Redacción deportes, 21 jun (EFE).- La decisiva vuelta a la titularidad de Lamine Yamal y los goles de Mikel Oyarzabal, ambos cambiados al descanso, fueron un regalo para Luis de la Fuente, el seleccionador español, que celebró su 65 cumpleaños en el estadio de Atlanta, junto a su estrella más reluciente, su goleador más productivo y una victoria indispensable y reafirmante por 4-0, plena de pegada.
Entre el ruido del 0-0 contra Cabo Verde, entre la crítica latente, con la convicción de una idea inalterable y con un rival frágil, sumamente inferior, España ganó y contestó con la voracidad que se presupone a un favorito, cuya condición sigue vida, a la espera de todos los desafíos mayores que la aguardan. Arabia Saudí pareció un trámite. Pero no lo era.
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Cualquier otro marcador que no fuera la victoria habría disparado las dudas hasta una dimensión inabarcable. Si había alguna, ya nos las hay. Es el poder que demostró España en una secuencia de goles, presión, intensidad y potencia que incluyó tres tantos en apenas 24 minutos, imparable para su rival, desde el primer instante del encuentro.
Ya lo había anunciado De la Fuente. El camino era el mismo de siempre. El mismo que había dirigido a España hasta el Mundial 2026. La presión fue un primer punto de acción, devorada Arabia Saudí por el acecho de España en campo contrario, por la forma con la que se impuso en las segundas jugadas, por el otro fútbol, tan necesario, menos visible, que también manejó la selección española con la soltura que se debe. Es fundamental.
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Desde ahí, más el talento individual de sus futbolistas, desplegados con mucha más velocidad en la transición de lo que demostró y padeció contra Cabo Verde, España no le dio margen al conjunto saudí, capaz de adelantarse y resistir ante Uruguay, sobrepasada desde los primeros minutos por la ambición y las ganas de España y sus propios defectos.
La mejor respuesta es la más rápida y concluyente. En el minuto 10, Luis de la Fuente sintió el alivio del primer gol. Todo partió de un saque largo del guardameta rival. La puso en campo contrario Mohamed Alowais y la repelió Pedri por alto para activar el contragolpe, conducido por Álex Baena, una de las cuatro novedades de la alineación junto a Pedro Porro, Dani Olmo y Lamine Yamal, por Marcos Llorente, Fabián Ruiz, Pablo Páez, ‘Gavi’, y Ferran Torres. Todavía no hubo recorrido de inicio para Nico Williams.
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Baena, el pasado lunes sin minutos cuando todos los datos aventuraban su titularidad, conectó con Mikel Oyarzabal, cuyo centro con la izquierda de un lado a otro rebasó a la defensa contraria para la llegada por la derecha, culminante, de Lamine Yamal, que entró en la titularidad con desborde, atrevimiento y un gol. Su impulso fue clave en el partido.
También Oyarzabal, el más goleador de la era De la Fuente, ya por los 21 aciertos desde que lo dirige el técnico con el equipo nacional. Asistente en el 1-0, anotó los dos siguientes goles: el 2-0, en el minuto 21, porque fue el más listo de todos dentro del área para ganar los rechaces; el 3-0, en el 24, cuando remachó un toque de cabeza de Olmo.
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Al descanso, la superioridad era nítida: 17 remates de España, cinco entre los tres palos, con tres goles, por uno solo de Arabia Saudí, sin destino al marco de Unai Simón, un espectador más. La posesión era 73 por ciento a 28 por ciento. Todo iba por el lugar previsto para el plan del seleccionador español. En ataque y en defensa. En todo.
Lamine Yamal jugó los 50 minutos del primer tiempo. Al intermedio se quedó en el banquillo. “Era lo previsto fuese como fuese el partido”, expresaron desde el cuerpo técnico de la selección española, a través del gijonés Juanjo González, el segundo entrenador de Luis de la Fuente. También se quedó en el vestuario Mikel Oyarzabal. El trabajo estaba hecho. Y el encuentro, además, iba tan bien, que arriesgar era tan innecesario como apresurarse en las dudas después del 0-0 frente a Cabo Verde. España ha vuelto. El 4-0 es una prueba de ello.
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Iñaki Dufour
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