Las calles de Saná entran en un clima belicista tras escalada entre el Gobierno y hutíes

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Jaled Abdalá

Saná, 14 jul (EFE).- El Yemen se asoma de nuevo a la guerra abierta tras más de cuatro años de silencio en sus frentes después de que el Gobierno internacionalmente reconocido bombardease ayer, lunes, el Aeropuerto Internacional de Saná para impedir el aterrizaje de un avión iraní con una delegación hutí, una escalada que ha dinamitado la frágil tregua de 2022.

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En las calles de Saná, bajo control de los rebeldes hutíes, la tensión es palpable y la retórica militar ha calado entre la población tras el bloqueo del avión iraní.

"Damos las gracias a Irán porque ha roto el bloqueo y ha demostrado que el Eje de la Resistencia y nuestro frente son uno", declaró a EFE Muadh al Maswari, un residente de la capital que celebra el desafío aéreo y la estrecha alianza con Teherán en plena escalada regional.

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El descontento y el fervor popular en la capital van más allá del control aéreo, y muchos simpatizantes del movimiento insurgente exigen pasar directamente a la ofensiva militar.

Hamza Jassar, otro ciudadano de Saná, reclama abiertamente la vuelta a las armas: "Esperamos que la batalla contra el enemigo saudí comience ahora y no nos detendremos hasta llegar a Riad".

Arabia Saudí lideró la coalición militar que intervino en 2015 contra los hutíes en el Yemen, una campaña que provocó decenas de miles de muertos y devastó el país.

"Si Dios quiere, la respuesta contra los saudíes será extremadamente dura", añadió Jassar reflejando el clima belicista que inunda la capital yemení.

Frente a esta movilización popular, el Gobierno reconocido ha endurecido su postura fijando una nueva línea roja a través de su presidente, Rashad al Alimi, quien ha dejado poco margen para el compromiso al asegurar ante el Consejo de Defensa Nacional que "a partir de hoy, ningún avión iraní volverá jamás" a territorio yemení.

Esta postura choca frontalmente con la de los hutíes, quienes insisten en que los vuelos directos entre Teherán y Saná son un derecho soberano de su administración y parte del fin del bloqueo sobre el norte del país, mientras que el Ejecutivo sostiene que los rebeldes buscan utilizar el aeródromo como un centro de contrabando de armas.

Para el periodista yemení Adnan al Jabarni, especializado en el movimiento hutí, este fervor en las calles y el choque aéreo es en realidad el reflejo de un enfrentamiento estratégico mucho más amplio.

Según Al Jabarni, el Gobierno internacionalmente reconocido no se opone a la reanudación de los vuelos bajo los acuerdos previamente establecidos a través de la aerolínea nacional Yemenia Airways, pero los rebeldes insisten en imponer la ruta directa con aerolíneas iraníes.

"El objetivo del grupo no es reabrir el aeropuerto ni facilitar los desplazamientos de los ciudadanos", sostiene el periodista, quien advierte que los hutíes buscan "imponer nuevas ecuaciones en la región" y que, incluso si se autorizase la conexión con Teherán, su líder, Abdelmalek al Huti, acabaría encontrando "otro pretexto para continuar con la escalada y la guerra".

Ante este escenario, el embajador yemení en el Reino Unido, Yassin Saeed Noman, ha calificado la maniobra de Teherán como "un acto irresponsable que refleja la mentalidad de grupos terroristas temerarios y extremistas", argumentando que los hutíes recurren a la provocación porque "están viviendo sus peores días".

Según el diplomático, el periodo de calma relativa "puso de manifiesto el declive de sus capacidades y su corrupción", empujando al movimiento a buscar "cualquier excusa para reavivar la guerra" y eludir sus obligaciones políticas.

Esta crisis amenaza con enterrar los avances logrados desde la tregua negociada por la ONU en 2022 que, aunque expiró formalmente en octubre de ese año, había logrado mantener los frentes congelados y abrir una vía de negociación directa entre Arabia Saudí y los hutíes a través de Omán.

Sin embargo, aquel borrador de paz parece hoy papel mojado ante una crisis que, para muchos analistas y responsables gubernamentales, demuestra que los rebeldes han decidido abandonar la vía diplomática.

A pesar de que sigue sin estar claro si el Yemen regresará a una guerra total, la disputa por un avión ha puesto de manifiesto la fragilidad de un país exhausto tras casi doce años de conflicto.

Con la diplomacia estancada y la retórica militar en aumento, ambas partes plantean el pulso como una cuestión de soberanía nacional irreconciliable, adentrando al Yemen en su fase más peligrosa desde que cesaron los combates sobre el terreno. EFE