Hugo Barcia
Miami (EE.UU.), 2 oct (EFE).- La astronauta de la NASA Christina Koch, que este año viajó alrededor de la Luna como parte de la misión Artemis II, destacó en una entrevista con EFE el valor de la diversidad para el futuro de las misiones espaciales y aseguró que los distintos orígenes de los cuatro miembros de la tripulación fueron fundamentales para afrontar los problemas que surgieron durante el vuelo.
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"Somos más exitosos cuando tenemos a personas diversas contribuyendo. En nuestra tripulación las mayores diferencias que aportamos a la misión fueron nuestros orígenes y la forma de abordar los problemas. Esas diferencias nos hicieron mejores", dijo la astronauta estadounidense, que se convirtió en abril en la primera mujer en alcanzar la órbita lunar.
Artemis II fue la primera misión en llegar al satélite de la Tierra en más de medio siglo y pionera en inclusión al estar compuesta por la primera mujer, el primer astronauta de raza negra (Victor Glover) y el primer canadiense (Jeremy Hansen) en viajar a la órbita lunar, junto con el comandante Reid Wiseman.
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"Cualquiera que tenga un sueño, que tenga talentos que aportar y esté dispuesto a trabajar duro, es bienvenido a la mesa. Y así es como somos más exitosos", agregó Koch, en un momento en que Estados Unidos celebra el Mes de la Herencia Hispana.
El siguiente en la lista del programa Artemis, que prevé establecer una presencia humana sostenible en la Luna como paso intermedio a Marte, es el astronauta estadounidense de origen salvadoreño Frank Rubio, de 51 años, quien fue seleccionado para la misión Artemis III.
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"Frank Rubio tiene sus raíces en El Salvador, es un gran amigo, y me alegra mucho que pueda representar a la comunidad latina. Verás más y más de eso porque así es nuestro cuerpo de astronautas y, francamente, así es la humanidad", destacó Koch al ser preguntada por la presencia hispana en el programa lunar.
El lanzamiento de Artemis III al espacio está previsto para 2027 para probar maniobras de acoplamiento en la órbita terrestre antes de Artemis IV, cuyo objetivo será devolver al ser humano a la superficie Lunar un año después.
"No vamos solo para ganar una carrera; vamos porque la Luna nos ofrece muchísimo", expresó esta ingeniera eléctrica y física de 47 años nacida en Michigan y criada en Carolina del Norte.
Antes de ser seleccionada por la NASA en 2013, Koch curtió su carácter en algunos de los entornos más extremos del planeta, desde estaciones de investigación en la Antártida hasta la observación atmosférica en Samoa Americana y Groenlandia.
Esta experiencia le permite mirar al futuro con una perspectiva más amplia, en la que la meta inmediata es la Luna, pero el destino final sigue siendo el planeta rojo.
"Estamos en la autopista más rápida para llegar a Marte. Creo que va a ocurrir, creo que lo veré en el transcurso de mi vida y me emociona mucho. Es lo mejor que podemos perseguir como humanidad y es lo más cerca que estaremos de responder a la pregunta fundamental de si estamos solos", expresó Koch, ataviada con el característico uniforme azul de la NASA.
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Precisamente porque concibe la exploración espacial como una carrera de relevos imparable, la astronauta confesó con absoluta sinceridad que la misión de sus sueños es aquella que acabe siendo superada por las siguientes generaciones.
"La razón por la que Artemis II era la misión de mis sueños es justamente porque espero que sea olvidada. Quiero que cada récord que hayamos conseguido se supere lo antes posible", concluyó Koch, convencida de que el verdadero éxito de la diversidad y el trabajo colectivo será que la presencia humana en el cosmos sea tan habitual que su viaje quede grabado apenas como un primer paso. EFE
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