Madrid, 26 ago (EFE).- Jude Bellingham ha sido el primero en entender qué quiere José Mourinho de su nuevo Real Madrid. El portugués reclama presión alta, piernas fuertes y hambre para perseguir cada salida del rival. El centrocampista inglés, ante el Espanyol el pasado fin de semana, y frente a la Real Sociedad este jueves, convirtió la orden en una forma de gobernar un partido. Y su fe decidió el choque ante la Real Sociedad, sin escatimar esfuerzos para desatascar un choque que hasta el minuto 60 estaba empatado.
Bellingham apretó con fuerza, llegó a todas las ayudas y no escatimó una sola carrera. Cuando la Real Sociedad trató de iniciar el juego desde atrás, él marcó el camino. Saltó sobre los centrales, cerró líneas de pase y arrastró a sus compañeros hacia delante. Incluso al final estimuló a Vinícius, menos generoso en los esfuerzos. La suya no fue una presión decorativa. Fue dura, constante y contagiosa. Cada arrancada suya encerró un mensaje para el resto: el Real Madrid debía defender lejos de su portería y recuperar cerca de la contraria.
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Mourinho siempre sintió predilección por los futbolistas capaces de comprender el partido más allá de su posición. Bellingham pertenece a esa especie. Tiene cuerpo de centrocampista, llegada de delantero, alma de capitán y una relación casi personal con el esfuerzo. Puede equivocarse con el balón, pero rara vez se esconde. Y cuando un encuentro se atasca, no espera a que alguien le muestre la salida. La busca.
La encontró en el segundo tanto de Kylian Mbappé. A falta de media hora para el final, con 1-1 en el marcador, Bellingham recibió cerca del área, leyó el desmarque del francés y dibujó con él una pared que quebró la resistencia de la Real Sociedad. El inglés abrió la puerta y Mbappé la derribó. Fue una acción breve, limpia y decisiva, el instante en el que el fútbol premió todo el trabajo que Bellingham ya había realizado sin balón.
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Su rendimiento tampoco apareció de la nada. Ya había ofrecido una actuación notable frente al Espanyol después de completar un gran Mundial. Se incorporó tarde a la concentración por su participación en el torneo, pero Mourinho apenas necesitó verlo para concederle la titularidad. Llegó de los últimos y entró de los primeros.
Durante el verano existió cierto debate sobre su convivencia con Arda Güler. Los dos podían ocupar espacios similares y reclamar la zona por detrás del delantero. Sin embargo, los primeros partidos han comenzado a ordenar la discusión. Güler conserva el talento para romper encuentros, aunque Bellingham parece un peldaño por encima por su capacidad para intervenir en todos. El turco, de momento, apunta a competir con Diomande por el costado derecho, mientras el inglés se adueña del corazón ofensivo del equipo.
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Bellingham no necesitó marcar para imponer su firma y se apuntó una segunda asistencia, la que sentenció el encuentro y que recibió Vinícius en una jugada de resistencia e insistencia. El inglés recibió al borde del área, armó el disparo, no encontró el hueco, perdió la pelota, la recuperó y finalmente encontró a su compañero, que se anotó su primer gol del curso.
El internacional inglés presionó, mandó, conectó líneas y desatascó el encuentro cuando el Real Madrid buscaba una grieta. Fue centrocampista cuando el equipo necesitó equilibrio, delantero cuando tocó atacar y soldado cuando Mourinho exigió sacrificio. El portugués regresó al Bernabéu trece años después.
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Bellingham, mientras tanto, pareció dispuesto a convertirse en el primer futbolista de su segunda era. Porque muchos han escuchado lo que pide Mourinho. El inglés fue quien mejor lo ha comprendido. Y se fue ovacionado. El público, también entendió su esfuerzo.
Juan José Lahuerta
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