Los rusos votan en las elecciones legislativas con un agujero negro en el presupuesto

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Moscú, 18 sep (EFE).- Los rusos comenzaron este viernes a votar en las elecciones legislativas con un alarmante déficit presupuestario debido a la campaña militar en Ucrania y a unas altas tasas de interés, criticadas tanto por el gobierno como por la patronal.

Según el Ministerio de Finanzas ruso, entre enero y agosto del presente año el déficit ascendió a 5,79 billones de rublos (68.706 millones de dólares), un 2,5 % del producto interior bruto (PIB), cuando en torno al 40 % del presupuesto se dedica a defensa y seguridad nacional.

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Esta situación se ve agravada por los ataques ucranianos contra la infraestructura crítica rusa, en particular las refinerías, algo que ha hecho mella en el mercado interior, al causar un grave déficit de gasolina y diésel a nivel nacional.

Algo que no solo se ha traducido en un incremento de los precios del combustible y largas colas en las gasolineras que ya se han vuelto una imagen cotidiana, sino que ha afectado a las exportaciones de crudo ruso.

Tanto es así que, incluso pese a los altos precios de los hidrocarburos en el mercado internacional, disparados por la guerra en Irán, los ingresos del Estado ruso en este rubro cayeron un 16,7 % o 5,02 billones de rublos (59.506 millones de dólares).

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El balance entre los ingresos (que crecieron un 9,2 % interanual) y los gastos (+14,7% interanual) se perfila negativo, y el déficit ya superó en un 50 % las estimaciones de Finanzas para 2026 -que lo calculaba en 3,8 billones de rublos (45.054 millones de dólares), un 1,6 %-, y según los expertos podría llegar al 3 % del PIB.

Un agujero negro que el Gobierno ha cubierto parcialmente gracias al incremento del IVA al 22 % desde enero pasado, lo que significó un aumento de los ingresos tributarios al presupuesto del 25 % interanual hasta el nivel de 9,8 billones de rublos (116.191 millones de dólares).

En este contexto, el Banco Central de Rusia (BCR) optó por mantener los tipos de interés del 14 % tras varios descensos consecutivos, argumentando los riesgos proinflacionarios provocados por el déficit de gasolina y las sanciones.

Esta decisión fue criticada por el Ministerio de Desarrollo Económico de Rusia, el empresariado ruso e incluso el banco estatal Sberbank, sancionado por Occidente.

El Ministerio señaló en un comunicado que la decisión del BCR "refleja el difícil equilibrio entre los riesgos inflacionarios y la necesidad de la economía de estímulos para su crecimiento", y que "la oportuna flexibilización será un factor clave para relanzar el ciclo de inversiones" en Rusia.

Por su parte, el jefe de la Unión de Empresarios e Industriales de Rusia, Alexandr Shojín, calificó esta decisión de "no positiva" y las perspectivas de "alarmantes", al señalar que este proceso "ralentiza" el avance hacia el objetivo de inflación del 4 % establecido por el BCR.

"Más de la mitad de las empresas encuestadas (...) prevén una desaceleración económica", indicó.

El director de Sberbank, Guerman Gref, fue más allá y aseveró que la economía rusa se está "congelando" debido a la reducción "significativa de los indicadores del clima empresarial durante el verano de 2026", así como de los niveles de desempleo, consumo y de la formación bruta de capital fijo, y pidió apoyo las empresas para aumentar las inversiones.

Todo esto en el contexto de las sanciones occidentales: el presidente ruso, Vladímir Putin, recordó en su reciente intervención en la cumbre de los BRICS celebrada en la India que "contra Rusia se han impuesto más de 30.000 sanciones".

"Es casi el doble que todas las impuestas contra el resto del mundo", sostuvo.

Pese a esta compleja situación, Putin aseguró a sus colegas de los BRICS que "en la economía rusa han sido puestos en marcha cambios estructurales que la han hecho más fuerte, estable y flexible".

"Como resultado, en los tres años anteriores, las tasas de crecimiento económico en Rusia superaron el promedio mundial, y de 2023 a 2025, el PIB aumentó un 10,3%", aseguró.

Con todo, esta situación ha repercutido en los bolsillos de los rusos, según el Centro ruso de Análisis Macroeconómico, ya que el coste de muchos productos y artículos de primera necesidad ha subido considerablemente.

Aunque las autoridades rusas aseguran que el poder adquisitivo de los rusos ha aumentado, estos se ven obligados a escatimar gastos, ya que, según el portal BYYD, ir a un restaurante cuesta un 12 % más, mientras que los precios de la ropa y el calzado se han disparado un 70,6 %.

Según Rosstat, la agencia de estadísticas rusa, los gastos en alimentos ascendieron al 39 % de las compras, el máximo desde la crisis de 2008, lo cual es un indicador del deterioro del bienestar de la población, mientras que los precios de la gasolina ascendieron este año un 21 %.EFE

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