Gaviotas contra ballenas en Patagonia: por qué las acosan

Científicos de Argentina, Brasil, Reino Unido y Estados Unidos, analizaron fotos de los picotazos de las aves en Península Valdés durante casi tres décadas. Qué implican sus resultados y el de otro equipo que estudió el ADN de las gaviotas

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Las gaviotas cocineras dan picotazos a la ballena franca austral, que llega cerca de la costa de Península Valdés, en Chubut, Argentina. Les arrancan piel e incluso grasa de los mamíferos/Mariano Sironi -ICB
Las gaviotas cocineras dan picotazos a la ballena franca austral, que llega cerca de la costa de Península Valdés, en Chubut, Argentina. Les arrancan piel e incluso grasa de los mamíferos/Mariano Sironi -ICB

La especie de ballena franca austral habita desde su origen en mares del hemisferio sur. La gaviota cocinera también es nativa de esta parte del mundo, aunque vuela o camina en zonas costeras y marinas, puede llegar hasta los bosques y la estepa. Las dos especies han convivido por miles de años en equilibrio, pero en Península Valdés, al este de la provincia de Chubut, en la Patagonia argentina, han entrado en “tensión”. Las gaviotas acosan a las ballenas y a sus crías.

Con sus picos, las aves logran arrancar pequeños trozos de piel e incluso grasa de los mamíferos. Ejercen una “alimentación parásita”, que genera lesiones y estrés, especialmente en las crías.

Un nuevo estudio, que fue publicado en la revista Biology Letters, de The Royal Society del Reino Unido, sugiere que los picoteos de las gaviotas podrían generar un impacto negativo en la población de ballenas.

Implicaría que las lesiones en el cuerpo causadas por las gaviotas disminuyen los niveles de supervivencia de sus crías y así se podría alterar el crecimiento poblacional de las ballenas a largo plazo. Aunque las gaviotas pueden parecer como las villanas, las razones del aumento de sus picoteos son mucho más complejas.

La ballena franca austral habita una amplia franja que va de los 20° a los 60° de latitud en los océanos Pacífico sur, Atlántico sur e Índico sur. Usan el área de Península Valdés para aparearse, dar a luz y amamantar/Darío Podestá / Argentina Photo Workshops
La ballena franca austral habita una amplia franja que va de los 20° a los 60° de latitud en los océanos Pacífico sur, Atlántico sur e Índico sur. Usan el área de Península Valdés para aparearse, dar a luz y amamantar/Darío Podestá / Argentina Photo Workshops

Los seres humanos han realizado acciones, como la instalación de basurales urbanos y los derivados del descarte pesquero a cielo abierto en el centro y el norte de la Patagonia. De esta manera, habrían favorecido que las aves accedan a más alimento (porque también ingieren descartes pesqueros) y aumenten sus poblaciones durante las últimas décadas. Esto podría haber facilitado que haya más ejemplares, y que algunos de ellos acosen a las ballenas, según los científicos que fueron entrevistados por Infobae.

Pero las gaviotas también se han visto perjudicadas por otra decisión humana. Se instaló un nuevo tipo de basural en el que se entierran los desechos urbanos no reciclables. Ese sitio atrae un gran número de gaviotas que alcanzan a comer antes de que se cubra la basura.

Otra investigación, que fue realizada por científicos del Centro Para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR) del Conicet y la Universidad de Chubut, reveló que las aves han pasado recientemente a ingerir esos restos de basura urbanos no reciclables y ahora tienen malformaciones que expresan daño en su ADN. El hallazgo fue publicado en la revista Science of the Total Environment.

Cómo se detectó el acoso a las ballenas

Un estudio publicado en Biology Letters determinó que el porcentaje de madres y crías de ballenas con lesiones causadas por gaviotas aumentó del 2% en la década de 1970 al 99% en la década de 2000/Macarena Agrelo
Un estudio publicado en Biology Letters determinó que el porcentaje de madres y crías de ballenas con lesiones causadas por gaviotas aumentó del 2% en la década de 1970 al 99% en la década de 2000/Macarena Agrelo

La ballena franca austral es una especie que está en zonas de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico. Su nombre científico es Eubalaena australis. Su población en el Océano Atlántico Sudoccidental se ha estado recuperando tras enfrentar cuatro siglos de matanzas por parte de embarcaciones que venían desde Portugal, España, Francia, Estados Unidos, Inglaterra y la ex Unión Soviética, como lo demostró la primera reconstrucción histórica de las capturas de la ballena franca austral que fue publicada en la revista especializada Scientific Reports.

Entre junio y noviembre de cada año alrededor de 1.000 ejemplares de ballenas llegan a la Península Valdés para reproducirse. Durante su estadía, las hembras dedican la mayor parte del tiempo a descansar y amamantar a sus crías recién nacidas.

Pero los picotazos de las gaviotas interrumpen esas actividades y hacen que las ballenas naden a mayores velocidades o hayan pasado a practicar “respiración oblicua”. Consiste en emerger del agua en posición inclinada sacando solo la cabeza y los espiráculos para respirar, pero manteniendo el lomo sumergido. Esos cambios demandan más gasto energético a los mamíferos.

Como las ballenas adultas adoptaron comportamientos evasivos para evitar el acoso, las gaviotas comenzaron a dirigir más sus ataques a las crías/Nicolás Lewin
Como las ballenas adultas adoptaron comportamientos evasivos para evitar el acoso, las gaviotas comenzaron a dirigir más sus ataques a las crías/Nicolás Lewin

Los picotazos fueron reportados por primera vez en el Golfo San José en la década de 1970 y luego fueron extendiéndose hacia toda el área costera de Península Valdés.

El estudio mencionado que fue publicado en Biology Letters fue llevado a cabo por científicos del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Federal de Santa Catarina, en Brasil, la Universidad de Plymouth en el Reino Unido, la organización Ocean Alliance y la Universidad de Utah, en los Estados Unidos.

Estudios anteriores habían permitido detectar a través del análisis de fotos tomadas durante los relevamientos aéreos que el porcentaje de ballenas madres y sus crías con lesiones causadas por gaviotas aumentó del 2% en la década de 1970 al 99% en la década de 2000.

Se encontraron 672 ballenas muertas entre 2003 y 2013. U 91% eran crías de menos de tres meses/Jorge Barone
Se encontraron 672 ballenas muertas entre 2003 y 2013. U 91% eran crías de menos de tres meses/Jorge Barone

Al principio, los ataques se focalizaban principalmente en las madres con cría. Rara vez se observaban sobre las crías. Luego, los ballenatos recién nacidos se convirtieron en el principal objetivo: se registró un aumento de la gravedad y tamaño de las heridas, según el nuevo estudio.

Es probable que ese cambio se deba a que los adultos adoptaron estrategias comportamentales evasivas, como por ejemplo la posición de galeón (con la espalda arqueada en forma de U) o la respiración oblicua. Por ese motivo, las gaviotas comenzaron a dirigir más sus ataques a las crías, que permanecen más tiempo en superficie y tienen menos experiencia en técnicas evasivas.

Los monitoreos sistemáticos de la interacción entre los animales desde el año 1995 permitieron detectar que las ballenas en las aguas costeras de Península Valdés pasan al menos el 24% de las horas de día huyendo de las molestias inducidas por las gaviotas.

Se determinó que la gravedad de las lesiones en las crías de ballenas fue 10 veces mayor entre 1996 y 2011 comparado con el período de 1974 a 1995 (cuando las madres eran el blanco de ataque)/Nicolás Lewin
Se determinó que la gravedad de las lesiones en las crías de ballenas fue 10 veces mayor entre 1996 y 2011 comparado con el período de 1974 a 1995 (cuando las madres eran el blanco de ataque)/Nicolás Lewin

Entre 2003 y 2013, se registraron 672 ballenas muertas, de las cuales un 91% eran crías de menos de tres meses. Nunca antes se había registrado una situación similar.

“El estrés fisiológico provocado por las lesiones de las gaviotas y la demanda energética resultante podría estar contribuyendo a la disminución en la supervivencia de las crías”, contó a Infobae la bióloga Carina Marón, quien fue una de las coautoras.

A mediados de la década de los noventa, todas las crías de ballena franca austral identificadas en Península Valdés ya presentaban lesiones provocadas por las gaviotas. Pero la gravedad de las lesiones en las crías fue aproximadamente 10 veces mayor entre 1996 y 2011 (cuando las crías eran su blanco de ataque preferido) comparado con el período de 1974 a 1995 (cuando las madres eran el blanco de ataque).

Para cuidar a las crías de ballenas, se debería mejorar la regulación de los basurales y de las pesquerías/
Para cuidar a las crías de ballenas, se debería mejorar la regulación de los basurales y de las pesquerías/

Fue precisamente en los años noventa cuando se abrieron los basurales a cielo abierto con descartes pesqueros. “Hay evidencias científicas que sugieren que la población de gaviotas creció a partir de la disponibilidad de más comida por la existencia de basurales. Por otra parte, hemos encontrado pruebas que indican que las crías de ballenas reducen su supervivencia como consecuencia de los picoteos de las gaviotas. Aún falta hacer un estudio que aporte pruebas directas entre la existencia de los basurales y las consecuencias para las crías de las ballenas”, señaló la doctora Marón.

La probabilidad de supervivencia de las crías disminuyó a partir de que las gaviotas las prefirieron como su blanco de ataque. Según los investigadores, el aumento de la gravedad de las lesiones influyó en que se redujera la supervivencia de las crías de ballenas.

“Encontramos una marcada disminución en la supervivencia del primer año asociada con un aumento en la gravedad de las heridas acumuladas en los primeros tres meses de vida. Nuestro análisis apoya estudios recientes que indican que el acoso de las gaviotas en Península Valdés puede afectar a la dinámica de la población de la ballena franca austral”, escribieron.

Otro estudio realizado por investigadores del Conicet evaluó cómo los cambios en la gestión de los residuos alteró la alimentación de las gaviotas y dejó secuelas/
Fedaro/Wikipedia
Otro estudio realizado por investigadores del Conicet evaluó cómo los cambios en la gestión de los residuos alteró la alimentación de las gaviotas y dejó secuelas/ Fedaro/Wikipedia

Hay soluciones posibles para el problema. De acuerdo con Marón, “se debería mejorar la regulación de los basurales y de las pesquerías para proteger a las ballenas que llegan a Península Valdés. También se debería continuar con el monitoreo científico de ambas poblaciones lo que permitiría evaluar medidas de manejo, y se debería considerar que el ataque de las gaviotas no es el único factor de amenaza para las ballenas. El cambio climático reduce la disponibilidad de alimento, como el krill, y algunas ballenas se han visto con heridas por colisiones o por enmallamientos en redes de pesca”.

Qué comen las gaviotas cocineras

Las gaviotas no solo comen piel y grasa de las ballenas. También “se alimentan de caracoles, copépodos, cangrejos, peces que pescan directamente o roban a otras especies de aves o consumen de los descartes pesqueros. Pueden ser depredadores de huevos y pichones de otras especies de aves y comen basura”, explicó a Infobae el biólogo del Conicet Marcelo Bertellotti, quien fue uno de los coautores del trabajo publicado en Science of the Total Environment.

Gaviotas cocineras se alimentan en basural a 35 kilómetros al sur de Puerto Madryn/Marcelo Bertellotti/Conicet
Gaviotas cocineras se alimentan en basural a 35 kilómetros al sur de Puerto Madryn/Marcelo Bertellotti/Conicet

“Son grandes sobrevivientes, oportunistas y generalistas en su dieta y estrategias de alimentación”, agregó. Con un subsidio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, su grupo de investigación encontró que la dinámica de la gestión de residuos urbanos en el Norte de Patagonia, incluyendo Península Valdés, se transformó en la última década.

Como consecuencia, “las gaviotas modificaron sus movimientos”. El alimento disponible para las aves pasó de ser una mezcla de descartes urbanos y pesqueros hasta 2015, cuando se cerró el basural, a ser basura urbana doméstica.

Bertellotti y sus colaboradores hicieron un análisis de muestras de sangre de 58 de gaviotas adultas que fueron tomadas en dos períodos en basurales con diferentes composiciones de residuos: un vertedero mixto en 2013 antes del cierre frente al basural urbano en 2021. Encontraron que los animales mostraban altos valores de anormalidades en comparación con otras especies de aves marinas.

A pesar del actual manejo, el vertedero actual aún atrae un gran número de gaviotas que alcanzan a comer antes de cubrir la basura. “Por el tipo de comida que ingieren de ese nuevo basural, estas gaviotas tienen malformaciones en los núcleos de sus glóbulos rojos, manifestando genotoxicidad o daño en el ADN”, afirmó Bertellotti. Una solución podría ser mejorar la eficiencia en el enterramiento de la basura.