Avi Loeb, astrofísico de Harvard: “Espero que los científicos en un futuro puedan discutir sobre la vida extraterrestre sin temor a ser acosados o ridiculizados”

El prestigioso académico israelí habló con Infobae sobre la importancia de iniciar la búsqueda de otras civilizaciones en el espacio y criticó el conservadurismo de sus colegas

Foto cedida por la editorial Planeta de Avi Loeb, autor de "Extraterrestres". EFE
Foto cedida por la editorial Planeta de Avi Loeb, autor de "Extraterrestres". EFE

Avi Loeb quiere que la astronomía enfoque todos sus esfuerzos en la búsqueda de vida inteligente en el espacio. No hay nada más importante para él en este momento. Gran parte de su tiempo lo ocupa en tratar de convencer al público sobre el tema. Encontrar a otra civilización o los restos de ella en otro planeta, cree, transformaría de forma positiva a la humanidad. No le importa que lo ridiculicen sus colegas, que lo tachen de ingenuo o loco. Considera que gran parte de la academia es conservadora y que no asume riesgos.

“Debemos buscar en el universo culturas que nos antecedieron, y existen buenas razones para creer que fueron muchas”, dice el astrofísico y profesor de Harvard en una entrevista vía Zoom con Infobae

Loeb afirma que los recursos de la ciencia deben estar enfocados en esta búsqueda y no, por ejemplo, en la investigación de la materia oscura, área en la que se han invertido cientos de millones de dólares y que él considera menos importante.

“La investigación para explorar otras civilizaciones en el espacio recibe mil veces menos recursos”, se queja el científico de 59 años nacido en Israel, que es director del Instituto de Teoría y Computación del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y que ha escrito ocho libros y publicado unos 800 papers científicos.

El nombre de Loeb se hizo conocido cuando dijo que Oumuamua, el primer objeto interestelar en visitar nuestro sistema solar en octubre 2017, podría ser tecnología alienígena. “El cielo no está enseñando hacer modestos, no somos únicos ni especiales, somos tan comunes como unas hormigas en una vereda”, dice.

Desde el estudio de su casa en Massachusetts, el científico israelí habló de su nuevo libro Extraterrestre: La humanidad ante el primer signo de vida inteligente más allá de la Tierra.

-¿Qué hace de Oumuamua un objeto tan singular?

-Oumuamua fue el primer objeto identificado cerca de la tierra que vino de otro sistema solar, descubierto por el telescopio Pan-STARRS en Hawái. En un comienzo, los astrónomos pensaron que debía ser un cometa o un asteroide. Pero no mostró ninguna cola de cometa, ni gas o polvo a su alrededor, por lo que definitivamente no era uno. Luego también se alejó del Sol impulsado por una fuerza excesiva, que probablemente fue el resultado de la luz solar reflejada en su superficie.

La única manera de que haya sido impulsado de esa forma es que sea un objeto muy delgado, como una vela de un barco, excepto que estas son empujadas por el viento. Mientras que, en el caso de Oumuamua, tiene que ser consecuencia de la luz solar. Entonces, lo más probable es que tenga una geometría plana similar a un panqueque, no una forma alargada de cigarro. La naturaleza no produce velas —objetos muy delgados como ese— y eso me permite sugerir que puede ser de un origen artificial.

-¿Qué dicen los otros astrónomos sobre el objeto?

-Algunos científicos intentaron explicarlo desde un origen natural. Por ejemplo, un iceberg de hidrógeno, pero este se evaporaría muy rápidamente y no sobreviviría a lo largo del viaje. Hubo otra sugerencia de que puede ser una nube de partículas de polvo, como las que encontramos en los rincones sucios de nuestras casas. Pero esta debe ser unas cien veces menos densa que el aire para que la luz del Sol le dé suficiente empuje. Además, probablemente no sobreviviría acercándose tanto a la estrella: se calentaría cientos de grados y no tendría la resistencia del material para soportar ese tipo de calentamiento

También hubo una tercera sugerencia de que podría ser solo un fragmento, metralla, de la ruptura de un objeto más grande que pasó cerca de una estrella. El problema con eso es que de ese choque probablemente salga un objeto alargado con forma de cigarro y no de panqueque, como yo infiero que es Oumuamua. Entonces todas las teorías de origen natural tienen que invocar algo que nunca antes habíamos visto, y mi punto es: si es algo que no habíamos visto nunca por qué no contemplar un objeto de origen artificial.

-¿Por qué cree que la naturaleza no puede producir algo como Oumuamua?

-Nadie puede decir que es imposible que la naturaleza produzca tal objeto porque todo lo que podemos decir es lo que nos permite nuestra imaginación. Y mirando las posibilidades que hay sobre la mesa en este momento, me parece que un origen artificial es definitivamente un fuerte competidor para explicar Oumuamua, porque todos las teorías de origen natural tienen fallas muy importantes como las que mencioné.

-En el libro usted habla sobre la necesidad de crear una nueva área de estudio, un nuevo oficio, tras el hallazgo de este objeto. ¿Cuéntenos un poco de qué se trata?

-Durante 70 años hemos estado buscando señales de radio en el espacio, lo que en cierto modo es similar a intentar tener una conversación telefónica con alguien. Pero necesitas que esa contraparte esté viva para poder hablar con ella. Por supuesto, es posible que la mayoría de las contrapartes no estén vivas. Entonces, por ejemplo, en la Tierra no podemos tener una conversación telefónica con la antigua cultura maya, pero podemos aprender sobre su vida al encontrar reliquias en sitios arqueológicos. Y ese es un enfoque completamente diferente. Entonces, lo que Oumuamua abre es una nueva ventana para encontrar evidencia de otras civilizaciones. Yo lo llamo arqueología espacial, en busca de reliquias que vidas extraterrestres inteligentes dejaron atrás.

Es posible que otras civilizaciones anteriores a nosotros hayan enviado una gran cantidad de equipos al espacio y que se hayan acumulado allí con el tiempo. Y si examinamos estos objetos interestelares, especialmente los extraños, podemos aprender sobre civilizaciones que pueden habernos precedido. Eso nos daría una gran ventaja porque si encontramos un objeto que definitivamente parece un equipo, podemos estudiarlo e importar la misma tecnología a la Tierra. Y eso podría ahorrarnos millones de años de nuestro propio desarrollo de estas tecnologías.

-Digamos que cuenta con la oportunidad y la financiación de dirigir un equipo para empezar ya la búsqueda de vida inteligente en el espacio, ¿cuáles serían sus prioridades o esas primeras decisiones que tomaría?

-Mi prioridad sería hacer arqueología espacial, básicamente colocar cámaras dentro de la órbita de la Tierra, alrededor del Sol, y esperar a que lleguen objetos interestelares para interceptar su órbita y así tomar fotos en un primer plano y saber qué estamos viendo.

Además iniciaría la búsqueda de firmas tecnológicas en planetas muy distantes. Por ejemplo, se puede buscar contaminación industrial en la atmósfera de otros planetas o alrededor de otras estrellas; se puede buscar un enjambre de satélites alrededor de un planeta; uno puede buscar luces artificiales o células fotovoltaicas que usan la luz de las estrellas para producir electricidad. En este momento hay muy pocos fondos para esa búsqueda.

-En su libro usted critica el conservadurismo de sus colegas, ¿por qué cree que la ciencia no toma en serio este tema?

En la actualidad la búsqueda de civilizaciones inteligentes está fuera de la corriente principal de la astronomía y de la ciencia en general. Se podría pensar que esto es el resultado del conservadurismo; entonces, si lo es, yo podría decir que el conservadurismo extraordinario conduce a una ignorancia extraordinaria. Esto es en respuesta a personas que dicen que las afirmaciones extraordinarias necesitan de evidencia extraordinaria. Mi punto es que si vemos anomalías en el cielo tenemos que explicarlas y cualquier posibilidad que esté sobre la mesa tiene que ser contemplada, y no debemos simplemente dejar de lado la evidencia de que puede ser tecnología de otras civilizaciones solo porque suene arriesgado o controvertido.

La ciencia debe abordar cualquier cuestión que sea de gran interés para el público y aclararla, utilizando el método científico. Si tenemos los telescopios para buscar civilizaciones inteligentes, debemos usarlos para ese propósito simplemente porque es la pregunta más importante que puede plantear la ciencia.

Por otra parte, esta es una apuesta que debemos afrontar y solo hay dos posibilidades: o Oumuamua es un objeto natural o es una reliquia tecnológica. Piense en las implicaciones si lo fuera, por lo tanto, no debemos ignorar esa posibilidad, dejarla de lado, ridiculizarla y seguir adelante como si nada, porque tendría enormes consecuencias y este tiene que ser un tema importante dentro de la astronomía.

-Usted plantea en su libro que encontrar vida inteligente en otros planetas nos puede transformar de forma positiva como humanidad, ¿por qué cree esto?

-En mi opinión, el conocimiento científico siempre es bueno, la cuestión de qué hacer con él depende de un conjunto de valores. Por ejemplo, cuando descubrimos la energía nuclear teníamos la opción de utilizarla para satisfacer las necesidades energéticas de la sociedad o para producir armas nucleares. Así que realmente depende de nosotros cómo usamos la información y el conocimiento. Ser consciente de quién está en nuestro vecindario, si somos el chico más inteligente de la cuadra o tal vez hay otros de quienes podemos aprender es extremadamente importante para nosotros. Creo que es muy relevante que podamos reconocer el entorno en el que vivimos. Entonces, si no somos conscientes de ello y solo nos enfocamos en nuestro entorno inmediato, es como no preocuparnos por las noticias mundiales y decir: ‘no me afecta, solo tengo que preocuparme por lo que sucede a mi alrededor’. Sin embargo, luego, durante una época de pandemia, lo que sucede en el planeta también te afecta a ti.

Por eso es realmente importante recopilar tanta información como sea posible sobre nuestro entorno más grande, y eso incluye la pregunta: ¿quién vive o quién vivió en otros planetas? Por supuesto, hay muchas otras implicaciones para la sociedad si reconocemos que hay otras civilizaciones y por ahí tal vez los humanos, con optimismo, se unen y no luchan entre sí por cuestiones mundanas. Esa es mi esperanza, prefiero la ingenuidad porque espero que el futuro sea mejor que el pasado. Por otra parte, también creo que afecte las creencias religiosas de las personas, porque estas están enfocadas en los humanos aquí en la Tierra y tendrían que incorporar la noción de que hay otras criaturas allá afuera, tal vez incluso más inteligentes que nosotros.

-¿Vale la pena poner en juego su prestigio, todos los años de experiencia que tiene en la academia y en la investigación con esta teoría de vida inteligente extraterrestre que para algunos puede ser descabellada?

Nací en una granja, solía recolectar huevos todas las tardes y conducir un tractor a las colinas del pueblo y leer libros de filosofía. Soy prácticamente ese mismo niño y joven que creció en Israel. Veo la ciencia como el privilegio de mantener la curiosidad de mi infancia, y todos los títulos y honores que recibí a lo largo de los años en la academia no me importan tanto como tratar de descubrir el mundo. Y el otro punto es que creo que el enfoque actual de la academia está mal encaminado, de hecho, un tema que atrae al público como la búsqueda de inteligencia extraterrestre debería ser la principal corriente de estudio.

Cuando tenía 18 años me reclutaron para el ejército y los primeros meses de entrenamiento recuerdo un dicho de que a veces un soldado necesita poner su cuerpo sobre el alambre de púas para que otros puedan pasar y, aunque yo pueda sufrir algo de dolor en este momento, hago esto en beneficio de la generación más joven, para que en un futuro los científicos puedan discutir este tema libremente sin temor a ser acosados o ridiculizados.

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