
Rocío Osorno todavía tiene muy presente el enorme susto que vivió el pasado 5 de septiembre cuando dos individuos entraron a robar en su vivienda del Aljarafe sevillano mientras ella, sus dos hijos y su expareja se encontraban dentro. La diseñadora descubrió la presencia de los intrusos cuando estaba grabando contenido en la planta superior y vio moverse una cortina de una ventana que habitualmente permanece cerrada. Tras alertar al 112, los asaltantes huyeron antes de que llegase la Guardia Civil. Las cámaras de seguridad captaron parte del robo y las imágenes mostraron a los individuos recorriendo el interior de la vivienda.
Ahora, al recordar aquellos minutos, reconoce que lo que más le preocupó fueron sus hijos. "Los niños estaban despiertos y salieron conmigo", ha explicado. Toda la familia terminó fuera de la vivienda, junto a varios vecinos que también salieron alertados por los gritos. "Todos. Vamos, salimos todos gritando al patio, gritando todos mis vecinos, cuando vino la Guardia Civil, estábamos todos, todos". El pequeño Luis consiguió dormirse antes, alrededor de las tres de la madrugada, pero Jacobo permaneció despierto junto a su madre hasta las cuatro o cinco: "Tampoco se podía dormir. El pobre, sí".
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El acceso a la vivienda se produjo por una zona que, según ha relatado, los ladrones conocían bien. La casa cuenta con una entrada delantera y otra trasera que da al jardín y tiene una única planta con dos torreones. Los intrusos accedieron por una zona del tejado y forzaron una puerta que ella no pensaba que pudiera abrirse con tanta facilidad. "La levantaron con una palanca y entraron por ahí. O sea, no era fácil, pero entiendo que esta gente...", ha contado.
El momento más angustioso llegó cuando se encontraba arriba y vio que una cortina comenzaba a moverse. Al principio pensó que podía tratarse de su hijo pequeño, que había estado con ella apenas unos minutos antes, pero enseguida se dio cuenta de que algo no encajaba. "Yo me quedo inmóvil analizando la situación", ha explicado. Fue entonces cuando vio asomarse una figura que no llegó a identificar. "Yo no veo ni una cara ni nada, yo veo una cosa negra", ha relatado.
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Lejos de enfrentarse a los intrusos, tuvo claro que lo prioritario era ponerse a salvo. "Punto uno, yo no tengo nada que defender ahí, que se lleven lo que quieran", ha asegurado. Y reconoce que en aquel momento no sabía quién podía estar dentro de su casa: "Yo cuando bajo la escalera te digo una cosa, yo no sé si era un ladrón o si era un asesino en serie o a saber quién era, que yo corrí como nunca". Al llegar al salón, pidió a Coco Robatto que llamase a la Policía y, una vez confirmada la dirección con el 112, abrió una ventana y comenzó a pedir ayuda a gritos a sus vecinos.
Todo ocurrió en cuestión de minutos. Los ladridos de los perros de las viviendas cercanas terminaron de poner a los intrusos en alerta y, según cree, fue entonces cuando emprendieron la huida. "Todo esto es un minuto, vamos, no hay más", ha explicado. Cuando salió al exterior junto a su familia para avisar también al servicio de seguridad de la urbanización, ya no quedaba rastro de ellos. La investigación quedó en manos de la Guardia Civil, que acudió poco después de recibir el aviso.
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Uno de los aspectos que más le ha llamado la atención es la ausencia de huellas o marcas evidentes. "No había ni una marca, ni una huella, nada", ha asegurado, destacando además que los asaltantes aparecían perfectamente equipados en las imágenes de las cámaras. El robo se produjo en una zona del Aljarafe en la que se han registrado otros asaltos a viviendas, y las autoridades han investigado posibles conexiones entre algunos de estos episodios, aunque esas relaciones no han sido confirmadas oficialmente.
Pese al miedo que le ha quedado después de lo ocurrido, no contempla por ahora abandonar la vivienda. Su prioridad es reforzar al máximo la seguridad para recuperar poco a poco la tranquilidad. "Para que la cabeza se me relaje y yo pueda volver a estar en mi casa como he estado siempre pues lo pronto voy a intentar blindar al máximo lo que es la casa", ha explicado. De hecho, ya ha comenzado a tomar medidas: "Ahora tengo rejas hasta arriba".
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Aunque reconoce que podría replantearse su decisión si con el paso del tiempo no consigue recuperar la sensación de seguridad, vender la casa es para ella la última opción. "La última opción es vender la casa porque la verdad es que me encanta. No me gustaría irme nunca", ha confesado. Y, sobre todo, tiene claro que el problema no está únicamente en el inmueble: "En el fondo creo que me va a pasar en todas porque realmente esa sensación la llevo yo, no la lleva la casa".
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