Rodrigo Zuleta
Bayreuth (Alemania), 27 jul (EFE).- Un gran desempeño musical de la orquesta del Festival de Bayreuth, dirigida por Christian Thielemann, y la buen interpretación de los cantantes salvaron este lunes el comienzo del atrevido experimento de montar 'El anillo del Nibelungo' prescindiendo casi por completo de escenografía y dramaturgia y recurriendo a herramientas de Inteligencia Artificial (IA) para crear mundos oníricos sobre el escenario.
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Cuando se cerró el telón en Bayreuth tras el final de 'El oro del Rin', la primera parte de la tetralogía, se oyeron aplausos tímidos y también algunos abucheos bastantes resolutos.
Sin embargo, las cosas cambiaron cuando salieron las tres hijas del Rin, Kathrina Konradi, Natalia Skryka y Marie Henriette Reinhold, y la gente se desató en aplausos y júbilo.
Lo mismo pasó con los otros cantantes y cuando Michal Volle recibía aplausos por su interpretación de Wotan y agachó hacia el foso de la orquesta para darle la mano a Thielemann como si fuera consiente de que él había sido clave para salvar un experimento suicida.
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Durante cerca de dos horas y media los espectadores habían sido sometidos a una catárata de imágenes sin conexión clara, que hacían alusiones a representaciones anteriores a la obra del más diverso corte.
Cuando se construyó el teatro de Bayreuht, expresamente para representar 'El anillo del Nibelungo', el compositor Richard Wagner exigió que la orquesta fuera invisible para los espectadores para aumentar la ilusión.
Esta noche no sólo la orquesta fue invisible todo el tiempo como siempre, sino que también los cantantes parecían desparecer por momentos hundidos entre las proyecciones de la Inteligencia Artificial. Sin embargo, la música sobrevivía lo mismo que las voces.
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La idea del principal responsable de la escenificación, Markus Lobbe, que no aparece como director sino comisario, como si no se tratase de una ópera sino de una exposición de arte -y había mucho de ello-, era lograr que la IA contara, recurriendo a archivos de imágenes, la historia de las puestas en escena de la tetralogía.
Del estreno de 1876, dirigido por el propio Wagner, a las representaciones más recientes, pasando por el llamado 'Anillo del Centenario' que en 1976 dirigió en la parte escénica Patrick Chereau y en la parte musical Pierre Boulez, y que llevaron casi a la perfección la modernización de la obra que se había visto en representaciones anteriores.
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Ese paso de concepciones historicistas, con escenarios y vestuarios que remiten a una época mítica, se da en la acción de la obra, con otras imágenes en las que todo ocurre en escenarios contemporáneos o neutrales y abstractos, en un caleidoscopio de imágenes, pero todo va demasiado rápido para un espectador normal.
La historia misma, el robo del tesoro del Rin por parte de Alberico, un hecho que introduce un gran desorden en el mundo que termina llevando a diversas y sucesivas catástrofes -que culminan en la cuarta parte con la destrucción del mundo de los dioses- también se pierde por la ausencia de dramaturgia.
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La interpretación es casi desconcertante. Los cantantes interactúan poco entre ellos y la esperanza de que las imágenes virtuales llenen ese vacío sólo se cumple en momento aislados.
Pese a todo ello hay algo que queda del delirio de imágenes y es una sensación de irrealidad que puede hacer sentir que todo lo que ocurre en el escenario ocurre en realidad en el territorio de la imaginación.
A pesar de todo, el conjunto de los cantantes fue aplaudido sin reservas. Volle como Wotan, Jochen Schmechenbecher como Albrerich, Evelin Novak como Freia, igual que el resto del elenco. EFE
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