Marcelo Nagy
Budapest, 22 oct (EFE).- Hungría conmemora mañana viernes el 70.º aniversario de la Revolución de 1956 contra el dominio soviético, un levantamiento popular nacional que comenzó con protestas estudiantiles y terminó brutalmente aplastado por el Ejército Rojo, dejando miles de muertos y unos 200.000 exiliados.
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Entre los numerosos actos y eventos que tendrán lugar con este motivo destaca la ceremonia oficial en el Parlamento de Budapest, donde se espera que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pronuncie un discurso.
También se ha anunciado la visita de António Costa, presidente del Consejo Europeo, entre otros invitados, mientras que el primer ministro húngaro, Péter Magyar, se dirigirá a la población desde la céntrica plaza Kossuth de la capital magiar.
El 23 de octubre de 1956, centenares de miles de estudiantes salieron a las calles de Budapest para exigir reformas, libertad de prensa, elecciones democráticas y, sobre todo, el fin de la subordinación a Moscú -que regía desde 1948-, así como la retirada de las tropas soviéticas del territorio nacional y la salida del país del Pacto de Varsovia.
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En una marcha por la ciudad, enarbolando banderas húngaras a las que habían recortado el escudo comunista del centro, los manifestantes derrumbaron una estatua de Iósif Stalin de 8 metros de altura antes de ocupar la sede de la radio nacional.
Fue el comienzo de una revolución: después de que las protestas escalaran hasta convertirse en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, amplios sectores de la sociedad se solidarizaron con los estudiantes en todo el país.
El entonces primer ministro, el comunista reformista Imre Nagy, formó un nuevo Gobierno e inició un proceso democrático mientras en las calles se desataba una sangrienta guerra entre revolucionarios, por un lado, y policías comunistas y soldados soviéticos, por otro.
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La meta principal del levantamiento era independizar a Hungría de la Unión Soviética, y el 1 de noviembre Nagy declaró la salida del país del Pacto de Varsovia, la alianza militar del bloque del Este creada como contrapartida a la OTAN durante la Guerra Fría.
Tres días después, el Ejército Rojo entró en Hungría con doce divisiones y más de 2.500 tanques para aplastar la revuelta e instalar un nuevo Ejecutivo fiel a Moscú.
Las duras represiones ordenadas por el nuevo primer ministro, János Kádár, incluyeron unas 400 ejecuciones, entre ellas la del propio Nagy en 1958, y el encarcelamiento de unas 20.000 personas.
Kádár murió pocos días después de que Hungría rehabilitara a Nagy y a los participantes en la revolución durante una solemne ceremonia de reentierro en la plaza de los Héroes, ante centenares de miles de personas, lo que supuso uno de los capítulos más importantes de la transición política.
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Tras la frustrada revolución, Hungría sufrió un éxodo de 200.000 personas que se refugiaron en Occidente. Esta fue la primera gran crisis migratoria que gestionó la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
"De muy pocos acontecimientos históricos se puede afirmar que la posteridad haya intentado reinterpretar tantas veces como la revolución", ha destacado recientemente el historiador húngaro Krisztián Ungváry en un ensayo publicado en el portal Telex.hu.
Las diversas interpretaciones responden al hecho de que todas las clases y grupos sociales se involucraron en el histórico levantamiento, de forma que hoy todos los partidos políticos húngaros se consideran "herederos del 56" y recurren a la simbología de la revolución adaptándola a sus intereses.
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El ultranacionalista Viktor Orbán, primer ministro entre 2010 y 2026, destacaba su carácter "patriota" y "soberanista".
En cambio, sus opositores recurrieron al eslogan "¡Rusos a casa!", usado por los revolucionarios de 1956, para protestar contra la alineación con el Kremlin que adoptó el Ejecutivo de Orbán tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Antes de derrotar a Orbán en las legislativas del pasado abril, el conservador Magyar declaró que "el mensaje de 1956 sigue siendo válido: hoy no son los tanques los que quieren apagar la llama de la libertad, sino la mentira, la intimidación y el cinismo".
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El escritor francés y premio Nobel Albert Camus (1913-1960) fue en su momento uno de los defensores más firmes de la causa húngara, algo que quedó reflejado en su ensayo 'La sangre de los húngaros', publicado en 1957, donde condenó con dureza la dictadura soviética.
Por su parte, el 'rey del rock and roll', Elvis Presley, dedicó la canción 'Peace in the Valley' a la revolución húngara, pocas semanas después de su aplastamiento, en una de sus actuaciones en una radio estadounidense. EFE
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