¿Qué secreto de longevidad atesora una tortuga de 194 años?

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Redacción Ciencia, 7 oct (EFE).- Fue coetánea de Charles Darwin, ha vivido dos guerras mundiales y grandes pandemias, desde la gripe española al covid: Jonathan, la tortuga más longeva del mundo, tiene 194 años. Un análisis de su privilegiada genética ha desvelado el secreto de su eterna juventud.

Este ejemplar de tortuga gigante fue llevado desde las Seychelles hasta la isla de Santa Elena (un territorio británico de ultramar situado a 1.860 kilómetros de distancia de la costa de Angola) en el año 1882 como un regalo para sir William Grey Wilson, quien al poco de recibirlo fue nombrado gobernador de la isla.

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La tortuga contaba ya con 50 años cuando se instalo en los jardines de la residencia del gobernador de Santa Elena. Y ahí sigue desde hace 144 años.

Aunque pertenece a una especie muy longeva, la de las tortugas gigantes de Aldabra (Aldabrachelys gigantea hololissa), que pueden vivir en torno a los cien años, Jonathan ha batido todos los récords de longevidad y un equipo internacional de investigadores afiliados a centros de Estados Unidos, el Reino Unido, Dinamarca y Alemania ha querido saber por qué.

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Para entenderlo, los investigadores han extraído material genético de Jonathan a partir de raspados en la mejilla y de un análisis de sangre con extracción a través de la boca (tentaron al animal con comida hasta que abrió bien las mandíbulas).

Del mismo modo, han obtenido material genético de otras cuatro tortugas de Aldabra, en edad juvenil y mayores para poderlas comparar.

Un artículo científico recogido este miércoles en la revista Science Advances describe los hallazgos fruto del estudio de su genoma y metiloma y de la comparación con el de otros ejemplares de su especie.

La secuenciación de su genoma ha revelado que la tortuga no sólo tiene buenos genes, como la mayoría de las de su especie, sino que además no presenta muestras de deterioro genético, y ahí está la clave que le ha permitido estar con vida casi dos siglos.

Los científicos han identificado 287 variantes genéticas únicas que reducen los efectos habituales del envejecimiento.

Esas variantes controlan procesos claves del organismo que evitan que las células envejezcan como la reparación del daño en el ADN, la reducción de la inflamación, la regulación de la insulina y la supresión del cáncer.

En términos más técnicos, los científicos han estudiado el metiloma completo de Jonathan, es decir el conjunto de "etiquetas" químicas en su ADN que regula qué genes se encienden y apagan en las células o dicho de otro modo: las instrucciones precisas que guían el desarrollo y funcionamiento del cuerpo de la tortuga.

La entropía de la metilación del ADN analiza la heterogeneidad o el "ruido" que pueda existir en esas etiquetas químicas (grupos metilo) en una población de células.

En el caso de la tortuga más longeva del mundo, han visto que ese "ruido" es mínimo en los genes relacionados con la función mitocondrial, el procesamiento del ARN y la reparación del genoma.

Al parecer la tortuga posee lo que llaman "transcripción genética de alta fidelidad de los genes" que le confieren una resistencia única frente al envejecimiento.

Los investigadores han comparado el metiloma de Jonathan con el de tortugas gigantes más jóvenes de la misma especie y han visto que esos interruptores que controlan los genes de reparación del ADN y del metabolismo de Jonathan son muy similares a los de sus parientes más jóvenes.

“En Jonathan, los reguladores genéticos implicados en la producción de energía y la reparación del ADN se han mantenido increíblemente estables durante casi dos siglos, lo cual es llamativo porque generalmente se deterioran con el tiempo”, señala uno de los autores, Justin Gerlach, investigador de la ecología de las tortugas gigantes en la Universidad británica de Cambridge.

"El genoma de Jonathan nos ofrece un modelo de resiliencia celular. Ahora nuestro objetivo es aprovechar estos conocimientos evolutivos y traducirlos inmediatamente en tratamientos prácticos y asequibles para la gente corriente", señala otro de los autores, Stephen Clark, director de la fundación Kallel que estudia los procesos de envejecimiento.