Agroecología más allá de la crisis: el oasis autosuficiente que combate la escasez en Cuba

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Claudia Sacristán

Turín (Italia), 26 sep (EFE).- En medio de la grave crisis de alimentos y combustibles que atraviesa Cuba, la Finca del Medio, en el municipio de Taguasco (centro) se erige como un oasis autosuficiente. Totalmente aislada de la red eléctrica, esta propiedad funciona al 100% con biogás y energía solar, gestiona su propia agua y produce alimentos de forma constante sin depender de insumos químicos ni combustibles fósiles.

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Pero para la agricultora Leidy Casimiro, cofundadora del proyecto, este modelo no debe verse como un remedio de la escasez ni como una respuesta de última hora ante la falta de recursos, sino como una convicción cultural y una apuesta de desarrollo a largo plazo.

"No debe ser esto porque no tengo otra posibilidad, sino escoger dentro de muchas posibilidades este camino", afirma Casimiro a EFE durante el encuentro internacional Terra Madre Salone del Gusto en Turín (norte de Italia), donde participa con la delegación cubana del movimiento Slow Food.

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"De la soberanía alimentaria dependen las demás soberanías. Y solo se va a lograr con agroecología", sostiene la experta, quien añade que esta es la única vía para garantizar "un bien común, un futuro seguro y una esperanza de vida cierta".

La Finca del Medio, en la provincia cubana de Sancti Spiritus, es un proyecto familiar con más de 33 años de trabajo sobre tierras degradadas y que se convirtió en el germen mundial del programa Fincas Slow Food tras una visita del fundador del movimiento, Carlo Petrini, ahora fallecido, en 2016.

El verdadero motor de esta transformación fue el padre de Leidy, a quien ella describe como una persona profundamente emprendedora que, ante la falta de insumos, comenzó a diseñar herramientas de trabajo con patente de invención propias y a aplicar técnicas para frenar la erosión del suelo.

Allí han desarrollado un sistema de autoabastecimiento basado en el ciclo cerrado del agua con molinos de viento y arietes hidráulicos, así como biodigestores para producir biogás y biofertilizantes, completando la autonomía con la instalación de paneles fotovoltaicos en 2021.

"Estamos totalmente aislados del sistema, nos autoabastecemos totalmente de energía y de una alimentación muy rica", explica a EFE Casimiro, aunque enfatiza que alcanzar esa autosuficiencia en Cuba exige superar los constantes obstáculos del desabastecimiento.

La campesina advierte de que, ante la severa crisis actual, Cuba no puede repetir el error de la década de 1990: usar la agroecología como un simple parche temporal.

Durante el Periodo Especial, el movimiento agroecológico llegó a más de 100.000 familias en la isla, pero decayó cuando reapareció el acceso a recursos externos a través de la colaboración de Venezuela con paquetes tecnológicos y combustibles.

"No fue un cambio cultural, sino de insumos", lamenta.

Por ello, insta a romper ese ciclo y asumir este modelo como la única vía real hacia la soberanía nacional: "En los momentos fuertes de la crisis el discurso político se abre más y se nota este tema. Pero tenemos que hacer agroecología porque esa es la soberanía de un país y la soberanía de un pueblo".

A pesar de contar con marcos legales como la Ley de Soberanía Alimentaria y la política pública agroecológica en la que ella misma ha participado, la investigadora señala que las instituciones siguen aplicando un enfoque "sesgado" porque limitándose a planes de producción y autoabastecimiento.

"Hay una herencia cultural que no deja que todavía eso se asimile, sobre todo de los decisores, que fueron educados y preparados en otro esquema. Está siendo un proceso de capacitación, pero de cosas que necesitan cambios urgentes, que no es ni para mañana ni para hoy, era para ayer", insiste.

A este freno cultural se suma el panorama demográfico del campo cubano, donde "más del 70% tiene más de 60 años", una situación agravada por la pérdida de servicios básicos y la falta de transporte.

Para frenar el éxodo rural, Casimiro reclama que la transición agroecológica garantice ingresos económicos a corto plazo: "Tú no le puedes proponer a una familia que de aquí a treinta años va a tener resultados. Debe ser algo evidente en el corto o mediano plazo".

Apoyados por la colaboración internacional —como el proyecto Biomás Cuba, que movilizó más de siete millones de francos suizos para infraestructuras y biodigestores— y mediante alternativas como el turismo agroecológico, Casimiro defiende la capacidad técnica del campesinado para transformar la realidad del país.

"Estaríamos apoyando una demanda histórica, pero acompañada de educación, de cultura, de salud, que se ve y se sienta a partir de una buena alimentación, de una alimentación sostenible. Esa es una felicidad colectiva que va a tener un resultado porque la gran crisis hoy en Cuba es el acceso a los alimentos", concluye. EFE

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