Muere el emir emérito de Qatar, Hamad bin Jalifa al Thani, a los 74 años de edad

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El emir emérito de Qatar, Hamad bin Jalifa al Thani, transformador del país en una potencia energética, ha fallecido este domingo a los 74 años de edad, según ha anunciado el Amiri Diwan, el órgano soberano del país, en un comunicado que declara el comienzo de cuatro días de luto en memoria de una figura instrumental en la historia reciente del país.

"Con corazones que creen en el decreto y el destino de Alá, el Amiri Diwan lamenta el fallecimiento del gran líder de la nación, que Alá tenga misericordia de él, Su Alteza el Emir Paterno, el jeque Hamad bin Jalifa Al Thani, quien ha fallecido esta mañana, el 27 de Muharram de 1448, correspondiente al 12 de julio de 2026, a la edad de 74 años", ha anunciado en una publicación en redes sociales.

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Al jeque se le atribuye por encima de todo la revolución energética que lideró durante sus 18 años en el poder tras derrocar a su padre en un golpe de Estado incruento en 1995 hasta que cedió en 2013 el mando a su hijo, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani. Durante ese tiempo, el país pasó de exportar su primer cargamento de gas natural licuado en 1996 a convertirse en el mayor exportador mundial del producto.

Nacido en 1952, el jeque Hamad estudió en la Real Academia Militar de Sandhurst en Reino Unido y se unió a las Fuerzas Armadas de Qatar en 1971. Tras ser nombrado heredero al trono en 1977, Hamad fue acumulando gradualmente responsabilidades en los asuntos cotidianos del país, incluyendo la producción de petróleo y gas natural.

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En 1995, el jeque Jalifa intentó recuperar parte del poder de su hijo, y Hamad aprovechó la oportunidad para tomar el poder mientras su padre se encontraba en Suiza, ordenando a tanques y personal militar que rodearan el Amiri Diwan, según Allen Fromherz en 'Qatar: Una historia moderna'. Los contragolpes impulsados por Jalifa acabaron fracasando.

Hamad, quien asumió el poder a los 44 años, fue visto desde el principio como una influencia modernizadora, tanto en la región del Golfo como dentro de Qatar, según el perfil de la agencia Bloomberg. El joven emir intentó introducir algunas reformas democráticas limitadas: organizó las primeras elecciones municipales de Qatar en 1999 y aprobó una constitución que fue ratificada en 2004. Sin embargo, las promesas de Hamad y su sucesor de celebrar elecciones legislativas más amplias aún no se han materializado.

Durante el mandato de Hamad, la economía de Qatar creció más de veinte veces, alcanzando los 199.000 millones de dólares en 2013, según datos del Banco Mundial. Con la llegada de los ingresos procedentes de las exportaciones de gas, Hamad comenzó a destinar parte de los beneficios a la inversión y creó la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA) en 2005.

Bajo la supervisión de su asesor cercano, el jeque Hamad Bin Jassim Bin Jaber Al Thani, más conocido como HBJ, la QIA invirtió tanto en Qatar como en el extranjero, especialmente en sectores ajenos a la industria de los hidrocarburos.

El fondo aprovechó la inestabilidad del mercado derivada de la crisis financiera mundial para adquirir participaciones en algunas de las mayores empresas del mundo, como el banco británico Barclays Plc y Volkswagen AG. En 2010, el fondo compró los emblemáticos grandes almacenes Harrods en Londres.

Dentro de las fronteras de Qatar, los proyectos de construcción aprobados por Hamad han contribuido a transformar su capital, Doha, de una pequeña ciudad a un deslumbrante centro cosmopolita, aunque más pequeño que la cercana Dubái.

Hamad y su esposa, Moza bint Naser al Misnad, invitaron a universidades estadounidenses como Georgetown, Texas A&M y Carnegie Mellon a establecer campus en el emirato. En 2010, Qatar se convirtió en el primer país de la región en obtener el derecho a organizar la Copa Mundial de Fútbol de 2022.

La decisión de Hamad de otorgar un préstamo de 500 millones de dólares para apoyar a Al Yazira en 1996 fue quizás una de las más trascendentales. La cadena de noticias, con sede en Doha, comenzó a generar controversia regional e internacional casi desde sus inicios, al ser uno de los primeros programas en lengua árabe en criticar la política interna de los países vecinos, aunque informa escasamente sobre asuntos locales.

CONFLICTOS GEOPOLÍTICOS

Las maniobras geopolíticas del gobernante también lo han enfrentado ocasionalmente con sus propios aliados. Invitó a Estados Unidos a establecer la mayor base aérea estadounidense en la región, al tiempo que mantenía relaciones cordiales con Irán. Permitió a Israel, hasta la guerra de Gaza de 2009, operar una oficina comercial, manteniendo simultáneamente estrechos lazos con el movimiento palestino Hamás.

Cuando estallaron los levantamientos en todo el mundo árabe en 2011, Hamad apoyó los movimientos de protesta. Qatar apoyó los levantamientos en Siria y envió aviones de combate para luchar contra las fuerzas de Muamar Gadafi en Libia y prestó 8.000 millones de dólares para apoyar al primer gobierno islamista de Egipto, encabezado por Mohamed Mursi, tras el derrocamiento del presidente Hosni Mubarak en 2011.

La creciente influencia del país no siempre fue bien recibida y contribuyó a ahondar las divisiones internas. Manifestantes en Libia y Egipto quemaron banderas qataríes, indignados por el apoyo del jeque Hamad a los movimientos islamistas en sus países. El Ejército egipcio derrocó a Mursi pocos días después de la abdicación de Hamad, y los esfuerzos de Qatar por apoyar a los grupos rebeldes en Siria fracasaron a medida que el Estado Islámico y el Ejército sirio de Bashar al Asad se afianzaban.

El apoyo de Hamad a estos movimientos sentó las bases para las disputas diplomáticas con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto, que han marcado el reinado de su hijo Tamim. Si bien una disputa de 2014 se resolvió tras ocho meses, los cuatro países suspendieron las relaciones comerciales y diplomáticas con Qatar en 2017 durante más de tres años.