Pobladores de Quechultenango, Guerrero, encapsularon a militares y elementos de la GN

Los locatarios denunciaron presuntos actos de allanamiento y robo por parte de los elementos de la Sedena

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Pobladores encapsularon a los elementos de seguridad (Foto: TW juanmolinamer)
Pobladores encapsularon a los elementos de seguridad (Foto: TW juanmolinamer)

Locatarios del municipio de Quechultenango en Guerrero, protestaron en el acceso principal de la cabecera municipal para denunciar que elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) estaban cometiendo presuntos abusos en su contra.

Medios locales informaron que los pobladores recurrieron a encapsular a los agentes de seguridad y dentro de las exigencias se encontraba que se retiraran las fuerzas armadas de la zona. Ello, después de que los elementos hubieran realizado un operativo de tres días y supuestamente allanaran algunas casas.

Los protestantes ahondaron que los militares llegaron al municipio, el cual está dominado por el grupo criminal de Los Ardillos, con supuestas órdenes de cateo y empezaron a presuntamente sustraer dinero y joyas de los domicilios a los que accedieron.

Se mencionó que el argumento otorgado por los agentes fue que estaban en la búsqueda de supuestas armas e intentando capturar a algunas personas acusadas de cometer diversos actos ilícitos.

Ante toda esta situación, los pobladores retuvieron durante la tarde de este miércoles a aproximadamente 30 elementos del Ejército Mexicano y a la Guardia Nacional, además de 20 empleados de la Fiscalía General del Estado.

Los militares fueron escoltados a la salida (Foto: TW Aztecanoticias)
Los militares fueron escoltados a la salida (Foto: TW Aztecanoticias)

En este sentido, los demandantes señalaron que dejarían ir a los encapsulados cuando estos estuvieran de acuerdo en irse del municipio y dejar tranquila la localidad. Tras esto, los locatarios acompañaron a los militares a la entrada del poblado y los corrieron, mientras que ahondaron en las irregularidades que cometieron durante su estancia.

El estado de Guerrero —en la Costa del Pacífico— es un territorio salvaje, donde varios grupos de narcotraficantes aterrizan a plena luz del día, campan por respeto, y aterrorizan a la población. Una de esas células conocida como Los Ardillos se apoderó desde hace años de las comunidades de Chilapa y Joaquín Herrera.

Los testimonios de estas zonas señalan un extremo muy preocupante, de sobra conocido por todas las autoridades: los narcos han comenzado a levantar a gente para engrosar sus filas. El diario Milenio ha documentado que tan sólo en los primeros días del pasado mes de diciembre, tres indígenas nahuas fueron desaparecidos.

Los habitantes refieren que fue desde 2016 cuando comenzaron a cooptar a las comunidades. Se apoderaron de rutas y ejidos e instalaron sus laboratorios y plantíos.

Los pobladores se han organizado para vigilar (Foto:REUTERS/Alexandre Meneghini)
Los pobladores se han organizado para vigilar (Foto:REUTERS/Alexandre Meneghini)

Las labor de la policía y la fiscalía es difícil ya que varios agentes han decidido abandonar el área. Por ello, los pobladores han instalado retenes, campamentos y puntos de observación.

Guerrero — con 3,533 millones de habitantes— no ha logrado contener las embestidas del narco. Los asesinatos, secuestros y extorsiones se han sucedido en uno de los principales canales de paso para la distribución de marihuana y opio. En un informe publicado por The International Crisis Group sobre la situación de violencia en el estado, se informa que al menos 40 grupos luchan por un diverso portafolio criminal con altísimas tasas de impunidad.

La proliferación de organizaciones criminales en el estado, se remontan a la muerte del capo mexicano, Arturo Beltrán Leyva en 2009, que supuso un golpe certero al avispero. Algunos de los viejos secuases del cabecilla de los Beltran Leyva se fueron por un lado, otros por otros. De ahí surgieron Los Rojos, luego Los Jefes.

Los Ardillos, en cambio, son una banda de secuestradores venidos a más. A su primer líder, Celso Ortega, le llamaban La Ardilla. Su hijo fue diputado local por el PRD.

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