El Grupo de Trabajo de Epidemiología Ambiental de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) ha hecho público un documento de posicionamiento mediante el que ha advertido de que "las olas de calor ya son una emergencia de salud pública que exige medidas más allá de la responsabilidad individual".
"Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales del verano para convertirse en una amenaza creciente para la salud pública", ha destacado, al tiempo que ha recordado que el calor extremo "no solo provoca golpes de calor, sino que aumenta las muertes prematuras, agrava enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales y metabólicas, incrementa los ingresos hospitalarios en los días posteriores a los picos de temperatura y añade presión a unos servicios sanitarios ya tensionados durante el periodo estival".
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Tras poner de relieve que en los próximos días pueden registrarse temperaturas por encima de los 44 grados, esta sociedad científica ha incidido en que la respuesta a ello no puede descansar únicamente en recomendaciones individuales. "Las medidas de autocuidado son imprescindibles, pero no bastan", ha aseverado, para añadir que las olas de calor requieren "planificación, protección social, adaptación urbana y reducción de emisiones".
En este sentido, ha señalado que la herramienta 'MACE' (Mortalidad Atribuible en verano por Calor en España) ha estimado 1.267 muertes atribuibles al calor extremo en junio y 411 en el tiempo transcurrido de julio, sin contabilizar las muertes asociadas a calor moderado. En Europa, un análisis de la red científica 'World Weather Attribution' en 854 ciudades ha concluido que la ola de calor vivida estas semanas habría sido prácticamente imposible sin el cambio climático.
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Por ello, ha insistido en que el impacto del calor sobre el organismo se produce cuando fallan los mecanismos naturales de regulación térmica. El cuerpo intenta enfriarse mediante la sudoración y el aumento del flujo de sangre hacia la piel, pero este sistema puede verse superado cuando la temperatura es muy elevada, la exposición se prolonga, hay mucha humedad, la persona está deshidratada o presenta condiciones que dificultan la termorregulación, fenómeno conocido como estrés térmico, que puede desencadenar consecuencias graves para la salud.
PERSONAS MÁS VULNERABLES
Además, ha alertado de que no solo existe riesgo durante el día, y es que "las noches tórridas hacen que el cuerpo no tenga margen para recuperarse, empeorando la calidad del sueño, generando un estrés acumulativo". A ello se suma el hecho de que los mayores, bebés, embarazadas y personas con enfermedades crónicas se encuentran entre los colectivos más vulnerables.
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"También pueden verse especialmente afectadas las personas con trastornos mentales, por sus mayores dificultades para adaptarse a las altas temperaturas", vulnerabilidad a la que se añade "la desigualdad socioambiental", ha continuado la SEE, tras lo que ha explicado que "quienes trabajan al aire libre, viven en viviendas mal aisladas, no disponen de aire acondicionado o residen en barrios con poca vegetación sufren de forma más intensa los efectos del calor".
Con todo, y una vez puesta de relieve la importancia de beber agua de forma continuada, evitar bebidas alcohólicas y azucaradas, priorizar comidas ligeras con alto contenido en agua, mantener persianas bajadas durante las horas de radiación directa, ventilar de noche y de madrugada y evitar la actividad física en las horas de más calor, ha pedido "políticas públicas ambiciosas".
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"La prevención real pasa por actuar sobre las condiciones que aumentan la exposición al calor", ha insistido, para proponer "reforzar los sistemas de alerta temprana, habilitar refugios climáticos en espacios públicos climatizados como bibliotecas o centros cívicos, adaptar los horarios laborales y prohibir determinadas tareas al aire libre durante las horas de mayor riesgo térmico en periodos de alerta".
Por último, ha manifestado que "la adaptación urbana es otro de los ejes clave". "Las ciudades densamente urbanizadas son especialmente vulnerables al llamado efecto 'isla de calor'", ha asegurado, al tiempo que ha concretado que "el asfalto, el cemento y los edificios absorben radiación solar durante el día y liberan lentamente ese calor por la noche, elevando la temperatura urbana respecto a zonas rurales cercanas".
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