dos, de comercio de drogas. Están detenidos en cárceles secretas sin derecho a defensa, algo usual en el sistema jurídico comunista.

No solo ello. El contraataque chino también golpea las cuentas corrientes de su ex socio. El martes pasado resolvió suspender toda importación de carne proveniente de Canadá lo que golpeará en la industria por un total de 500 millones de dólares. Además, un barco con aceite de canola navega sin precisión por el puerto de Xiamen desde hace un mes. Va y viene. Es inspeccionado por personal chino sin que se le permita amarrar y descargar sus contenedores. Partió de Vancouver el pasado 7 de mayo. Será el último de su tipo que se aproxime a las costas chinas. Daños colaterales inesperados de un proceso judicial. O simples favores de un socio… hacia otro.

Twitter: @TotiPI.

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