Un año de la toma de Al Fasher, la masacre que puso de nuevo a Sudán en el mapa del mundo

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El Cairo, 27 oct (EFE).- Asesinatos en masa, ejecuciones sumarias, violencia sexual y limpieza étnica fueron los crímenes que sucedieron en los 18 meses de cerco y asedio de Al Fasher, la castigada ciudad de Darfur que volvió a poner a Sudán en el mapa tras ser capturada, hoy hace un año, por el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR).

El 27 de octubre de 2025, y tras resistir durante dos años y medio el asedio de los paramilitares, el Ejército de Sudán anunció su retirada de Al Fasher, que hasta entonces era el último reducto de las tropas regulares en la vasta región occidental de Darfur, que quedó bajo control total de las FAR.

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Alrededor de 250.000 personas quedaron atrapadas cuando los paramilitares, apoyados por una fuerza de mercenarios multinacional, entraron armados hasta los dientes en la ciudad, donde la Misión Internacional Independiente de Investigación sobre Sudán de la ONU documentó "indicios de genocidio" y limpieza étnica.

La ONU y la comunidad internacional ya llevaban denunciando desde el inicio del conflicto de Sudán -el 15 de abril de 2023- que tanto las FAR como el Ejército sudanés estaban cometiendo crímenes de guerra, aunque los paramilitares ya arrastraban un historial de limpieza étnica tras tomar a finales de 2023 la ciudad de Al Geneina, también en Darfur.

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Pero, tal y como denuncian organizaciones de derechos humanos internacionales, nadie hizo nada para detener la tragedia anunciada para miles de personas de Al Fasher, donde las tribus africanas fur y zaghawa eran el principal objetivo de unos paramilitares empeñados en cambiar la balanza demográfica de Darfur en favor de los árabes.

Los resultados de la misión de investigación de la ONU mostraron un "patrón sistemático de asesinatos por motivos étnicos, violencia sexual, destrucción y declaraciones públicas en las que se pedía explícitamente la eliminación de las comunidades no árabes" por parte de las FAR, algo que deja el genocidio como "la única inferencia razonable" de estos crímenes.

Y es que solo en los tres primeros días de entrar a Al Fasher, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU documentó más de 6.000 asesinatos: 4.400 personas murieron dentro de la ciudad y otras 1.600 mientras trataban de escapar del avance de los paramilitares.

"Sin duda, la cifra real de muertos durante la ofensiva de una semana es considerablemente mayor", alertó en febrero la ONU.

El Ejército sudanés tuvo claro desde el principio el motivo del éxito de las FAR en Al Fasher: contaron con la experiencia de cientos de mercenarios colombianos que participaron en los combates y proporcionaron entrenamiento a los reclutas, entre los que se encontraban niños soldados.

Unos 300 colombianos fueron desplegados en agosto de 2025 en las inmediaciones de Al Fasher, en un momento de intensificación del asedio, de acuerdo con medios sudaneses y activistas locales.

En un extenso informe publicado el pasado mayo y titulado "De Bogotá a Al Fasher", Human Rights Watch (HRW) denunció que, desde 2024, una empresa de seguridad vinculada a la familia gobernante de Emiratos Árabes Unidos (EAU) "parece haber contratado a mercenarios colombianos" para luchar junto a las FAR en Sudán.

Emiratos ha sido acusado de apoyar a las FAR en la guerra, algo que Abu Dabi niega categóricamente a pesar de las ingentes pruebas presentadas por el Gobierno sudanés y organizaciones de derechos humanos internacionales.

Un año después de la tragedia, esta urbe que en el siglo XVIII sirvió como la capital del Sultanato de Darfur se ha convertido en "una ciudad fantasma", en palabras del ministro de Información de la administración local de la región, Ahmed Shanab, que asegura a EFE que la mayoría de habitantes ha abandonado la localidad.

Sin embargo, las FAR insisten en que la vida ha vuelto a Al Fasher, así como en el resto de ciudades que controlan en el oeste de Sudán, pese a que la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) lleva informando desde el principio del conflicto de que cada vez que los paramilitares toman una zona, los residentes se desplazan.

Uno de ellos es Adam Mohamed, que recientemente abandonó Al Fasher, ahora convertida en "un cuartel militar". Explica a EFE que los pocos residentes que quedan allí "viven en edificios abandonados o en campamentos primitivos", rodeados de unos escombros que recuerdan constantemente lo que sucedió el 27 de octubre de 2025. EFE