Luis Alejandro Amaya E.
Redacción Deportes, 10 sep (EFE).- El deseo de hacer notar el deporte olímpico en Sudamérica surgió en los comienzos de la década de los años setenta del siglo pasado, pero fue hasta 1976 que comenzó a hacerse realidad lo que parecía un sueño.
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El 27 de marzo de ese año, poco menos de cuatro meses antes de los juegos de la vigésimo primera olimpiada que se celebrarían en la ciudad canadiense de Montreal, fue fundada en La Paz la Organización Deportiva Suramericana (Odesur) por una iniciativa conjunta de los gobiernos de Bolivia y Argentina para promover el deporte en la región andina y el Cono Sur dela región.
Durante esa misma primera asamblea de la Odesur se decidió que la urbe paceña fuera la sede de los primeros Juegos Deportivos Cruz del Sur del 3 al 12 de noviembre de 1978, unas justas en las que participaron ocho países de la región con 480 deportistas en 16 disciplinas, y que ganó Argentina con 189 medallas (91 de oro, 53 de plata y 45 de bronce).
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Cuatro años después, la llama del sur brilló en Rosario (sede de los juegos que comenzarán dentro de dos días), donde los locales, con una cosecha de 272 metales (114 de oro, 92 de plata y 66 de bronce), volvieron a estar en la cima de evento al que asistieron 961 deportistas de diez delegaciones para competir en 19 categorías, y que se llevó a cabo entre el 26 de noviembre y el 5 de diciembre.
Para la tercera edición de los juegos organizados por la Odesur, que transcurrieron en Santiago de Chile del 29 de noviembre al 7 de diciembre de 1986, se presentó un cambio bastante importante: el nombre.
Con el fin de internacionalizar la denominación del evento y alinear la terminología con la del resto de las competencias continentales del circuito olímpico (como los Juegos Panamericanos organizados entonces por la Odepa, hoy Panam Sports), la Odesur decidió rebautizarlos como Juegos Suramericanos, como se les conoce hasta hoy.
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Pero la capital chilena no había sido en principio la escogida para organizar los juegos, ya que se había votado por las ciudades ecuatorianas de Quito y Guayaquil, pero estas desistieron, al igual que Montevideo.
Fue en marzo de ese año que el presidente del Comité Olímpico de Chile, Juan Carlos Esguep, confirmó que su país tenía la intención de hacer los juegos con una ayuda bastante importante del sector privado.
En cuanto a lo deportivo, Argentina siguió manteniendo la hegemonía en la medallería con 169 preseas (80 de oro, 44 de plata y 45 de bronce), en unos juegos en los que hicieron presencia 969 deportistas para medirse en 17 disciplinas.
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Lima 1990, Valencia (Venezuela) 1994 y Cuenca (Ecuador) 1998 también vieron a los argentinos terminar quedándose con los máximos honores suramericanos, pero la edición de 2002 en Curitiba (Brasil) vio cómo los brasileños les arrebataron este honor.
Con 333 medallas (148 de oro, 95 de plata y 90 de bronce), los locales ganaron unos juegos que congregaron a 2.069 deportistas en 24 deportes, pero que inicialmente no se iban a llevar a cabo en la capital paranaense.
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Ese honor le iba a corresponder a la ciudad argentina de Córdoba, pero la crisis desatada tras el derrumbe del sistema financiero del país austral desde diciembre de 2001 en el conocido Corralito obligó a la declinación por lo que la Odesur designó como sede a Bogotá.
Acto seguido, los comités olímpicos de Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela protestaron ante la situación de violencia que vivía Colombia por ese entonces, por lo que se decidió trasladar los juegos a Curitiba.
Los argentinos volverían a ganar los juegos en la edición de 2006 en Buenos Aires, pero desde 2010 Colombia y Brasil se han estado alternando en ese máximo sitial: los cafeteros dominaron en Medellín 2010 y Cochabamba (Bolivia) 2018, mientras que los brasileños lo hicieron en Santiago 2014 y Asunción 2022. EFE
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