Theresa May (Reuters)
Theresa May (Reuters)

Theresa May intenta aferrarse a su puesto y al preacuerdo sobre el Brexit alcanzado esta semana con Bruselas, cuando comienzan a sentirse las turbulencias en su gabinete.

Esa es la idea que dejó la conferencia de prensa del jueves, en la que la primera ministra buscó mostrar firmeza y decisión ante un gobierno en franca rebelión. En varias oportunidades insistió en que el actual es el mejor pacto posible y mantuvo que la alternativa sería "ningún pacto" o que "no haya brexit".

Las primeras cuatro renuncias de su gabinete, sin embargo, dan cuenta de un cuestionamiento a su liderazgo que podría crecer en las próximas horas en el seno de su propio partido. En efecto, su puesto al frente del Partido Conservador británico está en peligro.

El mecanismo para que esa destitución se lleve adelante se llama "moción de censura". Para que el proceso comience, se necesita que un 15% de los diputados de los conservadores lo soliciten, es decir, del total de 315, serán necesarios 48 parlamentarios.

Deberán hacerlo a través de cartas que se entregan a Graham Brady, presidente del denominado Comité 1922 del partido, compuesto por 18 miembros y en el que están representados aquellos parlamentarios que no forman parte del Ejecutivo.

De acuerdo con el diario El País, algunos diputados euroescépticos ya han presentado las cartas, sobre todo a raíz del anuncio de dimisión del ministro del Brexit, Dominic Raab.

Sin embargo, la única persona que sabe exactamente cuántas peticiones de moción de censura se han entregado por el momento es el propio presidente del Comité 1922, Brady.

Theresa May saliendo de Downing Street (AP)
Theresa May saliendo de Downing Street (AP)

Cuando la moción de censura se activa, todos los diputados conservadores tienen derecho a votar sobre el tema. Para no ser destituida, May necesitaría tan solo una mayoría simple del total de votos emitidos. Si todos depositasen su papeleta, la cifra de la supervivencia política estaría en 158 votos. Si la actual líder supera la moción, no podría ser sometida a otra en los 12 meses posteriores.

Si pierde, en cambio, May estaría obligada a dimitir y, además, tendría prohibido postularse como candidata en el proceso de elección de nuevo líder. Quien la reemplazase al frente de los conservadores se convertiría de forma directa en jefe de Gobierno y no habría convocatoria automática de elecciones.

Tras la moción de censura, podría darse el caso de que se presenten varios candidatos, por lo que los diputados votarían en secreto para ir reduciendo el número de contendientes de forma progresiva: en cada ronda se caería de la competición el candidato con menos votos. El proceso se repetiría sucesivamente, hasta que solo quedasen dos. El ganador saldría de una votación más amplia, en la que participan todos los miembros del Partido con al menos tres meses de militancia.

Se trata del mismo proceso que se siguió cuando David Cameron dimitió como líder del Partido Conservador y primer ministro tras la victoria del "Sí" en el referéndum sobre el Brexit, en 2016. Los diputados fueron limando la lista hasta dejar a la propia Theresa May y a la ministra Andrea Leadsom. Esta última se retiró antes de la votación y May se convirtió en líder sin oposición.

Actualmente, existe una larga lista de candidatos que podrían suceder a Theresa May, pero no parece haber aún un favorito claro. Algunos analistas estimaban que, con su renuncia el jueves, Dominic Raab podría posicionarse como un serio candidato a suceder a May.

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