Nairobi, 13 oct (EFE).- La nueva coalición rebelde Frente para la Refundación de la Nación (FRN), liderada por el expresidente congoleño Joseph Kabila (2001-2019) e integrada por el grupo armado Movimiento 23 de Marzo (M23), supone otro desafío a la autoridad del Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC).
El FRN, que recicla el movimiento Alianza del Río Congo/Movimiento 23 de Marzo (AFC/M23), busca coordinar "fuerzas de resistencia" para terminar la "tiranía" de la RDC.
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Estas son las claves para comprender una alianza político-militar anunciada a última hora del lunes que puede agravar el conflicto en el este congoleño, donde la AFC/M23, apoyada por la vecina Ruanda, combate al Gobierno congoleño.
Kabila, de 55 años, heredó el poder tras la muerte de su padre, el expresidente Laurent-Désiré Kabila (1997-2001), asesinado por un guardia presidencial en enero de 2001 y quien lideró la rebelión contra el dictador Mobutu Sese Seko.
A sus 29 años se convirtió en el jefe de Estado más joven del planeta y recibió un país sumido en una guerra civil (1998-2002), la segunda consecutiva después de la llamada Guerra Mundial Africana (1996-1997), que enfrentó en suelo congoleño a países vecinos.
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Kabila generó grandes expectativas al principio de su mandato gracias al Acuerdo de paz de Pretoria (2002), pero esas esperanzas se desvanecieron después de que las facciones armadas que rechazaron el pacto se fragmentaran en decenas de milicias en el este del país.
Los históricos comicios del 23 de diciembre de 2018 pusieron fin al Gobierno de Kabila, que dejó el poder en enero de 2019 tras años de irregularidad política al vencer oficialmente su mandato en 2016.
En esas elecciones consiguió una controvertida victoria el actual presidente, Félix Tshisekedi, archienemigo político de su antecesor.
Desde su salida del poder, Kabila guardó largo silencio y, desde finales de 2023, permaneció en un exilio autoimpuesto, principalmente en Sudáfrica.
En abril de 2025, Kabila rompió este silencio al anunciar su regreso a la RDC y reunirse con el M23 en Goma, capital de la provincia nororiental de Kivu del Norte, bajo control rebelde desde enero de ese año.
Como reacción, el Tribunal Superior Militar de Kinsasa condenó el 30 de septiembre de ese mismo año a pena de muerte a Kabila, al declararlo culpable de traición 'in absentia' por apoyar al M23.
Estados Unidos también impuso el 30 de abril pasado sanciones contra Kabila por brindar "apoyo material" al M23, algo que el exmandatario consideró sin "fundamento".
El expresidente, que es senador vitalicio, reside actualmente en Goma.
La nueva alianza político-militar incluye al todopoderoso M23, principal integrante de la AFC y que, según la ONU, cuenta con unos 30.000 efectivos apoyados por más de 10.000 soldados ruandeses en el este del RDC.
Esta región vive desde los años noventa un conflicto alimentado por un centenar de grupos rebeldes y el Ejército, pese al despliegue de la misión de la ONU en la RDC (MONUSCO).
Desde los territorios controlados en las provincias orientales de Kivu del Norte y Kivu del Sur, el M23 dirige el suministro ilegal de minerales críticos desde minas congoleñas hasta Ruanda, que a su vez lo exporta a otros países, según la ONU.
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El M23 está formado principalmente por tutsis que sufrieron el genocidio ruandés de 1994 para defender a esta minoría en la RDC ante las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), grupo fundado en 2000 por cabecillas hutus del genocidio con presencia en territorio congoleño.
Al buscar cumplir sus objetivos "por todos los medios, incluida la fuerza", el FRN desafía directamente al Gobierno de Tshisekedi.
El FRN quiere "aunar sus fuerzas, recursos y medios con el fin de crear un marco de acción a través del cual todos los congoleños, al unísono, emprendan la tarea de liberar a su país", afirmó Claude Ibalanky, un responsable del nuevo movimiento.
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El acercamiento de Kabila al M23 le ha costado al expresidente críticas de antiguos aliados y miembros de su formación, el Partido Popular para la Reconstrucción y la Democracia (PPRD), que optan por la oposición pacífica y rechazan la vía armada.
Entre ellos figura la exministra de Derechos Humanos Marie-Ange Mushobekwa (2016-2019), quien decidió "distanciarse de ese camino".
Esta alianza también puede suponer otro golpe al proceso de paz.
Los presidentes de la RDC y Ruanda (Félix Tshisekedi y Paul Kagame, respectivamente) firmaron el 4 de diciembre del año pasado en Washington un acuerdo de paz en presencia de su homólogo estadounidense, Donald Trump, pero ambas partes se han acusado mutuamente de violar el pacto desde entonces.
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Ese acuerdo se suma a los esfuerzos de mediación auspiciados por Catar entre el Gobierno congoleño y el M23, que el 15 de noviembre de 2025 rubricaron en Doha un acuerdo marco.
Pese a la difícil aplicación de esas iniciativas, ha habido avances como el acuerdo del pasado 23 de agosto entre el Gobierno y rebeldes de establecer un mecanismo que revise el progreso del pacto de Doha. EFE
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