Slow Food cumple 40 años en Italia y defiende que su lucha es "más importante que nunca"

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Turín (Italia), 25 sep (EFE).- Cuatro décadas después de plantarse contra la llegada de la comida rápida a Italia, el movimiento Slow Food celebra sus 40 años en el país con una convicción clara: su batalla por una alimentación "buena, limpia y justa" no solo sigue viva, sino que se ha vuelto más urgente en un mundo marcado por la crisis climática, el hambre y las desigualdades.

"Slow Food existirá hasta que cada persona en el planeta tenga derecho al acceso a una comida buena, limpia y justa", afirma a EFE el director general de Slow Food Internacional, Paolo Di Croce, durante la celebración en Turín (norte de Italia) de Terra Madre Salone del Gusto 2026.

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La organización conmemora su aniversario en el gran encuentro bienal que convierte este fin de semana el centro de la capital piamontesa en el epicentro mundial para miles de pequeños productores, agricultores, cocineros, activistas y consumidores.

Es un hito especial y agridulce, al tratarse de la primera edición tras el fallecimiento el pasado mayo del fundador del movimiento, Carlo Petrini, a los 76 años.

Cuatro décadas de activismo no han erradicado los problemas de origen; al contrario, las crisis sociales, climáticas y políticas actuales hacen que el mensaje del movimiento sea "más importante y más político que nunca", advierte su director general.

La pandemia, sostiene, agravó las brechas de injusticia social y ambiental y puso de manifiesto la necesidad de situar el derecho a la alimentación en el centro del debate político.

"Hoy más que nunca es fundamental poner en el centro de la atención de la política el derecho al acceso a la comida, a una comida buena, limpia y justa que pueda alimentar a todas las personas en un mundo donde desafortunadamente el hambre sigue siendo un problema enorme", según Di Croce.

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En ese sentido, el responsable de la organización denuncia que la producción industrial de alimentos es "una de las principales causas del desastre ambiental del planeta", además de actuar como detonante de migraciones forzadas y conflictos.

"Desde el principio luchamos por un modelo distinto porque el riesgo de perder identidades culturales vinculadas a la gastronomía ya era enorme. Pero hoy la acumulación de crisis climáticas, políticas y la falta de liderazgo han alcanzado niveles críticos", advierte.

Lo que comenzó en 1986 como un reducto de resistencia cultural bajo el nombre de Arcigola para defender la gastronomía local frente a la comida rápida, dio en apenas tres años el salto internacional

Actualmente, Slow Food constituye una red global presente en 170 países que ha expandido sus metas hacia la preservación de la biodiversidad, la agricultura sostenible y los derechos laborales en el campo.

Según Di Croce, esta visión global fue determinante: "La mayor virtud de nuestro fundador fue entender que la única manera de ganar el desafío por una comida diferente era ser globales. No se puede pensar exclusivamente en el interés individual sin levantar la mirada y ver lo que ocurre en el resto del mundo".

Asimismo, en el actual contexto político, la organización contrapone su modelo global al auge de los nacionalismos: "Sería miope cerrarnos y pensar que, como en nuestra sede central el acceso a lo bueno, limpio y justo lo tenemos garantizado, no hay nada más que resolver en otras partes", indica.

El aniversario tiene inevitablemente un componente de homenaje a Petrini, pero Slow Food quiere evitar que su ausencia convierta la celebración en una mirada exclusivamente hacia el pasado.

"Durante 20 años me preguntaron en todo el mundo qué pasaría cuando ya no estuviera Carlo. Yo siempre respondía que su gran logro fue crear un movimiento más grande que cualquier persona, incluyéndolo a él", recuerda Di Croce.

El propio Petrini, añade, habría preferido que el aniversario sirviera para mirar hacia adelante antes que para detenerse en su figura. "Nos habría dicho: 'No perdáis el tiempo celebrándome, haced cosas'. Y eso es exactamente lo que estamos haciendo".

Cuarenta años después de aquella protesta contra la comida rápida, Slow Food encara así su quinto decenio con una misión que, según su dirección, todavía está lejos de terminar.

"No creo que lo resolvamos en los próximos 40", reconoce Di Croce. "Pero antes o después lo resolveremos".

Claudia Sacristán