Oposición en el Congreso de EEUU a la venta de 40.000 bombas de más de 900 kilos a Israel

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La venta por valor de 2.800 millones de dólares (2.440 millones de euros) de 40.000 bombas de más de 900 kilogramos cada una aprobada por la Administración de Donald Trump, algo hasta ahora recogido solo por medios estadounidenses sin un pronunciamiento oficial al respecto, ha sido confirmada por el líder demócrata en el Comité de Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Gregory Meeks, que ha anunciado este miércoles que no dará vía libre a dicha venta ante el uso que Israel pueda darles en Gaza y Líbano.

"La venta propuesta por la Administración Trump de 40.000 bombas de 2.000 libras (907 kilogramos), algunas de las municiones más destructivas de nuestro arsenal, suscita serias preocupaciones sin resolver sobre cómo podrían utilizarse estas municiones en zonas densamente pobladas de Gaza y Líbano", ha afirmado Meeks en un comunicado que encabeza aclarando que sigue "firmemente comprometido con la seguridad de Israel y su capacidad para defenderse".

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Sin embargo, el congresista demócrata ha señalado que el Gobierno federal "no ha proporcionado garantías suficientes de que estas armas vayan a ser utilizadas por el Gobierno de Netanyahu de conformidad con la legislación estadounidense y con las protecciones adecuadas para la población civil".

"Por lo tanto, no autorizaré esta venta en este momento", ha anunciado, antes de volver a incidir en que su decisión "no menoscaba el apoyo del Congreso a las necesidades legítimas de defensa de Israel".

En cambio, "refleja la responsabilidad del Congreso de garantizar que las armas financiadas por Estados Unidos se utilicen de forma legal, responsable y con salvaguardias significativas para la vida humana", ha manifestado.

Su declaración llega poco después de que varios medios estadounidenses --entre ellos los diarios 'The Washington Post' y 'The New York Times'-- informasen de la aprobación de la Administración Trump a la venta a Israel de un paquete que incluye 20.000 bombas MK-84 y otras 20.000 BLU-117.

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La onda expansiva de una bomba como estas puede ser letal a más de 300 metros de distancia y dejar un cráter de hasta 15 metros de profundidad. En concreto, las bombas MK-84 han sido directamente relacionadas con algunos de los incidentes más graves de víctimas civiles de la ofensiva militar israelí sobre la Franja de Gaza.

De hecho, este tipo de bombas --que pueden destruir un edificio entero y dejar cráteres de más de doce metros de diámetro y profundidad-- ya nunca son utilizadas por los ejércitos occidentales en zonas densamente pobladas por el alto riesgo de víctimas civiles. Sin embargo, Israel las ha empleado profusamente en la Franja de Gaza y, como consecuencia de ello, más de 100 personas murieron el 31 de octubre de 2023 en un bombardeo sobre el campo de refugiados de Yabalia, según la estimación de la ONU.

Además, la magnitud de este paquete --que incluye 20.000 ojivas penetrantes I-2000, diseñadas para destruir búnkeres y que explotan tras un tiempo de retardo una vez atraviesan una superficie exterior, como tierra, roca u hormigón-- supera las ventas anteriores de este tipo de bombas durante las administraciones de Biden y Trump, incluida la cancelada por el primero y aprobada por el ahora presidente apenas un mes después de su segunda llegada a la Casa Blanca, en 2025.

Aquel paquete, por valor de 2.040 millones de dólares (1.780 millones de euros) eludió el proceso habitual de revisión del Congreso, ignorando precisamente una instancia de Gregory Meeks, pese a que, tradicionalmente, el Gobierno suele respetar la medida y trabajar con el congresista que la presente para resolver sus demandas.