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Emanciparse a un convento frente a la crisis de la vivienda: "era más barato que alquilar"

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Pol Lloberas Cardona

París, 31 jul (EFE).- Frente al creciente precio de los alquileres, un fenómeno agravado en las urbes más turísticas, los conventos cristianos de ciudades como París, que es la más visitada de la Europa continental, se han convertido en una alternativa más accesible para la emancipación de jóvenes y, particularmente, de estudiantes internacionales.

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Tan solo en la capital francesa existen unas 50 congregaciones religiosas -tanto mixtas como segregadas por género- que ofrecen pensiones completas para estudiantes, un número que se eleva a más de 70 en su área metropolitana.

Giorgia Bevilacqua, diseñadora suiza de 24 años, es una católica que comparte vídeos e ilustraciones a través de redes sociales y que fue a parar a uno de estos conventos en París, donde esperaba sentirse más "segura" y acompañada en una ciudad aún desconocida.

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"Vine para hacer mi Erasmus hace un par de años y me quedé en un convento: sé que es algo raro, nadie lo hace, pero yo lo hice porque era más barato que alquilar un apartamento y, además, el desayuno y la cena estaban incluidos", explicó.

En una comunidad como el Convento Capuchino de Nuestra Señora de la Paz, en el decimocuarto distrito de París, las habitaciones para estudiantes cuestan entre 400 y 600 euros: una opción mucho más accesible que las residencias convencionales -cuyas colas de espera acostumbran a estar saturadas- y con un precio inferior a otros alquileres de la zona.

"Sí, es más barato, pero tienes que entenderte con esta gente para quedarte. Me sentí mucho mejor cuando tuve mi propio apartamento y era libre de hacer lo que quisiera", señaló Bevilacqua, que se hospedó en un convento de mujeres.

El encargado de la comunidad de capuchinos explicó a EFE que, puesto que una habitación libre es "muy cara de mantener" y "no reciben dinero de terceros", mantenerlas ocupadas es algo que resulta beneficioso para ambas partes.

A cambio, la congregación llama a participar en su "vida en comunidad", con un encuentro vespertino semanal en el que se alternan "formación humana y espiritual", según afirman en su portal web.

"Invitamos a participar en todos los oficios religiosos ... ¡la mayoría de jóvenes se animan!", aseguró a EFE el responsable.

Esta situación resulta ideal para jóvenes practicantes como Martí Rodríguez, catalán que pasó por París durante su formación, quien se hospedó en una residencia llevada por una comunidad religiosa.

"Como católico me sentía muy cómodo con que la residencia también lo fuera. Además, que tuviera una capilla en la que se hiciera misa me facilitaba la vida, puesto que yo voy a misa cada día", explicó.

En el caso de Giorgia, su salida del convento no se precipitó por una falta de fe; de hecho, muchas de sus compañeras "ni siquiera eran creyentes", sino que fueron sus publicaciones en redes, a caballo entre el humor y la expresión artística, las que le comportaron un toque de atención.

"Tengo una personalidad fuerte y entiendo que eso pueda no gustarle a algunos, pero siento que no hice nada malo, siempre he querido tenerlo todo limpio y no he hecho cosas extrañas (...) Creí que podría ser libre, pero a las pocas semanas no fue así y me di cuenta de que no podría ser yo misma", subrayó.

La joven suiza dijo no poder recomendar esta clase de residencia a todo el mundo y subrayó que, si bien dispuso de comodidades muy cotizadas entre los jóvenes en París, como una habitación propia con baño, esto no compensó las estrictas normas con las que se encontró.

"Lo peor era el toque de queda: tenía que estar en casa antes de las once los fines de semana y para medianoche entre semana. Si quería salir hasta tarde, tenía que quedarme fuera hasta las seis de la mañana", agregó.

La llegada de estudiantes a los conventos parisinos ha implicado una inesperada repoblación y rejuvenecimiento de sus habitaciones, que cada vez se veían más desprovistas de canónigos.

De hecho, algunos de los conventos al alcance de estudiantes se reconvirtieron enteramente en residencias o alquileres vacacionales tras haber sido abandonados años atrás, como el Convento del Buen Socorro de París, desacralizado tras la Revolución Francesa (1789-1799), o el de Los Recoletos, que actualmente opera como residencia artística y centro de exposiciones.

Al mismo tiempo, los jóvenes parecen haber encontrado una alternativa a los prohibitivos precios de la vivienda en la capital: según la plataforma inmobiliaria francesa SeLoger, el alquiler medio en París a finales de 2025 se situaba en 33 € por metro cuadrado, más del doble que el resto de regiones francesas. EFE

(foto)(vídeo)