Jesús Centeno
Nueva York, 2 oct (EFE).- El asesinato de Robert Kennedy y las dudas que rodearon su investigación llevaron a la escritora Paloma Sánchez-Garnica hasta el Nueva York de 1968 para escribir 'Un hombre de honor', una novela que entrelaza periodismo, mafia y corrupción y en la que reivindica el papel de la prensa frente al poder.
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La autora española, ganadora del Premio Planeta en 2024 con 'Victoria', se encuentra en Nueva York para presentar la obra, que llega esta semana a las librerías de España.
La historia parte de una investigación sobre Sirhan Sirhan, condenado por el asesinato del senador demócrata en junio de 1968, y cuya libertad condicional fue denegada por última vez en 2023.
"No sabía que Sirhan Sirhan estaba vivo, que seguía encarcelado", explica en una entrevista con EFE al hablar del germen de la novela, cuando descubrió "irregularidades, manipulaciones y pruebas que habían desaparecido".
Para construir la novela creó a Nicole Donaldson, una joven que quiere ser periodista en un mundo dominado por hombres y cuya relación con Frank Bernstein, un policía judío del barrio de Harlem, la enfrenta a su familia y a los valores católicos con los que ha crecido.
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Ambos se ven envueltos en una trama criminal que llega a las más altas esferas del poder, incluyendo el mundo de la mafia, para también explorar cómo la violencia pone a prueba los vínculos familiares y plantear el dilema de "hasta dónde está dispuesto uno a llegar para proteger a los suyos sin renunciar a sus principios".
"Muchas veces los principios nos los metemos en el bolsillo y seguimos para adelante, bajamos la cabeza", reflexiona.
La autora utiliza aquel momento histórico para retratar una sociedad atravesada por la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles y las reivindicaciones feministas, una época, resume, de "efervescencia y esperanza", pero también de "violencia y desencanto".
"En esa época, en los años 60, el pueblo americano estaba muy desilusionado con la política", narra la novelista, que encuentra un paralelismo con el presente en "la desafección y la desconfianza de la sociedad hacia las instituciones".
Sánchez-Garnica, nacida en Madrid en 1962, recuerda la ilusión de cambio que también caracterizó aquella década en Estados Unidos, en contraste con la España de su infancia, todavía bajo la dictadura franquista.
"Muchas ataduras, sobre todo a finales de los 60, empiezan a romperse gracias a esta generación", dice la autora, que encarna ese espíritu de ruptura en una protagonista influida por obras como 'La mística de la feminidad' (1963), de Betty Friedan.
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La transformación social también atraviesa el periodismo, otro de los ejes de la novela, en la que Sánchez-Garnica rememora unas redacciones donde las mujeres estaban "muy poco valoradas" y tenían un "reconocimiento nulo".
"Se las apartaba o se las encajaba en secciones propias, entre comillas, de mujeres, y familia, belleza o salud", explica.
Más allá de los cambios, la autora cree que la obligación del oficio sigue siendo la misma de "informar de manera veraz y contrastada sobre aquello que otros quieren ocultar".
"El periodismo es necesario para que una democracia sea realmente una democracia, porque si no, la democracia sin periodismo, sin libertad de prensa, se apaga", apostilla.
Es por eso que su relato aborda las presiones políticas sobre los medios y la evolución del periodismo estadounidense en ese punto de inflexión, que va desde asumir las versiones oficiales sobre los asesinatos de los Kennedy a las investigaciones como la que acabó destapando el caso Watergate (1972).
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La Gran Manzana es la otra gran protagonista de la historia, una ciudad que la autora reconstruyó a partir de novelas, documentales y películas y que volvió a recorrer hace ahora un año para situar sobre el terreno los escenarios en los que transcurre el relato.
"Tiene estas casas, estas fachadas con las escaleras por fuera (...), es una ciudad en la que ocurre todo, en la que ha ocurrido siempre todo. Es una ciudad muy viva, palpitante, de contrastes constantes y en constante transformación", enfatiza.
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Aún recuerda la primera vez que la visitó, a principios de los 90: "Fui por Harlem en un coche, sin salir del coche, porque era una visita de riesgo. Ahora puedes pasear por sus calles".
Una megalópolis, agrega, que conserva una de sus grandes paradojas: "Es una ciudad que acoge, pero a la vez no le importas a nadie". EFE
(foto) (vídeo)
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