
El terremoto en Turquía y Siria del pasado 6 de febrero mató a miles de personas —más de 45.000— y afectó a millones más. También dejó una devastación inimaginable, con enormes cantidades de escombros de edificios y carreteras derrumbados.
Se calcula que este material pesa hasta 210 millones de toneladas, suficientes para cubrir Washington D.C. a metro y medio de profundidad, o para construir un montículo tan alto como el monte Erciyes, un gran volcán de Turquía, según una nota de la revista Scientfic American que analizó el impacto medioambiental del sismo.
La prestigiosa publicación científica estadounidense asegura que retirada de escombros puede constituir alrededor de un tercio de los costes de recuperación tras una catástrofe y durar meses o años. Supone, además, varios riesgos, ya que la necesidad de limpiar rápidamente y los elevados costes de las operaciones de desescombro pueden llevar a cometer muchos errores con peligrosas consecuencias.

Es que en Turquía, entre los residuos de la construcción de los edificios caídos hay amianto y otras sustancias químicas nocivas, junto con electrodomésticos y aparatos electrónicos. La población y los grupos ecologistas han expresado su preocupación por los peligros potenciales que esconden estas montañas de escombros, parte de los cuales se han vertido en zonas residenciales, campos de cultivo, cauces de ríos o reservas naturales.
“Cuando no se gestionan adecuadamente, los vertederos sin revestimiento, los ríos, las costas u otras zonas abiertas pueden convertirse en vertederos de materiales potencialmente peligrosos. Esto contribuye a la contaminación del agua y el suelo, altera el caudal de los ríos y supone una enorme amenaza para la vida humana, vegetal y animal”, afirma Scientfic American.
Para evitar mayores problemas medioambientales, durante las primeras 24 a 72 horas donde colocar los escombros a corto plazo es una decisión fundamental. A continuación se pasa a la recogida, transportando los escombros a zonas de acopio temporales. El último paso es la eliminación, con múltiples aspectos como la clasificación y separación, el reciclaje, el vertido en zonas designadas, la incineración, etc.

Según el informe de Scientfic American, hay tres pasos clave para mejorar la eficiencia y eficacia de las actividades de gestión de escombros y limitar las consecuencias medioambientales: planificación; tecnología y/o toma de decisiones basada en datos en la ejecución; y supervisión.
“Es esencial un ‘enfoque sistémico’ que tenga en cuenta los vínculos y el impacto en cascada de decisiones que van desde la planificación hasta la logística de la ejecución”, escribe la revista.
En ese sentido, el gobierno turco anunció sus planes de gestión de escombros mencionando la separación, el reciclaje, la reutilización para la construcción o la eliminación adecuada de los escombros. Sin embargo, la ejecución de estos planes ha sido un reto.
Por eso, Scientfic American destaca la importancia de los datos y la tecnología, que permite recopilar y compartir datos o cartografiar el estado de una zona, para ayudar a evaluar el tipo, la cantidad y la ubicación de los escombros tras una catástrofe.
Sin embargo, en muchas zonas vulnerables del mundo no se dispone de este tipo de herramientas o tecnología, por lo que la colaboración entre naciones, gobiernos y organizaciones no gubernamentales es un factor clave que podría beneficiar significativamente los esfuerzos de planificación y reducir el impacto negativo de futuras catástrofes.
Seguir leyendo:
Últimas Noticias
De osos a pumas: cómo los humanos influyen en el comportamiento de los grandes carnívoros en América del Norte
Dos estudios publicados en Current Biology muestran que estos depredadores anticipan la presencia de personas y adaptan sus desplazamientos para evitarla, un hallazgo que los investigadores vinculan con la escasa frecuencia de conflictos

Un estudio advierte que las olas de calor marinas ya afectan la salud humana
La investigación publicada en Nature Sustainability señala que el calentamiento oceánico extremo puede agravar tormentas, comprometer la alimentación y afectar el bienestar emocional en poblaciones que dependen del mar

De House of the Dragon a las montañas de Tailandia: así es el lagarto que comparte nombre con el dragón de Rhaenyra
Investigadores describieron formalmente a Acanthosaura syrax en el Parque Nacional Mae Wong, por encima de los 1.300 metros de altitud. El reptil presenta escamas únicas en su género y una distribución geográfica muy acotada

El Niño amenaza a la Amazonía: crece el riesgo de un colapso irreversible
Golpeada por la sequía reciente, el avance del fuego y la pérdida de capacidad de recuperación, la mayor selva tropical del planeta enfrenta una prueba decisiva para su estabilidad futura

Cómo las cáscaras de camarón podrían cambiar la industria energética
Investigadores de Singapur lograron transformar estos residuos en tres productos comerciales y alimentarios, en un proceso que retira más dióxido de carbono de la atmósfera del que emite



