
Hace aproximadamente una década, unos científicos que observaban hormigas clonadoras descubrieron algo extraño: aunque se sabe que esta especie no tiene reina, unas pocas hormigas se hacían pasar por reinas de la colonia, señoreando a sus trabajadoras compañeras. Estas aspirantes a reinas tenían alas, ojos y ovarios gigantes.
Los investigadores habían supuesto durante mucho tiempo que estas hormigas que dependen de otras obreras para sobrevivir, adquirieron estos rasgos una a una, a través de una serie de mutaciones. Pero ahora, científicos descubrieron que una sola mutación de un “supergen” puede convertir a las obreras clonales normales de las hormigas asaltadoras (Ooceraea biroi) en perezosas parásitas con aspecto de reina.
“Ha sido un descubrimiento impactante”, dijo a Live Science en un correo electrónico Waring “Buck” Trible, entomólogo, John Harvard Distinguished Science Fellow y autor principal del estudio en el que se publicaron los hallazgos. “La hormiga asaltadora clonal es una especie de hormiga sin reina, y no se han observado hembras adultas aladas en esta especie anteriormente”.
Las pseudo reinas nacen con alas que mudan de adultas, pero conservan cicatrices visibles. Tienen el mismo tamaño que las hormigas obreras, pero su indiferencia general a labores como el cuidado de la cría, la búsqueda de comida y la defensa del nido las hace destacar en la colonia.

Los investigadores aislaron los parásitos y descubrieron que su descendencia también tenía alas, lo que sugería que los rasgos de reina eran genéticos. Realizaron análisis para confirmar esta observación y descubrieron una mutación en un “supergen” del cromosoma 13.
Para ellos, esta mutación puede ser el interruptor que convirtió a las hormigas asaltadoras clonales del “tipo salvaje” que suele encontrarse en la naturaleza en una variante mutante de la misma especie.
“Es realmente sorprendente, dado que los parásitos difieren de los silvestres en muchos rasgos, como la morfología (tórax segmentado), la anatomía e incluso el comportamiento”, aseveró por su parte Daniel Kronauer, profesor asociado y director del Laboratorio de Evolución Social y Comportamiento de la Universidad Rockefeller de Nueva York.
“Lo que describimos aquí es una cepa mutante que está muy estrechamente relacionada con sus antepasados de tipo salvaje. Así que no se trata realmente de una especie diferente, sino de lo que podría considerarse una forma intermedia”, añadió Kronauer.

Los investigadores observaron que las aspirantes a reina ponían el doble de huevos que las hormigas clonadoras normales. Sin embargo, no pueden dejar que su número crezca demasiado, porque necesitan a las obreras. “Cuando se vuelven demasiado comunes se encuentran con problemas”, remarcó Kronauer. Los parásitos enganchan sus voluminosas alas en la piel de las pupas cuando mudan, y si no hay suficientes obreras cerca para ayudar a desenredarlas, muchas de ellas mueren.
Según el estudio, publicado el 28 de febrero en la revista Current Biology, el punto óptimo parece ser cuando los parásitos constituyen alrededor de una cuarta parte de la colonia. Cuando la proporción de aspirantes a reina era mayor, sus tasas de supervivencia caían en picada.
Aunque en la naturaleza existen algunas especies de reinas de hormigas parásitas exclusivamente sociales, la hormiga clonadora es la primera documentada que ha desarrollado aspirantes dentro de su propia especie. “Me sorprendió mucho encontrar estas hormigas”, afirmó Kronauer.
Y concluyó: “Los parásitos sociales suelen ser muy raros y sólo se encuentran en unas pocas colonias de la especie huésped. Pero lo descabellado en este caso es que los parásitos deben haber surgido dentro de la colonia huésped a través de una mutación, en lugar de haberse infiltrado en la colonia desde el exterior, como ocurre con los parásitos sociales en la naturaleza”.
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