París, 24 oct (EFE).- La situación financiera de Francia se encuentra en un punto de inflexión, bajo la presión de una deuda pública que amenaza con escapar a todo control, al término de dos mandatos de Emmanuel Macron en los que el presidente ha sacado la chequera para aplacar crisis y arrinconado reformas de fondo.
"Todas las políticas de fondo se han quedado en el cajón", explica la directora de la Fundación para la Investigación de las Administraciones y de las Políticas Públicas (iFRAP, un laboratorio de ideas liberal), Agnès Verdier-Molinié, en una evaluación severa de los casi diez años que lleva Macron en el Elíseo.
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En ese tiempo, la deuda pública francesa ha aumentado en 1,5 billones de euros hasta casi 3,6 billones a finales de junio, cuando representaba un 119 % del producto interior bruto (PIB).
Pero el problema no es sólo ese volumen, sino el hecho de que este año en el mejor de los casos el déficit se situará en el 5,4 % del PIB y con el contexto de falta de mayorías parlamentarias y de las promesas de cara a las elecciones presidenciales de primavera como mucho el año próximo apenas bajará al 5 %.
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La respuesta de los inversores ha sido un fuerte incremento del interés que reclaman, hasta superar el listón simbólico del 5 % esta semana para los bonos a diez años, algo que no ocurría desde 2002.
La agencia Moody's mantuvo la víspera la cuarta mejor calificación de su escala, que considera la deuda francesa de buena calidad, pese al deterioro de las cuentas públicas, pero condicionó el mantenimiento de su nota a la aprobación de un presupuesto para 2027 que permita reducir el déficit.
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Verdier-Molinié subraya, en declaraciones a EFE, que Francia ha podido beneficiarse de los bajos tipos de interés de la moneda única y recurre a la imagen de que el país es "el pasajero clandestino de la zona euro".
Apenas se estaba saliendo de esa situación de recurso excepcional al gasto público, la situación geopolítica se torció con la invasión de Ucrania por Rusia y la escalada de precios de la energía a la que el Ejecutivo -entonces el primer ministro era Jean Castex- replicó con un plan de reactivación en el que puso 25.000 millones de euros.
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En cuanto a la reforma de las pensiones, que inicialmente Macron presentaba como "la madre de todas las reformas", quedó primero aplazada por la crisis del coronavirus y luego, modificada respecto a los planes originales fue adoptada en medio de grandes protestas en la calle en marzo de 2023.
Sin embargo, el actual primer ministro, Sébastien Lecornu, aceptó a comienzos de año que quedara suspendida (la edad mínima de jubilación debía retrasarse de los 62 a los 64 años, y se ha quedado en la mitad) como una concesión a los socialistas para que pudieran salir adelante sus presupuestos para 2027. EFE
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