
El uso frecuente de botellas, juguetes y hasta cortinas de baño, puede afectar la salud de los bebés antes de nacer.
Científicos de los Estados Unidos demostraron que algunos compuestos químicos que hacen más flexibles a los plásticos están detrás de millones de partos prematuros y miles de muertes en recién nacidos. Publicaron sus hallazgos en la revista eClinicalMedicine que es parte de The Lancet Discovery Science.
Esos compuestos se llaman ftalatos DEHP y DiNP y se encuentran en productos como envases, juguetes y dispositivos médicos.
Los investigadores detectaron que en 2018 la exposición a los ftalatos DEHP y DiNP estuvo relacionada con casi dos millones de partos prematuros y más de 70.000 muertes de recién nacidos.
Estimaron que en América Latina hubo más de 111.000 partos prematuros atribuibles al ftalato DEHP y casi 157.000 al DiNP.

Además, se estimaron más de 3.000 muertes neonatales relacionadas con DEHP y más de 4.200 con DiNP en la región.
Aunque los investigadores señalaron faltan datos de monitoreo directo y que las cifras provienen de estimaciones, por lo que recomiendan ampliar los estudios locales para entender mejor el riesgo real.
El problema es incluso mucho más grave en países de Asia Meridional, Medio Oriente y África.
Los investigadores detrás de esos datos son Sara Hyman, Jonathan Acevedo y Leonardo Trasande, que trabajan en la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York y en la Escuela Wagner de Servicio Público.
Analizaron información de 203 países con datos del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud. Contaron con el financiamento de Beyond Petrochemicals y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Ftalatos: por qué preocupan

Muchos de los productos que se usan a diario tienen ftalatos. Estos químicos, como el DEHP y el DiNP, están ahí para que los plásticos no sean duros ni se quiebren fácilmente. Pero no se quedan quietos: pueden pasar de los objetos al organismo humano.
Los investigadores explicaron que “los ftalatos pueden migrar al organismo y afectar el desarrollo del embarazo”, lo que termina en partos que llegan antes de tiempo y en bebés con menos chances de sobrevivir.
El objetivo de la investigación fue descubrir cuántos partos prematuros y muertes de recién nacidos se deben a esos compuestos.
Los investigadores quisieron ver también cuántos años de vida se pierden por culpa del uso de esos plásticos y cuántos años viven los bebés con problemas de salud por haber nacido antes de tiempo.
Así analizaron el problema

Para saber cuán grande es el problema, los investigadores analizaron muestras de orina de personas de 203 países y midieron cuántos ftalatos tenían en el cuerpo. Donde no existían datos claros, usaron información regional y estudios ya publicados.
Buscaron la fracción atribuible poblacional, que es una forma de calcular cuántos partos prematuros podrían evitarse si la gente no estuviera expuesta a estos químicos.
En 2018, el DEHP se relacionó con 1,93 millones de partos prematuros y 72.900 muertes de recién nacidos. El DiNP, que es el reemplazo del DEHP, sumó 1,88 millones de partos prematuros y 64.000 muertes.
Los investigadores también calcularon cuántos años de vida se pierden y cuántos se viven con discapacidad por culpa de estos químicos.

Las regiones más afectadas fueron Asia Meridional, Medio Oriente y África, con el 80% de la carga global, detallaron.
El equipo probó diferentes escenarios para ver cómo cambiaban los resultados si los datos de base no eran exactos.
Encontraron que en el caso del DiNP, las cifras mínimas podrían ser hasta diez veces menores, pero aún así el problema es grave.
“Estos hallazgos ofrecen una base para futuras modelizaciones globales de carga de enfermedad atribuible a los plásticos”, afirmaron.
Qué recomiendan

El mensaje de los investigadores es claro: hay que cambiar las reglas y cuidar mucho más el uso de ftalatos.
Propusieron que “se fortalezcan las regulaciones nacionales e internacionales para reducir la exposición a los ftalatos”, porque hoy no alcanza con lo que existe.
Pidieron que los países limiten estos químicos en la industria del plástico y manejen mejor los residuos.
Reconocieron que el estudio tiene sus limitaciones: faltan datos sobre el DiNP, casi todos los modelos vienen de estudios realizados en Estados Unidos y no miraron otros químicos ni la mezcla de ftalatos.

Por eso, los investigadores consideraron que deberían hacer más estudios sobre otros compuestos asociados a los plásticos y ampliar el biomonitoreo mundial.
Sin embargo, subrayaron que “una proporción del parto prematuro mundial podría evitarse mediante estrategias de mitigación de la contaminación por plásticos”.
Monitorear y regular esos compuestos, especialmente en los países más afectados, puede salvar miles de vidas y mejorar la salud de millones de bebés.

En diálogo con Infobae, María José Fattore, médica pediatra especialista en desarrollo y seguimiento de recién nacidos de alto riesgo, miembro titular de la Sociedad Argentina de Pediatría y del Comité de Estudios Fetoneonatales (CEFEN), opinó tras leer el estudio.
“Hoy se sabe que el neurodesarrollo comienza antes del nacimiento, por lo que el cerebro ya pudo haber estado expuesto en el embarazo a agentes nocivos cuyos efectos a corto, mediano y largo plazo todavía se desconocen. El ambiente ya influye. Si a esto se suma el antecedente de prematuridad y las complicaciones asociadas, el riesgo de problemas en el desarrollo aumenta”, advirtió.
La experta brindó recomendaciones: “Las familias de bebés prematuros deben asistir a los controles con los equipos de seguimiento de alto riesgo”.
“Es importante recordar que la leche humana es el mejor alimento para el bebé. Pero si no es posible, se recomienda no calentar la leche en mamaderas plásticas y preferir recipientes de vidrio o silicona médica, porque el calor libera ftalatos”, enfatizó.

También conviene evitar la comida ultraprocesada y los envases plásticos; es mejor elegir alimentos frescos en envases de vidrio o acero, ya que los ftalatos pueden pasar del plástico a los alimentos, mencionó.
En cuanto a la higiene, se aconseja evitar perfumes y cremas con fragancias y optar por productos neutros y sin “parfum”.
Los juguetes y chupetes también deben elegirse con cuidado: es mejor evitar plásticos blandos de origen dudoso y optar por productos certificados, libres de ftalatos.
El problema no es el plástico en sí, sino la exposición constante, silenciosa y acumulativa. En los bebés prematuros, ese margen de tolerancia es menor. Lo que el bebé no puede metabolizar, lo paga su desarrollo.
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