Karpov vs. Kasparov: el detrás de la escena de la mayor rivalidad en el mundo del deporte

Se enfrentaron cinco veces por el título mundial de ajedrez, sólo se sacaron dos puntos de diferencia. Uno representaba al régimen soviético, el otro a la renovación. Se desconfiaban y se espiaban, pero cuando Kasparov cayó preso por opositor solo un ex rival se animó a visitarlo: Karpov

Anatoly Karpov y Gary Kasparov en uno de los tantos enfrentamientos en Rusia en 1990.
Anatoly Karpov y Gary Kasparov en uno de los tantos enfrentamientos en Rusia en 1990.

Durante seis años, entre el 10 de septiembre de 1984 y el 7 de noviembre de 1990, el ruso Anatoly Evgenievich Karpov y el azerbaiyano Garry Kimovich Kasparov fueron protagonistas de una rivalidad épica, jamás vista en el mundo de los jaques y los gambitos; cinco capítulos apasionantes de una enconada porfía, acaso, la mayor en el historial de todos los deportes.

En el transcurso de seis años, un mes y 28 días, Karpov y Kasparov se enfrentaron en cinco matches en los que estuvo en juego el título mundial de ajedrez; a lo largo de 2249 días, compartieron algo más de 700 horas (y dedicaron más del doble de ese tiempo a los análisis y el estudio del perfil de su rival) para completar los 5581 movimientos que les demandó las 144 partidas. Y aunque el resultado arrojó como vencedor a Kasparov (triunfó en 3 duelos, uno fue empate, y el restante, suspendido), el score final reflejó la paridad de sus fuerzas y de sus talentos: Kasparov se impuso en 21 juegos, perdió 19 y empató 104. Sólo hubo dos puntos entre la gloria y el infierno.

Las causas de la emoción disparada por el duelo entre las 2K más poderosas del mundo del ajedrez, que convocó a más de 300 periodistas acreditados de 70 países para su cobertura, y atrapó más de 200 millones de seguidores por la TV, fueron producto del interés que despertó no sólo el choque entre dos manera disímiles de entender el ajedrez (Karpov un formidable estratego y Kasparov un exquisito táctico), sino, además, por el enfrentamiento de dos modelos en pugna de una sociedad. Aunque ambos eran ídolos de masas en la URSS, ellos representaban a dos símbolos ideológicos antagónicos: la vieja guardia (Karpov), la perestroika y glasnost (Kasparov).

El historial de este juego sabe de leyendas construidas sobre diferencias personales que fueron dirimidas a través de una partida; hurgando en sus quince siglos de historia documentada, en la Edad Moderna, españoles con italianos y franceses frente a ingleses lucharon por algo más que la supremacía de un reino de ajedrez. En el siglo XX, los matches entre Capablanca y Alekhine (dos acérrimos rivales, en Buenos Aires, en 1927), Fischer y Spassky (en tiempos de la Guerra, en Islandia en 1972), y Karpov y Korchnoi (el campeón soviético frente a un desertor del régimen, en Baguio y Merano, en1978 y 1981) llevaron sus disputas más allá del límite de las 64 casillas, pero ninguno con la magnitud y perennidad del choque entre las 2K; rivales extremos, con potentes padrinos en el Kremlin, y con un Estado decidido a ocupar el centro de la escena.

Es que Anatoly Karpov, Tolia como lo bautizaron sus allegados, nacido el 23 de mayo de 1951, en Zlatoust (cerca de los Urales) hijo de una humilde familia de trabajadores que alcanzó el título de economista en la Universidad de Moscú, y como afiliado al partido Comunista fue miembro del Parlamento y presidente del Fondo Soviético para la Paz, era el ideal del régimen; fue el joven “elegido” para recuperar la corona y la hegemonía soviética en el mundo del ajedrez tras la caída de Spassky ante el norteamericano Bobby Fischer. Por eso, cuando Fischer fue despojado del título por desavenencias con la FIDE, Karpov fue erigido en el duodécimo campeón mundial, y durante diez años (1975-1985) se trató del mejor ajedrecista del mundo: defendió exitosamente el título en dos ocasiones, en 1978 y 1981 frente al mismo rival (Víktor Korchnoi), durante una década fue el N°1 del ranking, y su palmarés lucía la conquista de más de 150 torneos internacionales. Pero ya se sabe, a toda calma la precede una gran tormenta.

Los sismógrafos de Bakú (capital de Azerbaiyán) registraron, acaso como una señal de la naturaleza, un pequeño terremoto el 13 de abril de 1963; día del nacimiento de Harry Weinstein; hijo de Kim (ingeniero judío) y Clara Shagenovna (ingeniera armenia). La temprana muerte de papá Kim, en 1971, obligó a Clara ser madre monoparental; sacrificó su carrera (especializada en armas automáticas) y se dedicó con esmero a la educación de su único hijo, el que tenía un don especial con el ajedrez. Se preparó para correr detrás de un porvenir: convertir al niño en campeón mundial.

Desde que empezaron a competir en 1984, Kasparaov y Karpov envejecieron enfrentándose en el ajedrez y en la política. Hoy son requeridos para charlas y presentaciones en distintos lugares del mundo.
Desde que empezaron a competir en 1984, Kasparaov y Karpov envejecieron enfrentándose en el ajedrez y en la política. Hoy son requeridos para charlas y presentaciones en distintos lugares del mundo.

Dado el antisemitismo reinante en las altas esferas del poder, Clara decidió cambiarle el nombre a su hijo por uno, con fonética rusa. Le adapto el apellido del abuelo materno y así, Harry Weinstein se convirtió en Garry Kasparov. Luego lo acompañó a la escuela de ajedrez del Palacio de Pioneros de Bakú (allí el niño tuvo por primer profesor a Oleg Privoretsky), y al día siguiente, con su propia caligrafía escribió un cartel que pegó en la cabecera de la cama de su hijo. La frase era contundente: “Si no eres tú, ¿quién?

El talento, el sacrificio, el estudio o todo junto hizo que Garry a los 11 años atrapara la atención de los expertos; lo becaron para viajar y estudiar tres veces al año en Moscú, con Mikhail Botvinnik (padre del ajedrez soviético). A los 12, en Georgia, Kasparov ganó el campeonato juvenil soviético frente a rivales de 18 años. Y, al año siguiente, en 1977, en Letonia, repitió la hazaña. Con 15 se clasificó al torneo superior de la URSS (finalizó 9° entre 20 jugadores), y a los 16 se adjudicó el primer torneo en el extranjero, en Banja Luca (Yugoslavia) aventajando en dos puntos a Andersson, Smejkal y Petrosian. En 1980, a los 18 años se consagró campeón mundial juvenil (en Dortmund), y un año después obtuvo el título de gran maestro. A los 20, ya era una amenaza para el reinado de Karpov, y las autoridades soviéticas tomaron debida nota.

Así comenzaron las peripecias del joven Kasparov para viajar al exterior y participar en los torneos clasificatorios para el Mundial. Sin rodeos ni eufemismo la respuesta salió de boca del Jefe de departamento de ajedrez del Comité Deportivo, Nikolai Krogius: “Por el momento la URSS tiene un campeón mundial y no necesitamos otro”. Como buen ajedrecista, Kasparov entendió el juego y empezó a jugar con Mijail Gorbachov, Alexander Yákoviev y Heydar Aliyeb (presidente de Azerbaiyán y miembro del Politburó soviético); militó a favor de la perestroika y glasnost y enarboló las “banderas del cambio” contra la burocracia del antiguo régimen. Así obtuvo el respaldo político necesario: en 1982, Kasparov ganó el Interzonal de Moscú y, en 1983 derrotó a todos los candidatos: Beliavsky, Korchnoi y Smyslov. En 1984, a los 21 años fue proclamado desafiador al título en poder de Karpov.

El Primer Match 1984

El duelo fue programado para el 10 de septiembre, en la Sala de las Columnas de los Sindicatos en Moscú; el reglamento señalaba que los empates no tenían valor y sería declarado vencedor el que primero obtuviera seis victorias; se jugaría sin límites de partidas. Para comprender lo que allí sucedía, acaso, sea necesario recordar que el ajedrez, el teatro y el circo eran el orgullo nacional para un Estado que además, consideraba a ese juego milenario como signo de inteligencia superior del ciudadano soviético frente al hombre occidental.

La gran expectación por el match disparó un clima de desasosiego del que los propios protagonistas no pudieron escaparse. La tranquilidad y experiencia de Karpov, de 33 años, contrastaba frente al ímpetu arrollador de Kasparov, de 21. Tal vez por ello, al cabo de 9 juegos, el campeón ya se imponía por 4 a 0, y en la 27ª partida sumó su quinto triunfo; sólo necesitaba un punto más para retener el título y batir por “paliza” a su rival. Pero Karpov y su séquito confundieron deseo con objetivo. Se los devoró su propio ego.

Dos campeones con el ex presidente De la Rúa. Víctor Korchnoi y Anatoly Karpov en una de sus visitas a Buenos Aires. Gentileza: Carlos Ilardo
Dos campeones con el ex presidente De la Rúa. Víctor Korchnoi y Anatoly Karpov en una de sus visitas a Buenos Aires. Gentileza: Carlos Ilardo

Con el 0 a 5, Kasparov y su equipo estaban al borde del abismo; sólo podía salvarlos un milagro… Fue cuando apareció en escena el viejo maestro, Mikhail Botvinnik, y el sabio patriarca le acercó su aconsejó: “Garry no tienes nada que demostrar; juega a no perder; tu resistencia física es mayor que la de Karpov”. La oración actuó como bálsamo, y la historia cambiaría para siempre.

Tras cuatro aburridos empates, Kasparov alcanzó su 1ª victoria (en el juego 32), y después de otras 14 igualdades sumó dos triunfos consecutivos (partidas N°46 y 47). A 159 días de comenzado el match, el marcador estaba abierto: 5 a 3. Fue entonces, cuando el filipino Florencio Campomanes, presidente de la FIDE (cargo que ocupaba con el aval político de la federación soviética), fue llamado con urgencia desde la Plaza Roja; los Rectores del Comité de Deportes de la URSS, y el presidente de la federación de ajedrez, el ex cosmonauta Vitaly Sebastianov lo persuadieron: “el campeón está débil; el match no puede continuar”.

Al día siguiente, el 15 de febrero de 1985, en una de las fechas más oscuras del calendario del ajedrez, Campomanes suspendió el match. En una conferencia de prensa, en el hotel Sport, argumentó sus razones basadas en el desgaste físico de los jugadores y que ambos estaban de acuerdo con la decisión. Kasparov se disparó de su asiento, tomó el micrófono (le cortaron el audio varias veces) y lo desmintió en el acto. La ceremonia terminó en un escándalo, y el New York Times le dedicó una editorial.

El duelo fue bautizado “el que nunca existió” y se programó un nuevo match, con el marcador 0 a 0, con límite de 24 partidas, a partir del 3 de septiembre de 1985, en la Sala de Concierto Chaikovski. Karpov recibiría dos beneficios: en caso de empate en 12, seguiría siendo el campeón, y en caso de una derrota, se le brindaría una revancha al año siguiente.

El segundo Match 1985

Otra vez con el arranque, los nervios y tensiones se dispararon hasta los astros; los ojos de los cinco continentes se depositaron en cada una de las partidas. El primer match había sido un aprendizaje veloz para el más joven, ahora la figura rubicunda de Kasparov contrasta con un macilento Karpov. Y al cabo de 23 juegos, Kasparov lo aventajaba un punto, pero Karpov conduciría las piezas blancas en la última partida, en la que estaba obligado a ganar para igualar el match y retener la corona. El 9 de noviembre de 1985, la sala de juego era un hervidero donde los ruegos de silencio se pedían a gritos. Había dos bandos bien marcados: los de tez blanca y rubia, que respondían a Karpov, y los morochos, armenios y azerbaiyanos, que apoyaban a Kasparov. Acezantes todos, los unían las miradas torvas y sus movimientos indomables para la quietud de una silla. La lucha se extendió cinco horas, hasta que Karpov se rindió. Garry Kasparov levantó sus dos brazos en alto y una explosión de júbilo lo acompañó mientras se retiraba del escenario. Había triunfado por 13 a 11; se había convertido, a los 22 años, en el campeón mundial más joven de la historia.

A los 22 años, Garry Kasparov logró vencer a Karpov y consagrarse en el campeón más joven de la historia.
A los 22 años, Garry Kasparov logró vencer a Karpov y consagrarse en el campeón más joven de la historia.

Yuri Averbaj, hoy el gran maestro más longevo (99 años), cerró su comentario del match, con gran pragmatismo: “Kasparov fue un justo vencedor; él y su juego crecieron cada día, el primer match comenzó jugándolo como un niño, y hoy terminó jugando como un hombre”

En la ceremonia de cierre, y tras recibir la corona de laureles, otra madre, Rhona Petrosian, viuda del maestro armenio, se acercó a Kasparov y le susurró: “Lo siento por ti, Garry; el día más feliz de tu vida ya se haya acabado”. Kasparov no recurrió a la terapia pero durante años recordó esa frase como motor de todos sus emprendimientos. Quería y necesitaba seguir ganando porque quería seguir siendo feliz.

El tercer Match 1986

Nobleza obliga, al año siguiente, entre el 28 de julio y el 8 de octubre, se jugó la revancha; el duelo se celebró con12 juegos en Londres (sería la primera vez que dos ajedrecistas soviéticos jugarían un match por el título fuera de la URSS), y otros tantos en Leningrado (hoy San Petersburgo).

El interés mundial impulsó a la primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher a participar en la inauguración del match. La etapa londinense transcurrió sin sobresaltos y el score favoreció al campeón por 6,5 a 5,5. Pero de regreso a la URSS, un rumor llegó a oídos de Kasparov: “En tu equipo alguien le filtra información a Karpov”.

Kasparov y su mamá Clara, jefa de la delegación, sospecharon de uno de sus analistas, Gennadi Timoschenko que había abandonado su posición durante la fase en Londres, por un supuesto llamado del cuartel del ejército en Novosibirsk. Pero como en Leningrado, Kasparov ganó dos partidas y a ocho del final, se imponía por 9,5 a 6,5, trató de olvidarse del tema. Sin embargo, su amigo personal, y jefe de analistas, Alexander Nikitin, descubrió a uno de sus colaboradores, Yevgueni Vladimírov, copiando (una acción que estaba prohibida en el equipo), en una hoja de papel los análisis de varias partidas. Y aunque en principio se resolvió con un llamado de atención, cuando Karpov ganó tres juegos consecutivos, las partidas 17, 18 y 19, e igualó el match en 9,5, se desató “la guerra de los espías”.

Karpov mueve con blancas en Londres, durante el enfrentamiento de 1986, primera vez que lo hacían en terreno extranjero. Margaret Thatcher inauguró el match que tuvo aristas extra ajedrecísticas.
Karpov mueve con blancas en Londres, durante el enfrentamiento de 1986, primera vez que lo hacían en terreno extranjero. Margaret Thatcher inauguró el match que tuvo aristas extra ajedrecísticas.

Vladimírov y su compañero de habitación, el maestro Iosif Dorfman fueron despedidos del grupo; ambos fueron acusados por el agente del KGB, Víctor Litvinov (a cargo de la seguridad de Kasparov) de ser sobornados por el equipo de Karpov. Tras varios días y noches de revuelo, la calma llegó cuando a dos juegos del final Kasparov volvió a la victoria, y cerró el match a su favor por 12,5 a 11,5.

El cuarto Match 1987

Dos rusos disputarían la final del Ciclo Candidatura en 1987, Andrei Sokolov y…Karpov. En Linares, el ex campeón mundial se proclamó en próximo desafiador de Kasparov. El Teatro Lope de Vega, en Sevilla, sería la sede del cuarto duelo entre las dos 2K; las 24 partidas se disputaría entre el 12 de octubre y el 19 de diciembre de 1987.

El match no tuvo la calidad de los anteriores, pero le sobró emoción. Los primeros incidentes surgieron cuando Karpov decidió contratar a un parapsicólogo, Igor Dadáchev para su equipo. “Suelo tener problemas para contraer el sueño durante los torneos” fue su única explicación. En el bunker de Kasparov recordaban lo sucedido 10 años atrás, en el rocambolesco match entre Karpov y Korchnoi, en Filipinas, y el sainete desatado con una guerra de yogures, parasicólogos y espías. Además, desde Moscú llegó la orden para que el ex campeón mundial, Miguel Tal -acreditado como comentarista del match-, regresara de inmediato: había indicios que trabajara secretamente para el equipo de Kasparov.

Tras el retiro, Kasparov incursionó en política para luchar contra Vladimir Putin. Fue detenido y una sola persona pidió para ir a verlo: su eterno rival Anatoly Karpov.
Tras el retiro, Kasparov incursionó en política para luchar contra Vladimir Putin. Fue detenido y una sola persona pidió para ir a verlo: su eterno rival Anatoly Karpov.

Tras doce juegos Kasparov iba al frente por 6,5 a 5,5, pero en la 2ª parte, Karpov igualó el duelo (victoria en la partida 16) y ganó la 23ª y penúltima partida. A sólo un juego del final, Karpov se imponía por 12 a 11; un empate le bastaría para ganar el duelo y recuperar la corona.

Fue tal la conmoción por el desenlace de la última partida, que la televisión española sacó del aire la final de la Copa Davis (jugada en Suecia), entre el equipo local y la India, para seguir en vivo los movimientos de Kasparov y Karpov; la transmisión tuvo un seguimiento de 13 millones de televidentes.

“No había mucho por hacer o para sorprender al rival; nos conocíamos bastante y no había lugar para las sorpresas” contó Kasparov durante una de sus visitas a Buenos Aires sobre el duelo disputado en España. Y agregó: “Así que lo más sensato fue planear una partida a largo plazo, evitar el intercambio de piezas, mantener la tensión para que mi rival consumiera más tiempo en su reloj y si lograba que estuviera presionado por el ritmo (cumplir con los movimientos reglamentados en un tiempo determinado) ofrecerle mayores dificultades. Incluso hasta el sacrificio de alguna pieza. ¡Y resultó!” recordó risueñamente Kasparov.

La 24ª partida comenzó el 18 de diciembre y terminó al día siguiente. Tras 40 movimientos, y con posición favorable (un peón de ventaja) del blanco (Kasparov) se suspendió el juego que se reanudó en la tarde del 19 de diciembre. Fueron necesarios completar otros 24 movimientos para que Karpov extendiera su mano en señal de abandono. Kasparov seguía siendo el Rey.

El Teatro Lope de Vega, en Sevilla, fue la sede del cuarto duelo entre las dos 2K; las 24 partidas se disputaría entre el 12 de octubre y el 19 de diciembre de 1987. (Carlos Ilardo)
El Teatro Lope de Vega, en Sevilla, fue la sede del cuarto duelo entre las dos 2K; las 24 partidas se disputaría entre el 12 de octubre y el 19 de diciembre de 1987. (Carlos Ilardo)

El quinto Match 1990

En 1990 las 2K continuaban enemistados pero eran los dos mayores referentes de la actividad. Kasparov ganaba todo lo que jugaba e incluso superó la barrera de 2785 puntos de ranking marcada por Fischer en 1972. En tanto Karpov volvía a ganar el Candidatura (venció en la final a Timman) y por 5ª vez desafiaría a Kasparov.

Entre el 8 de octubre y el 7 de noviembre de 1990, Karpov y Kasparov volvieron a estar frente a frente durante 24 juegos (los primeros doce en Nueva York y los siguientes, en Lyon). El Teatro Hudson de Nueva York fue la sede designada y dónde sucedió el único conflicto. Kasparov se negó a jugar bajo la bandera soviética; exigía hacerlo con los colores de la Federación Rusa. La falta de acuerdo llevó a una resolución salomónica: “Se juega sin banderas”. Y una novedad más, por primera vez, los equipos de analistas, contaron con la ayuda de computadoras.

La primera etapa terminó con un empate en 6 puntos, y el match se trasladó al Palacio de Congresos de Lyon (Francia). Allí hubo tres victorias para Kasparov y dos para Karpov; el duelo finalizó 12,5 a 11,5, y Kasparov retuvo su corona por tercera vez. El final del match marcó también el cierre de una era dorada en el ajedrez.

Quince años después, Kasparov, y tras 20 como N°1 del mundo anunció su retiro de las competencias oficiales. Karpov siguió su propio camino, aún hoy, próximo a cumplir 70 años, está en actividad, entre los 183 mejores jugadores del mundo.

Tras el retiro Kasparov incursionó en la política y creó el Partido “Otra Rusia” para atacar el poder del presidente Vladimir Putin. La experiencia terminó en la doliente sombre de una cárcel. En soledad descubrió los verdaderos amigos del campeón. Pero sólo uno presionó a las autoridades para intentar verlo. Fue Karpov. Acaso, ya se conocían tanto que hasta Karpov había aprendido la frase de cabecera de su archirrival. “Si no eres tú, ¿quién?. El paso del tiempo los reconcilió, y Kasparov jamás lo olvidó. “Siento que estoy en deuda con él, no sólo por su actitud de ir a la cárcel, sino también por haberme creado. Es que sin Karpov nunca habría existido Kasparov”.

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