Moscú, 14 ago (EFE).- La gasolina india y marroquí que Rusia importó debido a su déficit de combustible por los ataques ucranianos sigue varada en el puerto norteño de Múrmansk debido a que las partes no se ponen de acuerdo sobre el precio de venta tras una semana, informó este viernes la prensa local.
Las empresas quieren vender la gasolina a 150.000 rublos (unos 1.780 dólares al cambio actual) por tonelada, mientras que los reguladores rusos insisten en que el producto se venda a precio de mercado nacional ruso, comunicó una fuente al medio InfoTEK, especializado en el sector energético.
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Otra fuente de una empresa india comunicó al medio que al principio la gasolina de 92 octanos debía venderse a 130.000 rublos por tonelada (1.540 dólares), pero luego rebajaron el precio a 110.000 (1.305 dólares).
El precio en el mercado interno del AI-92 tras la sesión de la bolsa de hidrocarburos del 13 de agosto fue de 77.620 rublos (921 dólares) por tonelada.
En comparación, durante la jornada bursátil del 6 de julio, la gasolina AI-92 de producción bielorrusa se cotizó en bolsa entre 140.000 rublos y 142.000 rublos (1.661 - 1685 dólares) por tonelada, mientras que la gasolina AI-95 alcanzó los 180.000 rublos (2.136 dólares) por tonelada.
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Los primeros cargamentos de hidrocarburos de India llegaron el 5 de agosto, con una primera tanda de 42.000 toneladas de gasolina que, según la agencia Bloomberg, procedía de la empresa Nayara Energy, en la que la petrolera rusa Rosneft posee un 49,13 % de participación.
InfoTEk afirma que otro cargamento de combustible procedente de Singapur fue descargado en Kozmino, en el Extremo Oriente ruso.
Según cálculos del mismo medio, la gasolina de 92 octanos debería venderse a 146.600 rublos (1.739 dólares) por tonelada, un precio que ahora mismo no es en absoluto rentable para los importadores rusos a pesar de todos los procedimientos administrativos aprobados por las autoridades rusas para llevar a cabo dichos acuerdos comerciales.
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Coincidiendo con la llegada de estas partidas de India y Marruecos, el Gobierno ruso había autorizado la comercialización en territorio nacional de combustible Euro-2, muy por debajo de los estándares de calidad habituales de Euro-5, con la intención de "paliar la escasez en determinadas regiones".
La crisis por falta de combustible comenzó a finales de mayo tras un recrudecimiento de los ataques ucranianos contra la infraestructura petrolera rusa, primero depósitos y luego refinerías.
El déficit, que comenzó en la anexionada península ucraniana de Crimea, se extendió rápidamente por todo el país.
A pesar de que las autoridades anunciaron recientemente una estabilización de la situación y que algunos territorios levantaron restricciones al repostaje, la situación ha vuelto a empeorar en las últimas semanas con nuevas colas en gasolineras que no dan a basto al no recibir los suministros a tiempo.
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El jueves, las autoridades de la región de Oremburgo, al pie de los Urales, comunicaron que la refinería atacada en la ciudad de Orsk tardaría hasta seis meses en ser reparada debido a que el equipo necesario es importado y difícil de recibir por las sanciones internacionales impuestas a raíz del inicio de la guerra de Ucrania en 2022. FE
mos/mra